Enviar
¿Por qué posponer lo urgente?

“¡Ya dejemos de empollar problemas, por eso es que no avanzamos!”; así se expresaba un gerente ante sus colegas en un equipo de alta dirección. Según el diccionario, este término significa mantener el embrión contenido en un huevo en un calor constante por medios naturales o artificiales. Lo que ese ejecutivo podría corregir es que al “empollar” sí se avanza, aunque a veces es hacia la dirección equivocada y hacia un final frustrante.
En los equipos que enfrentan situaciones difíciles, la posposición de decisiones pareciera ser la norma. Sus miembros saben qué o quién está afectando el desempeño y conforme los problemas se “empollan” la tensión interna aumenta y el pesimismo los inunda. Es como si los tomadores de decisiones esperaran que las soluciones ocurrieran sin tener que ser ellos los valientes que dan el paso al frente para detener ese calentamiento negativo.
“¿Cuánto hemos perdido por esta costumbre tan arraigada de evitar confrontar lo que obviamente no será grato, lo que sabemos que nos hará desestabilizarnos en el corto plazo para crecer en el mediano?”, agregaba ese gerente. Lo curioso es que en situaciones como esta, todos los miembros simulan estar muy ocupados y argumentan que pronto resolverán esos asuntos. ¿Será que los juegos políticos internos o el temor a las reacciones de terceros, lleva a esta parálisis de análisis sin decisiones?
“Empollar” no necesariamente es malo. Hay equipos exitosos que tienen una gran prudencia al tomar de decisiones, profundizar criterios y madurar ideas. Sin embargo, en estos equipos u organizaciones deportivas todos saben que la intención sí es llegar a un punto de decisión y perciben deseos de avanzar. Aquí se da una posposición basada en sabiduría, no en círculos viciosos.
La repetición de malos resultados y la ausencia de voluntad para ir a la raíz de las razones solo conduce a ciclos cada vez más peligrosos. Por eso conviene hacer un alto en el camino e invitar, con seriedad al equipo de trabajo a visualizar cómo serían las cosas si de una vez y para siempre resolviera los males acumulados. La sola acción de aceptar que se padece de posposición ya es un avance.
Admitir que se ha caído en la cultura de estancamiento pero visualizando cómo será la organización en un determinado plazo si no se deja de empollar pendientes, podría hacer que se pase de las luces de alerta a fijar plazos, acciones concretas y nombrar responsables para emprender el cambio.

German Retana
[email protected]

Ver comentarios