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COLUMNISTAS


Reducción de gastos es la salida

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 18 diciembre, 2020


Sinceramente

Muchas personas que han participado en el debate público sobre el déficit fiscal han sostenido que el gasto no es el problema. Sostienen que la salida es aumentar los ingresos. Los que así opinan han señalado una y otra vez que mejorar la recaudación fiscal, eliminar la elusión fiscal -que es pagar el mínimo de impuestos conforme a la ley- y perseguir seriamente la evasión, son la salida a esta crisis. Creo que esa no es la completa, pero puede y debe de ser parte de la solución. Mejorar la recaudación, eliminar portillos al pago de impuestos, suprimir deducibles que se consideran inapropiados, eliminar exoneraciones y perseguir los delitos tributarios es parte de la salida, pero no es la totalidad de la solución.

Costa Rica recauda impuestos por el 45% de su presupuesto nacional. Es claro que existe un exceso inaudito de gasto. Ninguna economía sobrevive gastando dos por cada uno de ingresos. Costa Rica financia con préstamos el 55% del presupuesto de los poderes del estado y eso a mi juicio es un desborde inaceptable.

El problema central de la administración pública es complejo y no se reduce al volumen del gasto sino también a la calidad del gasto público. Desperdicios, duplicaciones de competencias, transferencias que resultarían ideales para construir un sector educativo, municipal y generar servicios en las cerca de 330 instituciones autónomas pareciera muy deseable. Hay muchas cosas deseables en la vida pero que no son posibles. Que hay que luchar por ellas en el tiempo, pero que el materializarlas en la ley y la constitución nos han llevado a un desequilibrio insostenible. Gastar dos por cada uno de ingresos no es Keynesiano ni económico, no es posible, no es saludable ya que el financiamiento de ese 55% del presupuesto nacional obliga al país a contraer y servir deudas que nos están asfixiando.

El presupuesto nacional dedica el 42% de sus recursos al servicio de las deudas. El monto de los recursos tributarios recaudados llega al 45% del presupuesto. Entre el servicio de la deuda y la recaudación tributaria solo queda un 3% para atender el resto sin usar deudas que han ido haciendo crecer aceleradamente la proporción del presupuesto dedicada a la atención de las mismas.

No se gasta cuando no hay recursos. Nadie puede sostener en el mediano plazo una economía fiscal gastando dos por cada uno de ingreso. Nadie puede justificar las duplicaciones de competencias y la existencia de instituciones y autonomías que generan un alto costo y no contribuyen de manera sensible a la producción nacional. Las instituciones creadas, los servicios prestados, el empleo sostenido nunca son para siempre y el revisionismo es fundamental ya que de lo contrario la administración pública se llena de lastre y de costos innecesarios. En el tiempo y con la evolución del país muchas instituciones han quedado rezagadas y obsoletas y resultan perjudiciales para todos. Si al país le sobrara el dinero podría hacerse de la vista gorda de muchas de ellas. En estas circunstancias no lo puede hacer.

¿Cuándo veremos la unificación de los regímenes de pensiones otorgadas por el estado dentro del seguro de invalidez vejez y muerte? El estado nunca debería contribuir a ninguno de esos sistemas en un monto mayor ni diferente a su contribución de ley para las pensiones de la CCSS.

¿Cuándo veremos un esfuerzo de revisión de costos, empleo y generación positiva de las instituciones creadas para cerrar algunas y ampliar otras?

¿Cuándo veremos al estado gastar en lo que debe y quieren los costarricenses y no gastar en lo que no debe ni quieren los habitantes del país? ¿Por qué desperdiciar en servicios innecesarios y duplicación de competencias y sacrificar la inversión que empuja el desarrollo? La calidad del gasto debe de ser estudiada y deben de ser corregidos los yerros y los vicios que todo sistema genera en el tiempo. El país debe además establecer claramente prioridades. El país debe de tener un marco de planeación estratégica de primer mundo.

Soluciones definitivas y serias deben de adoptarse y pronto. Posponer soluciones agrava los problemas y profundiza el dolor social. El viejo juego de dejar que otros asuman el costo político de las soluciones serias y definitivas debe de concluir. Ya es suficiente. ¡Basta!

Debemos recordar de manera permanente que de la elección de autoridades dependen las soluciones. Los simpáticos no necesariamente son los que van a venir a resolver con habilidad los problemas. Los fotogénicos y “picos de oro” que dicen lo que los electores desean escuchar no son necesariamente los que tienen las destrezas para gobernar ni la experiencia para conducir al país. La elección de 2022 es trascendental y debemos estar impuestos de sus consecuencias.

Reanudaremos estos comentarios en enero de 2021 si nos es posible. Feliz Navidad y muy feliz año 2021.

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