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COLUMNISTAS


Requiem para don Mario Pacheco Flores

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 26 febrero, 2021


Sinceramente

Esta semana que pasó se incorporó a su sitial en la eternidad don Mario Pacheco Flores. Luego de una vida plena, de haber sido un exitoso profesional en derecho, de haber transformado las antiguas fincas de café de la familia, de haber desarrollado un matrimonio maravilloso y criado hijos y nietos concluyó prematuramente sus días. Sus hermanos Ricardo Ernesto, Enrique y Rodolfo – el menor de todos- se habían adelantado.

Su vida y la mía estuvieron entrelazadas desde nuestro nacimiento. Nuestras madres eran primas hermanas y su abuela doña María Cristina Lara Fernández, hermana de mi abuela, fue una amorosa segunda abuela para todos nosotros. Su madre doña María Cristina Flores Lara fue persona generosa y solidaria con todos en familia y su padre don Ricardo Pacheco Montealegre una persona trabajadora, sobria, de una gran humildad personal y un ejemplo de padre de familia. Don Ricardo era pariente de todos nosotros ya que era nieto de don Ricardo Pacheco Marchena quien siendo ministro de educación había ayudado especialmente a mi bisabuela doña Josefina Pacheco, su prima hermana huérfana, a salir adelante en la vida.

Don Mario, obra de las coyunturas de la vida de la Costa Rica de ayer, había tenido a sus abuelos Pacheco como figuras políticas de primera magnitud siendo don Ricardo Pacheco Lara ministro de obras públicas y una persona brillante en su desempeño. Su bisabuelo don Ricardo Pacheco Marchena también había sido una gran figura política llegando a desempeñar el ministerio de educación. Salvador Lara Zamora, abuelo de su abuela doña María Cristina Lara había ejercido la presidencia de Costa Rica. El otro abuelo de doña María Cristina don León Fernández Bonilla había sido diplomático y una personalidad brillante en la acción cívica del siglo XIX. Eran familias de empresarios y también de políticos. Su bisabuelo por el lado paterno, don Juanito Montealegre, había sido un gran productor de café, beneficiador y exportador. Su abuelo materno don Juan Rafael Flores junto a su madre había levantado una gran industria del cigarrillo. Don Mario nació y creció en medio de este conjunto de personas ejemplares e influyentes en una Costa Rica de libertades plenas y seguridad personal inimaginable.

Primos como éramos, jugamos juntos desde nuestra tierna infancia. Junto con nuestros otros primos Luis y Jorge Casafont, y Roy y Bernal Pacheco éramos los obligados asistentes a las fiestas infantiles del entonces. Una vez en alguna celebración de mi cumpleaños al quebrar “la tinaja” un trozo de barro le cayó encima y le hirió la frente. Esa fue la época de veranear juntos en Hacienda Herrán donde nos bañábamos en su profunda pila de natación, explorábamos los jardines ingleses sembrados por don Juanito Montealegre, remábamos en el laguito de irrigación de los cafetales, montábamos a caballo y jugábamos en los patios y pilas del beneficio de café. Caminábamos solos por el campo a pesar de la leyenda del “hombre del carretillo”, un presunto fantasma que asustaba a todos los que allí paseaban. Alguna vez en el jardín secreto de don Juanito Montealegre, un jardín rodeado de tapia y puerta de rejas, escuchamos a nuestras espaldas el chirrido de la rueda de un carretillo. No le dimos importancia, se fue acercando el chirrido y ambos volvimos a ver para atrás, esperando ver al jardinero y no había nada ni nadie. Corrimos asustados. Eran tiempos felices. Eran tiempos de libertad e ingenuidad. Eran los tiempos de una infancia muy plena.

Fuimos compañeros de secundaria y asistimos al Saint Francis College. Era un colegio exigente y allí aprendimos disciplina y elementos académicos. Fue la época de vacacionar en Puntarenas, en el Hotel Arenas, un antiguo y muy sobrio hotel de madera frente al mar. Fue la época de vacacionar en finca La Guaria para Semana Santa. Allí en alguna temporada mientras montábamos a caballo entre los laguitos de irrigación en compañía de Álvaro Umaña Quesada y Carlos Manuel Jiménez Madrigal un murciélago me golpeó la cara. Los hermanos mayores de Mario en particular Ricardo Ernesto nos jugaba bromas muy pesadas. Alguna noche nos llenó las camas de chicharras y cuando abrimos las camas para acostarnos volaron docenas de estos insectos por nuestra habitación.

Luego llegó nuestra vida de trabajo personal y emprendimos caminos diferentes como sucede en la vida. En la casa de doña Marianella Collado Jiménez y Enrique Egloff Gerli nos encontramos las parejas de los amigos más cercanos la última vez. Recordábamos entonces las cocinas de leña donde nos hacían el arroz con pollo de sabor muy característico, de nuestras fiestas. Recordábamos las veladas en casa de Cecilia Pacheco Montealegre su tía a quien todos llamábamos Techi. Recuerdos queridos y atesorados siempre.

Me conduelo de manera profunda. Cada vez que una persona que ha sido parte tan cercana en nuestras vidas se va, una parte sustancial de nuestra vida también lo hace. Mario era Senescal hereditario de la Orden Haus von Chamier. Su padre descendía de doña Matilde von Chamier de Rohrmoser y por su madre de don Franz Ludwig von Chamier, hermano mayor de doña Matilde. Su hijo primogénito de acuerdo con la tradición ocupará su puesto. Espero estar para verlo.

Para Iris y sus muchachos, así como para sus nietos mis expresiones de cariño.

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