Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 7 Agosto, 2008

VERICUETOS
¡Por dicha Rueda!

Tomás Nassar

Por supuesto que no todos la aman, y la verdad, tampoco creo que le preocupe mucho. No debe ser particularmente simpática a los que les pide cuentas al aire, es decir, frente a toda su audiencia, cuando con exceso de franqueza les recuerda sus deberes y cuando, perdiendo casi la paciencia, les increpa exigiendo explicaciones a las que cree tener derecho porque los que reclaman respuesta no tienen acceso a quienes sí la atienden a ella en la casa o los celulares; generalmente con actitud de chiquito a quien la mamá agarró haciendo una travesura y que está a punto de recibir la regañada de su vida.
Claro que Amelia Rueda no debe serles agradable a muchos de esos personajes que están en su lista de números de teléfonos, particulares, privados, celulares, directos, que ella, no sé cómo, ha logrado conseguir y donde les localiza cuando y como quiera.
No hace falta más que escuchar a alguno de quienes la llaman para reclamar esto o aquello y mencionar un nombre o un cargo, para poner a ese o esa pobre en el punto de mira. “Llámeme al Alcalde”, o “llámeme a fulano de tal” ordena a sus asistentes. Me imagino el nivel de estrés con que estos pobres tratan de localizar a quien se haya ganado la rifa matinal y el corre corre que se debe armar en esa cabina ante una orden de la jefa que, si hace falta, no duda en jalarles el aire en público.
Que Dios agarre confesado al funcionario que no esté en su escritorio a las 8 en punto. No creo que exista un momento del día en que ministros y viceministros, presidentes ejecutivos, directores y funcionarios de las instituciones autónomas, magistrados, diputados, y cuanto personaje público y político, susceptible de recibir una llamada temida y no querida, estén más sintonizados y pendientes como de 7 a 9 de lunes a viernes. Todos quediticos frente al radio, con los dedos cruzados y pidiendo al santo de sus preferencias que no les toque, y si les toca, que no se traben, que no los regañe mucho, menos delante de tanta gente, que logren encontrar la respuesta adecuada, la excusa precisa, que suenen simpáticos, abiertos, amables, populares, convincentes. Eso, sobre todo convincentes. “Estamos en eso, doña Amelia, planeamos resolverlo muy pronto, es que usted entiende, el debido proceso, bueno, pero no tenemos presupuesto, es que viera que si, que ya casi se resuelve, cómo no, el señor tiene razón, qué barbaridad doña Amelia, tomo nota y de inmediato me ocupo, voy a dictar las órdenes…”.
No he conocido un caso igual de alguien que tenga tanto acceso a todos los niveles con una sola llamada por teléfono, ni que como ella ponga a temblar a su interlocutor con una increpación pública. Tampoco conozco un medio igual que brinde a los de a pie la posibilidad de denunciar lo que no anda bien, de quejarse, de ser atendidos y, eventualmente, de ver satisfechas sus aspiraciones legítimas.
Me gusta que este espacio mediático ofrezca voz a los que no la tienen, que se ocupe con insistencia de la seguridad comunitaria, que promueva soluciones y exija respuestas, que los responsables le rindan a ella las cuentas que no brindan a los demás, que los que gobiernan para la pasarela se preocupen por quedar bien y cumplir con su deber aunque sea para que se sepa.
Qué dicha que rueda, doña Amelia.