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COLUMNISTAS


Reflexiones: Emprendimiento y empleo, urge reactivar economía

Leiner Vargas [email protected] | Martes 25 febrero, 2020


Uno de los elementos centrales de la sociedad y la economía de este siglo XXI es la disrupción tecnológica en muchas industrias y actividades económicas. Se trata de una dinámica impulsada por un conjunto de nuevas tecnologías que están o estarán disponibles en esta década, que hacen que la productividad de la economía se incremente de forma aún más acelerada y que se presenten, desenganches sustanciales entre los modelos actuales de producción y consumo, con los estilos futuros. La robótica, la ciencia de datos y la biotecnología, junto con los desarrollos de la internet de quinta generación provocarán efectivamente un desacople creciente entre los mercados de bienes y servicios y los mercados de trabajo.

Una de las tendencias disruptivas que existen, es la economía colaborativa, que suma efectos importantes en al menos cuatro grandes industrias globales: el transporte, el turismo y el hotelería, la banca y los seguros. Otro elemento disruptivo, que vemos nacer, es el rompimiento abrupto de las relaciones laborales convencionales, marcadas por un contrato laboral estable, elemento que se asocia con una creciente descentralización de las lógicas de producción convencionales. Finalmente, pero no menos importante, es la tendencia al desarrollo de “prosumers” o al español, “coprores”, es decir, consumidores que se convierten en productores, al mismo tiempo, sobre todo en energía, en diseño y en las industrias que se sustentan en la internet, como canal o infraestructura básica.

Existen fenómenos nacientes en industrias de amplio valor agregado como la educación y la salud. Las nuevas aplicaciones tecnológicas, las ciencias de datos y los usos inteligentes de la robótica, la nanotecnología y la informática, ponen fuerte presión sobre las bases de la organización social de dichas industrias, convencionalmente estructuradas en formal centralizada y con una amplia participación del trabajo, tanto calificado como no calificado. La disrupción en estas industrias será profunda y tendrá efectos muy fuertes, sobre los componentes y la forma de organización laboral y social, alrededor de las mismas.

Adicionalmente, la agricultura enfrentará un reto sustancial con las nuevas aplicaciones de la ciencia y los nuevos modelos de negocio, que integran cada vez más al productor con el consumidor, dejando al lado al intermediario. Esta economía disruptiva genera grandes oportunidades para nuevas formas de producción, de comercio y el desarrollo de muchos nuevos servicios y modelos de negocio, que están por venir. Además, las grandes corporaciones tienen ahora una gran desventaja y es que su margen de acción ante estos cambios es lento y por lo general, no operan con la dinámica y adaptabilidad que requieren los tiempos. Es entonces el gran momento para las pymes y los emprendimientos nuevos.

Todo este nuevo mundo, del quehacer de la producción y del consumo, tiene efectos devastadores sobre la forma convencional en que se han organizado los mercados de trabajo, las relaciones clásicas de patrono y obrero y los componentes de la seguridad social convencional. Cada vez menos, el trabajo asalariado convencional será la norma y una nueva modalidad de relación social, propiciará mecanismos de adquisición de servicios especializados, en cada una de las cadenas de producción del planeta. Para lo anterior, la anticipación a tiempo de estas tendencias disruptivas es vital. Anticiparse para preparar las bases de un nuevo acuerdo social, que nos permita como sociedad convivir en esta nueva fase de la producción capitalista. Si bien, la sociedad tendrá grandes beneficios por el aumento en la productividad y la eficiencia, la desintegración de los modelos de negocio y de producción actuales, generará grandes conflictos y desequilibrios sociales. El creciente desempleo y la mayor desigualdad son resultados inseparables de la nueva fase capitalista que estamos iniciando.

En este nuevo modelo de relaciones sociales en la producción, el trabajo y el consumo, existen dos elementos que podrían ayudarnos como sociedad, el primero, educar para el emprendimiento, como un elemento central de la formación de todos nuestros futuros costarricenses. Lo anterior, no significa que cada uno de los futuros costarricenses serán empresarios, sino que al menos estarán preparados para entender la dinámica de la nueva sociedad dónde les corresponderá vivir. La segunda, la necesidad de ampliar la base social productiva del país, de las industrias asociadas a la calidad de vida de la población. Este componente, tradicionalmente enfocado en el tiempo libre, la distracción o simplemente, el cuido, que hoy pareciera ser una economía sumergida y no contabilizada por la economía convencional, será ampliamente importante para emplear una masa enorme de trabajadores que quedarán sin empleo, en el nuevo modelo social y económico que estamos enfrentando en el siglo XXI.

Estos últimos temas se ligan la necesidad de entender que en el nuevo modelo social, la propiedad de los elementos materiales alrededor de los cuales vivimos, no es más lo importante, el uso de dichos elementos y su localización, es lo que interesa a los nuevos miembros de la sociedad. En este nuevo modelo, la asociatividad, la cooperación y la colaboración, juegan un papel central. Así las cosas, el mundo que enfrentaremos en las próximas dos décadas será muy distinto al que hemos conocido. Prepararse para ser un autogestor y emprendedor en las múltiples áreas del quehacer social y económico que tenemos en frente, es un deber y una gran oportunidad.

En el futuro ecosistema social y productivo que tenemos en frente, el emprendimiento y el desarrollo de nuevos modelos de negocio, serán la norma y no la exención, prepararnos en ello y para ello, es un imperativo necesario y urgente. Las sociedades requerirán sin duda de un nuevo acuerdo social que va más allá de las tradicionales negociaciones tripartitas entre sindicatos, gobierno y empresarios. El proceso sin duda está por definirse, pero se requiere de nuevas formas de comprender las relaciones sociales de producción en un mundo de grandes cambios y con muchos desafíos.

Dr. Leiner Vargas Alfaro

Economista

www.leinervargas.com


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