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Sábado, 17 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Sinceramente

¿Qué es ser opositor?

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 26 julio, 2019


Hace unos días en Facebook publiqué una crítica a las prioridades del gasto del Gobierno de la República. Un caballero intervino para decirme que yo era una persona muy rara ya que atacaba al “PAC” en unas y lo defendía en otras. Eso me ha decidido a escribir esta columna del día de hoy.

¿Qué es ser opositor? ¿Ser opositor es oponerse a toda iniciativa del gobierno cuyo partido adversé en las elecciones y perdí? ¿Ser opositor es evitar que el partido electo logre materializar cosas buenas y razonables para Costa Rica? ¿Cuál es el papel de quienes somos comentaristas en hacer oposición o apoyar las correctas iniciativas emprendidas por el Gobierno de Costa Rica?

Comienzo por decir que muchos aún no se han repuesto de la “goma electoral” de haber perdido las elecciones de abril de 2018. Muchos que habrían deseado ganar y perdieron siguen en plena campaña electoral sin que vaya a haber elecciones hasta el 2022, tratando día a día de desacreditar todo, oponerse a todo, descalificando al gobierno, etiquetando a sus personeros y buscando bloquear toda iniciativa, independientemente de su bondad o de su inconveniencia.

Muchos tienen como crítica permanente el señalamiento de las iniciativas en favor de los derechos de las minorías sexuales como un acto satánico, y el otorgamiento de dichos derechos como una abominación. Es claro que la solución que querrianno es hacerles extensivos los derechos cívicos que una sociedad inclusiva les habría hecho. Su solución al problema de la discriminación y de la imposibilidad de formar una pareja estable con todos los derechos de una unión libre heterosexual es que se oculten, que se metan en el closet y que recen hasta que se mueran.

Con esto debo señalar que cuando escuché en las elecciones de abril a un conocido miembro de la farándula nacional hacer propaganda en favor de un partido neo pentecostal y señalar que votar por don Carlos Alvarado Quesada era votar en contra de Dios, quedé estupefacto de la irrupción inconveniente de la religión y el fundamentalismo religioso en la política.

En asuntos religiosos cada quien se ve obligado por su conciencia a practicar y a seguir la ruta de salvación que su iglesia le ha enseñado. Tal ruta salvífica es de adopción voluntaria y no obligatoria. Tal ruta salvífica no puede ser impuesta a otras religiones o credos y menos a quienes no son creyentes del todo. Por eso es que una sociedad razonable debe y puede dar derechos a quienes los necesitan en su reconocimiento, separándose de los cánones de la Iglesia Católica o de la Iglesia Luterana o de la Anglicana para que aquellos que no son sus fieles puedan vivir dentro de la comunidad sin ser discriminados.

La discusión en mi Cápsula era sobre la prioridad del gasto y señalaba que el país gasta mucho en lo que no necesita ni es prioridad y no gasta lo suficiente en cuanto necesita con urgencia, desea y requiere para su desarrollo. En este asunto la crítica de mis adversarios intelectuales era que siendo esto correcto no atacaba al “PAC” en todo lo demás.

Costa Rica no soporta una polarización de tal naturaleza y que se haya perdido la racionalidad y la razonabilidad. No es posible que los enemigos del PAC no acepten las iniciativas del Gobierno de Costa Rica, que favorezcan a nuestro país y se muestren sorprendidos de que pueda apoyarse alguna iniciativa correcta y censurarse aquellas que no lo son como la prioridad del gasto.

Malos aires le corren a la democracia costarricense si no se produce la mínima discriminación entre las iniciativas correctas y las equivocadas o las que querríamos que fueran diferentes. Costa Rica necesita que todos apoyemos las iniciativas en la dirección correcta y critiquemos civilizadamente aquellas que no nos agradan. Siempre es posible sugerir cambios y proponer ideas y esas no las he leído ni escuchado.

¿Cómo oponerse a todo, incluso a lo bueno? ¿Cómo oponerse a que el país progrese por ganar una posible futura elección? ¿Cómo jugar con el empleo, el crecimiento económico o el hambre de 300.000 familias en las que hay un jefe de familia sin trabajo?

El país debe aprender a ser opositor y ser opositor es guardar los límites de la legalidad, respetar y fortalecer el sistema, criticar todo aquello que no nos guste o que nos parezca inconveniente aportando propuestas y alternativas. No es racional ni es lógico y menos conveniente señalar que una persona que emite el voto por un adversario político, vota contra Dios.

Es abiertamente irracional impedir el apoyo para las buenas iniciativas. Es destructivo tratar de destruir la institucionalidad a cuenta de que el adversario ejerce el poder ejecutivo. Es irrisorio calificar de “dictadura” al régimen actual, cuando funciona la Asamblea Legislativa y en ella el Presidente carece de mayoría, cuando funcionan los tribunales y la Sala Constitucional y el TSE acaba de condenar al PAC por delitos electorales en su financiamiento.

Los costarricenses, sobre todo la clase dirigente, debe aprender los límites de la razón y de la oposición razonable para ayudar a encauzar al país por una senda de progreso aunque hayan perdido una elección.

En democracia participamos en comicios, a veces ganamos y a veces perdemos. Siempre se respeta el resultado de la elección. Nunca puede un demócrata permitir que la “goma electoral” producto de la derrota le conduzca a buscar la destrucción del sistema, del gobierno, de las instituciones. Se respetan siempre los resultados, cuando se gana se respeta el resultado y cuando se pierde también se respeta la derrota y el triunfo ajeno. Si no respetamos la victoria ajena no somos demócratas, somos unos farsantes populistas y no somos verdaderos demócratas.