Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 15 Enero, 2010


Pura vida... por ahora


La felicidad es sin dudas un concepto complejo.
El reconocimiento que ha recibido Costa Rica como el país más feliz del planeta no es etéreo, más bien conlleva un profundo mensaje que se debe analizar.
La obsesión del Primer Mundo con el crecimiento económico está causando daños importantes sobre el equilibrio biológico y social del ser humano.
Parte de esa sostenibilidad antropológica tan anhelada se debe al contacto con la naturaleza así como con la familia.
En el orden de prioridades del sistema promovido por los países desarrollados, la búsqueda del crecimiento económico a cualquier costo ha causado un detrimento del bienestar de sus habitantes.
A pesar de la abundancia en riquezas, las grandes sociedades industrializadas sufren una pobreza inmaterial, ya que pese a haber resuelto sus necesidades son cada vez presa más fácil de la depresión, la tristeza y el vacío existencial, lo cual se refleja en sus expectativas de vida.
Visto desde este prisma, Costa Rica guarda todavía esperanzas de no caer del todo en esta realidad, dominada por un consumo exacerbado, que de forma militarizada promueve una cultura de muerte y destrucción.
Los ticos somos igual de consumistas que cualquier otro ciudadano del mundo, y en las últimas décadas el Estado costarricense ha sido seducido por la creencia de que el crecimiento debe prevalecer sobre otras políticas, especialmente las sociales.
Estamos a tiempo para enmendar el error.
Debemos abrir los ojos y darnos cuenta de que hemos retrocedido, debilitando ese patrimonio ambiental heredado de las generaciones que tuvieron una visión más amplia a la actual y que hoy todavía se traduce en una calidad de vida privilegiada en comparación con el resto del mundo.
Nuestros ríos y mares son contaminados, la explotación de recursos y el mal entendido desarrollo consumen nuestra mayor riqueza.
Es necesario comprender que el concepto de progreso ha cambiado y no representa aquella idea mezquina de explotación sin límites que cautivó a nuestros últimos gobernantes.
Tenemos aún la posibilidad de preservar y fortalecer esos importantes logros que hoy nos destacan ante el resto del planeta.