Arnoldo Mora

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Viernes 13 Febrero, 2009

Respondiendo a las crisis (parte II)

Arnoldo Mora

Mirando la catástrofe nacional provocada por el terremoto y que en estos momentos de nuestra historia oscurece el horizonte patrio, todos los que han hablado del asunto coinciden en que el país no está preparado para darle una respuesta adecuada a largo plazo, a pesar de que es archisabido que vivimos en una región donde la sismicidad es muy alta. El apoyo irrestricto a la investigación científica, centrada principalmente en las universidades públicas y la mejora de la capacidad organizativa de parte de los entes públicos, deben hacerse sin mezquindad ni miopía, asumiendo los planes de largo alcance como políticas de Estado y no simplemente concibiéndolas como maniobras politiqueras.
En cuanto a la crisis económica mundial, el presidente Arias ha presentado con bombos y platillos un plan o “escudo” para paliarla, al menos en sus consecuencias más graves como sería el crecimiento exponencial del desempleo. Oscar hizo bien en lanzar ese plan, si bien debió haberlo propuesto desde mucho antes, pues toda persona medianamente informada sabía que esta catásfrofe se cernía sobre el sistema económico mundial de manera inexorable. El plan del mandatario es bueno como propuesta que busca paliar los peores efectos sociales, lo cual repercute directamente en su gestión e imagen como político. Las repercusiones en ese campo podrían incidir significativamente en la opinión pública en este año electoral, cosa que eventualmente podría reflejarse en las próximas elecciones presidenciales a efectuarse dentro de un año.
Lo único objetable es pedirles a los trabajadores que laboren menos tiempo con el fin de controlar la amenaza del creciente desempleo. La verdadera solución no está en ese tipo de medidas, que solo lograrían disminuir significativamente lo ingresos de lo sectores populares y acrecentar el justificado descontento popular. La solución está en crear más empleo aumentando la inversión pública en infraestructura vial, que tanto necesita la hasta no hace mucho floreciente industria turística. Tal medida no tiene nada de original, pues en el pasado se recurrió a ella en casos similares y ahora mismo ha sido propuesta por diversos gobiernos. En cuanto a mí, considero como un principio sagrado el que ninguna conquista de los trabajares pueda ser tocada. Incluso respetar esa norma sería conveniente para la gestión de un gobierno que entra en su último año, porque su violación afectaría a los efectos positivos de otras medidas que tome. Los impuestos al capital especulativo, responsable directo de esta infernal crisis y nunca a las clases medias y populares, deben ser la otra respuesta.
La gran sacrificada en el plan Arias es la agricultura. Por el contrario, es indispensable incrementar el mercado interno. Para ello se debe hacer funcionar el prometido banco de desarrollo. La producción de alimentos y de otros bienes de consumo interno, debe ser prioritaria y, con ello, darle trabajo y comida a la población nacional. El Estado debe asumir un papel rector como garante del bien común. Por su parte, el pueblo debe organizarse por su cuenta y hacer de esta inminente campaña electoral una especie de plebiscito en torno a las políticas económicas y darse democráticamente aquellos gobernantes que estén dispuestos a satisfacer sus legítimas demandas.