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Sábado, 8 de mayo de 2021



COLUMNISTAS


¿Qué Costa Rica queremos?

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 30 abril, 2021


Sinceramente

Hemos entrado en campaña y pronto deberemos escoger entre los candidatos de los diferentes partidos. Antes claro deberemos analizar a los precandidatos y elegir entre ellos aquel que encabezará a su partido en las elecciones de 2022. Por eso y por mucho más es que debemos preguntarnos qué Costa Rica queremos.

Las elecciones son para analizar los problemas del país, las soluciones expuestas por cada parte y las destrezas y experiencia de los candidatos para enfrentar y resolver los principales problemas. Las elecciones generales de febrero de 2022 son trascendentales por ello. Allí en gran medida escogeremos una ruta para conducir al país.

Una gran mayoría de los costarricenses queremos un país con justicia social, con democracia, con paz, con trabajo, con una sociedad dónde los costarricenses podamos escoger el tipo de vida y de labores que deseamos y podemos desempeñar. Todos queremos llegar a tener algo en la vida, una casa, una empresa, un ahorro. Estamos claros que la empresa es la base del empleo y de la generación de riqueza e impuestos y un vehículo de bienestar.

Una gran mayoría deseamos que el estado sea reformado de manera sensible para que los súper sueldos y las súper pensiones de lujo, los desperdicios, los abusos, los privilegios, las duplicaciones y el gasto en instituciones que ya no contribuyen al desarrollo nacional dejen de costarnos tanto sin generarnos provecho. Queremos un estado para el siglo XXI no regresar a las soluciones de los años 60s.

Costa Rica entera demanda un mejor futuro y un mejor nivel de vida para todos. El país demanda que la miseria se acabe de una vez por todas, pero no a través de dádivas que lejos de crear hombres y mujeres libres e independientes los conservan aplastados y dependientes del clientelismo y del paternalismo del estado.

El país desea que la pobreza se acabe. La mejor reforma social que puede darse en este campo es que todos tengamos trabajo y no dependamos de los programas sociales del estado. Los programas sociales son importantes para evitar caídas de las gentes en las crisis, pero claro está no pueden ni deben de ser permanentes. Es la creación de trabajos y la multiplicación de propietarios con lo que se alcanza la no dependencia de políticos que buscan ponernos a vivir como ellos quieren y no como nosotros deseamos. Sigue siendo la educación el pilar de la movilidad social y de la independencia individual.

La socialdemocracia se diferencia del marxismo y de los nuevos socialismos neo marxistas en que busca la multiplicación de los empresarios no de los proletarios. La socialdemocracia no es estática ni es estatista. El estatismo fue la herramienta de una coyuntura y fue sustituida en el mundo entero por una seguridad y bienestar mínimo garantizado por el país. Ya las nacionalizaciones de bancos y empresas, la estatización de generación de energía y comunicaciones como lo hiciera en el gobierno de Clement Attlee el partido laborista británico es impensable en el mundo. La socialdemocracia es revisionista y busca adaptar las instituciones a principios no amarrando al país a instituciones.

La lucha contra la pobreza se centra en nuestros días en una lucha para crear destrezas, educación y entrenamiento a las personas para que consigan excelentes trabajos con excelentes salarios. El mundo nos exige ser más y más competitivos. La receta socialdemócrata es generar igualdad de oportunidades, pero no un sistema de proletarización de los pueblos, de estatización de las actividades o de supresión de las iniciativas individuales. Esta no es la era de hacer al estado dueño de cosas, sino de hacer a los gobiernos garantes de libertad, emprendedurismo, educación y destrezas y lograr un nivel de vida de primera para todos. Dinamarca es un ejemplo excepcional.

Es el momento de luchar por el futuro, no por el pasado. Es el momento de crear nuevas destrezas que generen justicia social, que eliminen la proletarización de los pueblos, que garanticen una democracia efectiva, que aseguren la movilidad social a través de una educación del primer mundo. El momento de la democracia participativa está llegando.

Este no es el momento de poner cargas. Este no es el mundo de imponer proteccionismos. Este no es el tiempo de hacer crecer el estado sino de hacerlo pequeño y efectivo. Este es el momento de pensar en el futuro no de pegarnos al pasado en nostalgia de próceres e instituciones a los que ya les pasó su hora.

Espero que los candidatos y precandidatos lo entiendan y espero oír sus recetas para lograr los altos objetivos de los costarricenses.

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