Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 20 Mayo, 2009


Hablando Claro
Pundonor deportivo

No hay una inquietud particular porque en las últimas horas aparecieron ya casos autóctonos de influenza AH1N1. Menos interés capta la carrera por la nominación presidencial que cinco ciudadanos costarricenses disputan en estos momentos en nuestros dos partidos políticos mayoritarios. No. En la calle, como en la red, el comentario general tiene que ver con la derrota del Saprissa y las acciones oficiales que ha emprendido intentando develar una conjura en contra del destino manifiesto de llegar a la final primero y a la copa después. El problema es no poder aceptar los hechos de la vida tal cual. No siempre, como dijo con altura Walter Centeno, se puede ganar y —hay que tener madurez para aceptarlo— muchas veces otros hacen las cosas mejor que nosotros. Y pasó el domingo. Liberia fue mejor que Saprissa y le ganó.

No voy a entrar en el detalle de una pugna que finalmente nadie entiende. No solo porque eso ya no importa mucho, sino porque además el asunto es que con su actuación y sus gestiones Saprissa está haciendo sonrojar de vergüenza a la inmensa mayoría de sus aficionados. ¡Qué decepción! El abogado del equipo se atrevió incluso a afirmar que el cuadro había sido “despojado…”. Y como se detuvo en ese instante no pudimos saber de qué…

Los partidos se ganan en la cancha. No hay otra. Si se pretenden ganar fuera del terreno se corre el gran riesgo de perder también la honra. El pundonor, que según la Real Academia de la Lengua es ni más ni menos que el honor o el crédito de alguien según lo ven los demás, ahora también está en entredicho.
Carmen Calvo, quien hasta hace poco fue ministra de Cultura de España, dice que le encanta esa palabra porque no solo se refiere a la honra y el honor sino “a cómo se hacen las cosas; al esfuerzo interno y bienintencionado que se emplea para realizar una acción: actuar bien “por dentro y por fuera”. Concuerdo totalmente.
Lástima que las palabras estén perdiendo su verdadero peso, valor y significado para algunos que, cegados por un resultado adverso, parece que están dispuestos a perder el pundonor.

¡Felicitaciones liberianos!