Sebastián Rodríguez

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Viernes 16 Noviembre, 2012

Conviene detenerse en algunos de los antecedentes de Lady Gaga para conocer el mensaje de fondo transmitido a través de su carrera profesional


¿Quiénes somos?

Responsables o partícipes

El 3 de noviembre recién pasado Lady Gaga se presentó en el Estadio Nacional para su concierto “Born this way” (Nací así). La artista logró llevar al estadio más de 30 mil seguidores.
Conviene detenerse brevemente en algunos de los antecedentes de Lady Gaga para conocer el mensaje de fondo transmitido a través de su carrera profesional.
Nació en Nueva York y su nombre es Stefani Germanotta y narra que en su juventud fue víctima constante de los bullies (matones) por ser considerada diferente.
Los matones son aquellos que buscan hacer a otros sentirse inferiores por ser distintos a los demás. En el concierto, Lady Gaga dedicó sus canciones a todas las personas que en algún momento se hubiesen sentido menos a raíz de comentarios despectivos.
Este es un tema surgido de su experiencia personal y que toma muy en serio. Inclusive organizó una fundación para combatir el matonismo y fortalecer la individualidad de los jóvenes.
El problema de matonismo es muy serio en nuestra sociedad. La mayoría de las personas lo han sufrido en alguna instancia en sus vidas. Lastimosamente, algunas personas llegan a sufrirlo de forma constante por medio de burlas de sus compañeros o colegas, ya sea por creencias religiosas, la orientación sexual, la apariencia física, como se visten o incluso por lo que comen.
En esta era de alta conectividad y redes sociales se ha creado un nuevo medio para atormentar a las víctimas. A través de estas redes muchos jóvenes se vuelven víctimas del acoso cibernético. Por medio de Facebook o Twitter los agresores pueden esconder su verdadera identidad y llegar a comprometer seriamente el estado emocional de sus víctimas.
Recientemente, en varios países se han presentado casos extremos de acoso cibernético que han resultado en trágicos suicidios. Entre los fallecidos están Amanda Todd, Ciara Pugsley, Erin Gallaghar, Tom Mullaney y Tyler Clementi. Eran jóvenes atormentados por sus compañeros y ninguno superaba los 18 años de edad. Se burlaban de ellos por ser distintos y se sintieron abrumados por el acoso y no lograron o supieron cómo conseguir apoyo o ayuda de ninguna persona.
En nuestro país, hasta donde sabemos, aún no hemos llegado al extremo del suicidio de algún joven por estas razones. Esto no significa que casos de acoso cibernético no existan y no se debe esperar a que suceda una tragedia de esta magnitud para actuar.
Es necesario que los padres, hermanos, amigos, incluso todos los miles que diariamente nos conectamos a las redes sociales hagamos nuestra parte.
Debemos trabajar en la prevención, ya sea mediante algo tan simple como conversar con jóvenes y exponerles el tema en escuelas, colegios y las mismas redes, o intervenir cuando se es testigo de alguna instancia de acoso cibernético.
Todos nacimos distintos y esta diversidad como pueblo es lo que permite enriquecer nuestra cultura, es responsabilidad de todos protegerla, ser pasivos es ser partícipes.

Sebastián Rodríguez