Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Jueves 31 Diciembre, 2009


Hablando Claro
Propósitos

El convencionalismo de terminar con el viejo calendario anual y estrenar uno nuevo con páginas en blanco siempre abre una oportunidad para repasar las metas alcanzadas, los desafíos que se nos quedaron pendientes y articular ajustes y nuevos propósitos en pos del empeño de seguir puliendo nuestro crecimiento personal en sus más variadas aristas.
Claro está que para algunos esos nuevos propósitos se centrarán inevitablemente alrededor de si se podrán comprar un nuevo auto, la última pc o el más avanzando aparato de telecomunicación del mercado. Sin embargo, la inmensa mayoría seguimos año con año centrando nuestras ambiciones en profundos deseos de superación personal más relacionados con ganarles la batalla a nuestras debilidades o carencias humanas.
Por eso, perder peso, dejar de fumar, vencer el pesado fardo del sedentarismo, la pereza, la auto conmiseración o sanar las heridas de una relación finiquitada, encontrar una nueva pareja o mejorar nuestra condición laboral, siguen siendo las prioridades de las listas de propósitos.
Ahí, en ese instante de silencio interior al que pocas veces damos cabida en medio de la celebración, pero que en todo caso dichosamente nos asalta sin pedir permiso, nos auto revelamos respecto de nuestros más caros anhelos.

El caso es que en torno a cómo lograr los propósitos que nos hacemos (la mayoría de las veces abandonados pues se afirma que nueve de cada diez personas claudicarán) lo más importante es la determinación, el convencimiento propio y la perseverancia. Solo con citar esas cualidades del carácter podemos comprender por qué es tan difícil cumplirnos nuestras metas de superación y crecimiento. Se requieren coraje, valor y disciplina para no abandonar la hoja de ruta que nos proponemos.
Por eso, los propósitos del año deben girar siempre en torno a decisiones propias. No se pueden hacer esfuerzos porque queremos cumplirle a alguien, aunque esa persona nos importe mucho.
Tampoco podemos confiar nuestros propósitos al grado de motivación momentánea que podamos acopiar, porque la motivación es siempre engañosa y en algún momento se nos desinflará.
Lo que sí puede ayudarnos a recorrer el camino de nuestros nuevos o renovados desafíos para 2010 es compartir nuestras metas con otras personas que busquen similares objetivos.
Si el empeño humano demuestra tener una fuerza interior poderosísima para alcanzar lo que se proponga, ciertamente la fuerza común facilitará el esfuerzo.
En cualquier caso, la forma de emprender nuestros planes del año siempre podrá encontrar diversas herramientas de apoyo. Lo que será insustituible es nuestra férrea determinación para alcanzar nuevos derroteros.

¡Feliz Año Nuevo!