Nuria Marín

Enviar
Lunes 30 Agosto, 2010


Creciendo [email protected]
Puentelandia

Recientemente tuvimos conocimiento de un capítulo más de una novela de incomprensibles hechos que van de lo lamentable a lo ridículo, y que dolorosamente como país nos refleja de cuerpo entero.
Hace unos años, se anunciaba la compra de materiales para puentes de parte del Ministerio de Obras Públicas y Transportes con el objetivo de evitarles a las municipalidades del país los engorrosos trámites de contratación y lograr un menor costo dadas las economías de escala.
La que parecía una buena idea simplemente no funcionó. En los predios del Ministerio yace una enorme cantidad de materiales en un franco proceso de deterioro, el país continúa sin necesarios puentes o muchos muy deteriorados (algunos incluso de la época de León Cortés) y pareciera que la situación seguirá así.
El tema de los puentes realmente duele. Se han perdido vidas humanas como sucedió en Turrubares. La famosa platina, un tema que persiste sin solución pese a numerosos intentos de especialistas, no solo nos roba en presas todos los días, tiempo, salud y dinero sino que se erige como un verdadero monumento a nuestra mediocridad.
El Puente de la Amistad fue finalmente construido por el Gobierno de Taiwán porque no pudimos hacerlo nosotros pese a existir fondos accesibles al efecto. Igualmente avergüenza el haber cometido errores en las rampas de acceso al puente, única responsabilidad del país como contrapartida del proyecto.
En otras latitudes se edifican puentes que unen países y hasta continentes, en los que la ingeniería logra maravillas construyendo extensos trayectos e incluso sobre fuertes correntadas del mar. Definitivamente seguimos pensando en chiquitico y el tiempo no dudará en pasar una cruel factura en pérdida de oportunidades y de competitividad.
Frente a esta realidad, no podía menos que pensar y reflexionar, sobre lo simbólico y emblemático que la figura del puente puede ser para el futuro del país. No en vano el ex presidente de Estados Unidos utilizó hace algunos años el tema de tender puentes al Siglo XXI como caballo de batalla de su gobierno.
Necesitamos hacer un alto en el camino. Hay que eliminar trabas y trámites y simplificar procesos sin descuidar la transparencia. El sector público y el privado deben unir esfuerzos en un plan nacional de infraestructura con visión de corto, mediano y largo plazo.
Sin lugar a dudas, hay que fortalecer las capacidades de gestión en general pero muy especialmente en los municipios. Quizás lo más importante, dejemos de pensar en chiquitito y atrevámonos a actuar en grande.
En la Era del Conocimiento y de la globalización los países triunfadores serán aquellos que mejor aprovechen su talento y recursos en el menor tiempo y costo, así como con una gran capacidad de adaptación de cara a los vertiginosos cambios del mundo actual.

Nuria Marín