Qué buscar en el nuevo secretario general de las Naciones Unidas
Ban Ki-moon, el secretario general de las Naciones Unidas, participa hablando en la conferencia de los G-20. Bloomberg/La República
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Mientras, Ban Ki-moon, el secretario general de las Naciones Unidas participa en su última Asamblea General anual, los delegados de todos los países estarán preguntándose quién podría reemplazarlo.

Los cuatro sondeos informales que ya ha llevado a cabo el Consejo de Seguridad no ofrecen muchas pistas. Sus resultados se filtraron pero no al punto de revelar cómo habían votado los cinco miembros permanentes con poder de veto. De modo que el supuesto puntero, Antonio Guterres, exprimer ministro portugués, en realidad podría haber quedado fuera de carrera.
Es mucho más fácil ver qué tipo de persona debería ocupar el cargo. Para empezar, debería ser alguien que pueda conducir a la comunidad internacional a enfrentar el único desafío verdaderamente existencial de la humanidad: el cambio climático. Lograr que los países avancen en las líneas planteadas en el innovador acuerdo de París de diciembre pasado es la tarea más fundamental que tendrá por delante.
Además, el próximo líder de la ONU debería ser capaz de insistir con energía en que se realicen reformas institucionales. Es fundamental, por ejemplo, asegurarse de que las operaciones de mantenimiento de la paz protejan a las personas en lugar de hacerlas sus víctimas, o de servir como programa de empleo para fuerzas armadas ineficaces de países pobres y represivos. Desde un punto de vista más general, el próximo secretario general debería fortalecer la supervisión, cancelar los programas ineficaces o que se superpongan y revisar el presupuesto de la ONU para asegurarse de que todos los países paguen lo que les corresponde. En otras palabras, la ONU necesita un líder con probadas aptitudes políticas y de gestión y con disposición para encarar verdades desagradables.
En este aspecto, sería útil que el secretario general tuviera no un mandato renovable de cinco años sino uno solo de siete años. Eso le daría más tiempo para efectuar cambios, aislado de las presiones políticas.
Antes de la votación definitiva del mes que viene habrá más sondeos informales. Si estos son transparentes, el ganador o la ganadora podría recibir más apoyo general de la institución que comenzará a dirigir.


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