Arnoldo Mora

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Viernes 6 Febrero, 2009

Respondiendo a las crisis (Parte I)

Arnoldo Mora

Oscar Arias habló no hace mucho de que “estamos en un periodo de vacas flacas”. Lo que no dijo es que la anemia que sufren esos semovientes no es mas que la consecuencia de dos catástrofes, una natural y de ámbito nacional, y la otra causada por los humanos y que proviene, en sus orígenes, del sistema financiero mundial y que hoy tiene alcances planetarios. Ambas configuran el destino inexorable al que las actuales generaciones se ven abocadas y por las que serán juzgadas por las futuras en función de cómo se están en el presente asumiendo las mismas.
La primera de estas catástrofes es el terremoto que la madre naturaleza nos envió como regalo a inicios de este nuevo año y cuyo epicentro se dio en las cercanías del volcán Poás. La otra catástrofe es la crisis económica mundial que, como nueva versión de las pestes medievales, se extiende de manera implacable e incontrolable, por el mundo entero, aunque su epicentro está en el peor antro financiero que conoce la historia: Wall Street.
Pero lo que a los costarricenses nos interesa en estos momentos es saber cómo estamos asumiendo esas dos calamidades, con el fin de evaluar a tiempo si la respuesta que se les está dando es la adecuada, o si, por el contrario, conviene hacer una crítica a fin de corregir los errores a tiempo. Para hacer una evaluación de un plan, cualquiera que este sea, conviene tener siempre presente una norma de sentido común, según la cual una crisis se puede abordar mirándola en dos planos: el uno de corto plazo, cuyo propósito es dar soluciones inmediatas a los problemas más acuciantes que se presentan, a fin de detener el mal y eventualmente aniquilarlo o, al menos, lograr que sus consecuencias sean las menos en número e intensidad.
En cuanto al otro aspecto que se debe contemplar a la hora de asumir una crisis, es proponer soluciones a más largo plazo, para lo cual se requiere partir de un diagnóstico que ponga en evidencia sus causas provenientes del pasado y luego proponer soluciones y fijar plazos para lograrlo en un futuro previsible. En este segundo nivel, hablamos de prevenir más que de curar. Cabe ahora preguntarnos honesta y lúcidamente ¿qué hemos hecho en uno y otro sentido?
En cuanto al terremoto, se ha corrido, como quizás nunca en nuestra historia, a auxiliar a las víctimas. Todo el país, en noble gesta que honra al pueblo costarricense, lo ha hecho rápida y solidariamente, incluso en algunos casos, hasta llegar al heroísmo. Sin embargo, se deben tomar muy en serio las voces de denuncia provenientes de algunos damnificados que hablan de manipulación politiquera en la distribución de las ayudas. No olvidemos que, hoy más que nunca, se corre el riesgo de que en eventualidades como la que comentamos, se den abusos de esa naturaleza en un año electoral como el actual. Toda denuncia en ese sentido debe hacerse y acogerse con valentía y prontitud, pues nadie tiene derecho, cualquiera sea la excusa, a manipular el dolor ajeno.