La energía es el insumo crítico que es transversal a todas las actividades humanas y productivas, por lo que las decisiones sobre la política energética no solo moldean las condiciones de la oferta y la demanda de energía (costos, seguridad energética, sostenibilidad, infraestructura, etc.), sino que adicionalmente tienen un fuerte impacto en el rumbo socioeconómico de un país (crecimiento económico, bienestar social, sostenibilidad ambiental, riqueza nacional, calidad de vida, competitividad económica y estabilidad institucional, entre otros factores).
La energía, siendo el motor fundamental del sistema económico y social de un país, debe gestionarse con criterios técnicos y científicos, como lo hacen los países económica, social, ambiental y energéticamente exitosos, como Noruega, en lugar de una gestión basada en dogmas y visiones ideológicas y doctrinarias, como se ha venido haciendo en Costa Rica desde que se fusionaron los sectores de ambiente y energía a nivel ministerial en el MINAE en 1990.
- Importancia de la política energética para un país
A menudo se califica a la política energética como una “columna vertebral” clave de la economía y la seguridad nacional, ya que la sociedad moderna no puede funcionar sin un suministro de energía confiable, asequible en costos y disponibilidad y con una alta seguridad energética.
La política energética es la hoja de ruta de un país que guía estratégicamente todo lo relacionado con el sector energético (cómo se produce, importa, distribuye y consume la energía a corto, mediano y largo plazo, entre otras cosas).
Esta hoja de ruta indica cómo se va a administrar y orientar el desarrollo y el uso de los recursos energéticos (energías renovables y no renovables) y está compuesto por un marco estratégico de acción (visión, misión y objetivos estratégicos, acciones claves, normativas legales, regulaciones, reglas, directrices, impuestos, incentivos, etc.).
La política energética debe concebirse como un “plan vivo de navegación” dinámico, integral y eficaz, alejado de marcos estratégicos rígidos y estáticos.
Su evolución continua es clave para adaptarse a las transformaciones del entorno, tales como los avances tecnológicos, los giros geopolíticos y ambientales, el cambio climático y los cambios en las necesidades del país y en los hábitos de consumo.
- ¿Cuáles son los objetivos fundamentales de las políticas energéticas exitosas?
Una política energética exitosa busca balancear y equilibrar continuamente en el tiempo lo que el Consejo Mundial de la Energía denominó como el “Trilema Energético” (seguridad de suministro, equidad y costos asequibles y sostenibilidad), sumado a la competitividad económica, la resiliencia energética, la creación de riqueza nacional y la generación de recursos fiscales y no fiscales.
Para ser efectiva a corto, mediano y largo plazo, una política energética debe articularse y balancearse en torno a los principales objetivos estratégicos:
i. Seguridad y confiabilidad del suministro
• Garantizar la continuidad. Asegurar un flujo ininterrumpido de energía.
• Diversificación de la matriz energética. Evitar la dependencia excesiva de una o pocas fuentes de energía, de un único proveedor o del exterior.
• Resiliencia. Garantizar la capacidad del sector (público y privado) y sus sistemas para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse con rapidez ante fallos, crisis o interrupciones en el suministro. Esto requiere reglas claras, planes de acción efectivos y un sólido respaldo tecnológico frente a amenazas externas (climáticas, cibernéticas y geopolíticas, entre otras).
ii. Asequibilidad en costos y equidad
• Precios competitivos. Mantener costos y precios razonables y competitivos internacionalmente que no ahoguen la economía doméstica ni resten competitividad a las empresas.
• Erradicación de la pobreza energética. Garantizar que los sectores vulnerables tengan acceso continuo a la energía.
iii. Sostenibilidad ambiental y descarbonización
• Mitigación del cambio climático. Reducir progresivamente las emisiones de gases de efecto invernadero mediante el despliegue de fuentes renovables (solar, eólica, hidroeléctrica, etc.) y otras energías más limpias.
• Eficiencia energética. Promover el uso eficiente y racional en la economía.
• Protección del entorno local. Minimizar y mitigar los impactos en la biodiversidad, la calidad del aire y los recursos hídricos.
- La política energética de Noruega va más allá del tema energético
La política de exploración, producción y exportación de hidrocarburos de Noruega, como parte de la política energética y como la de muchos otros países, va más allá del tema energético.
La evidencia en el mundo muestra que la exploración, producción y exportación de hidrocarburos, como las realizan países económica, social, ambiental y energéticamente exitosos, como Noruega, no es solamente un instrumento energético puramente técnico o comercial, sino que también es un importante instrumento fiscal y de desarrollo socioeconómico estratégico que busca aumentar significativamente los ingresos públicos directos (recursos fiscales) y las ventajas socioeconómicas y estratégicas más amplias (recursos no fiscales).
i. La dimensión de los recursos fiscales (ingresos públicos directos)
Los recursos fiscales representan la renta que genera la industria de los hidrocarburos y que captura el Estado para financiar muchas cosas en el corto, mediano y largo plazo, incluyendo el gasto público (económico, social y ambiental), sostener los presupuestos nacionales e impulsar la inversión económica, social, ambiental, en infraestructura y otros sectores. Se dividen principalmente en tres mecanismos:
• Regalías (“Royalties”). Es el pago obligatorio que las empresas extractoras hacen al Estado por el derecho a explotar un recurso no renovable que pertenece al país. Suelen calcularse como un porcentaje sobre el volumen de la producción bruta.
• Impuestos directos e indirectos
. Impuesto a la renta corporativa. Gravamen sobre las utilidades netas de las empresas operadoras y de servicios de hidrocarburos.
. Derechos de superficie y cánones de exploración. Pagos fijos por área asignada (por hectárea o por km²) durante las etapas previas a la producción, garantizando ingresos al Estado, incluso antes de descubrir reservas.
. Impuestos a la exportación o aranceles. Gravámenes aplicados al volumen de hidrocarburos comercializado internacionalmente.
• Participación en la producción (“Production Sharing Contracts”, PSC). En estos esquemas contractuales, el Estado recibe directamente una parte física del petróleo o del gas natural extraídos, la cual puede comercializar directamente a través de su empresa estatal para generar más recursos.
• Bonos de firma y contratación (“Signing Bonuses”). Pagos inmediatos y no reembolsables que las empresas privadas entregan al Estado al momento de adjudicarse un bloque o contrato de exploración.
ii. La dimensión de los recursos no fiscales (beneficios socioeconómicos y estratégicos)
Los recursos no fiscales corresponden al impacto indirecto y multiplicador que la actividad de exploración, producción y exportación genera sobre el tejido económico, institucional y social del país:
• Seguridad y soberanía energética
. Sustitución de importaciones petroleras. Producir hidrocarburos localmente para reducir la dependencia de combustibles extranjeros, protegiendo la economía nacional, las arcas públicas y la balanza de pagos ante la incertidumbre y la volatilidad de los precios internacionales del petróleo.
. Evita la fuga masiva de divisas y mejora las reservas internacionales del Banco Central.
• Desarrollo de encadenamientos productivos (“Local Content”)
. La industria del petróleo y del gas natural demanda gran cantidad de bienes y servicios de alta sofisticación, como ingeniería, transporte, metalmecánica, laboratorios, geofísica y tecnología de datos. Esto estimula la creación y modernización del empresariado local.
• Infraestructura de uso dual o público
. Las fases de exploración y desarrollo requieren vías de acceso, puertos, helipuertos, redes de telecomunicaciones y sistemas de energía en zonas alejadas. Frecuentemente, esta infraestructura queda disponible para la integración territorial de comunidades locales.
• Transferencia de tecnología y capital humano
. Eleva el nivel técnico de los profesionales y técnicos locales, generando capacidades en geociencias, gestión de proyectos complejos, economía, ingeniería, seguridad industrial y sostenibilidad ambiental que luego se aplican a otros sectores de la economía.
• Aumento de la valoración crediticia y atracción de Inversión Externa Directa (IED)
. La confirmación de un potencial de hidrocarburos incrementa el atractivo económico de un país, mejorando su perfil ante agencias de calificación crediticia y atrayendo Inversión Extranjera Directa (IED) no solo para energía, sino para proyectos complementarios.
- Prosperidad amplia de Noruega vs prosperidad limitada de Costa Rica
Como resultado de los recursos generados por la exploración, producción y exportación de hidrocarburos, Noruega combina la riqueza nacional que tiene en el subsuelo con un bienestar público excepcional, estableciendo a menudo estándares mundiales de calidad de vida, bienestar, ambiente y resultados económicos.
La excelente condición de Noruega, como uno de los países más ricos y prósperos del mundo, deriva de una combinación eficaz de sus recursos naturales, una buena gestión técnica y financiera e instituciones sólidas.
El descubrimiento de petróleo y gas natural en el Mar del Norte transformó por completo a este país, pasando de ser una economía costera modesta dependiente en gran medida de la pesca, el transporte marítimo y la agricultura a convertirse en una de los países más ricos, prósperos y estables del mundo.
La evidencia demuestra que el factor más importante que ha impulsado su transformación económica, social y ambiental ha sido su política energética.
Con la riqueza natural de su subsuelo y el manejo responsable de ésta en la superficie, este país ha logrado una ruta de prosperidad mundialmente reconocida, enfocada en el desarrollo sostenible, el desarrollo humano, el bienestar, la igualdad, la distribución de la riqueza, y la sociedad de la información y del conocimiento.
Como lo he señalado en varias ocasiones, los estudios muestran que “en gran medida, Noruega le debe su prosperidad a los yacimientos de petróleo y de gas natural” , los cuales han hecho que “sea uno de los países más ricos del mundo” .
Un tema importante es que la prosperidad y la riqueza nacional provenientes del subsuelo no solamente radican en la extracción y exportación de estos dos recursos naturales, sino también en la forma como el Estado gestiona estas actividades y administra los enormes ingresos que recibe.
Con una política energética intrínsecamente ligada a sus objetivos económicos, sociales y ambientales, Noruega ha hecho de este sector un motor clave para su prosperidad.
Esto no solo le ha permitido mantener salarios elevados, un sólido superávit fiscal y un crecimiento económico resiliente, además de consolidar uno de los fondos soberanos más grandes del mundo para potenciar el desarrollo y bienestar de las actuales y futuras generaciones, sino que también le ha servido para alcanzar los siguientes logros mediante el apoyo intersectorial:
• Índice Global de Desarrollo Humano, 2025 : Noruega posición 2 y Costa Rica posición 62.
• Índice de Desempeño Ambiental (Environmental Performance Index, 2026) : Noruega en la posición 8 y Costa Rica en la posición 45.
• Índice de Transición Energética (Energy Transition Index 2026) : Noruega en la posición 5 y Costa Rica en la posición 51.
• Índice de Desempeño Climático (Climate Change Performance Index, 2026) : Noruega posición 11 y Costa Rica no aparece en ninguna posición.
• Índice de mejores países para vivir (Quality of Life Index, 2026) : Noruega posición 8 y Costa Rica posición 57.
Adicionalmente:
• Es uno de los lideres mundiales en inversión y gasto social per cápita, desarrollo sostenible y desarrollo de energías renovables.
• Tiene un índice de Gini (que mide la desigualdad en la distribución de los ingresos dentro de una población) que se encuentra entre los mejores del mundo y mucho mejor que Costa Rica. El índice de Noruega refleja una alta igualdad de ingresos respaldada por sólidos sistemas de bienestar, mientras que el de Costa Rica refleja una mayor concentración de ingresos y persistentes disparidades económicas.
Con los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo y gas natural, los noruegos han venido desarrollando también una infraestructura vial de clase mundial (carreteras, ferrocarriles, metros, aeropuertos, puertos, hospitales, clínicas, escuelas, colegios, universidades, etc.), una economía robusta y resiliente, una seguridad social de primer orden y bien financiada con hospitales públicos modernos, un sistema de educación pública de primer mundo, fondos de pensiones sólidos y una policía bien equipada, entrenada y financiada.
En lugar de depender de grandes y crecientes importaciones petroleras que drenan los recursos del país (como lo hace Costa Rica), que impactan negativamente el desarrollo económico y social, aumentan las emisiones al ambiente y no generan ninguna riqueza, la prosperidad de Noruega se ve reflejada en el manejo estratégico de sus recursos energéticos, lo que ha permitido reinvertir los excedentes de sus ganancias en un Fondo Soberano que desde hace varios años genera más ganancias con sus réditos que las mismas exportaciones de gas natural y petróleo.
La política energética dual de Noruega se basa en un enfoque estratégico que implica impulsar el desarrollo de las energías renovables y la transición energética del país y simultáneamente maximizar los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo y gas natural para generar grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales y un alto crecimiento económico con un enfoque social y de rigurosidad ambiental. Esta política dual busca igualmente proveer seguridad energética a Europa con las exportaciones de electricidad, gas natural y petróleo.
Noruega ha demostrado cómo lograr un amplio desarrollo de las energías renovables, mientras simultáneamente genera grandes beneficios económicos, sociales, ambientales y fiscales, provenientes de sus exportaciones de petróleo y gas natural para resolver los problemas de hoy y para catapultar al país hacia el futuro con grandes inversiones y reformas.
La política energética de Noruega es ampliamente considerada como un referente mundial, ya que logra un equilibrio entre la generación de electricidad casi 100% renovable (para impulsar la electrificación de todos los sectores de la economía nacional como parte de su transición energética) y la inmensa riqueza generada a partir de los combustibles fósiles para la exportación.
Este doble enfoque garantiza una seguridad energética excepcional, financia ambiciosas iniciativas económicas, sociales y ambientales y apoya la transición energética.
Esta política busca también reducir de forma sostenida y drástica las emisiones nacionales (incluidos los gases de efecto invernadero), garantizando la seguridad energética y financiando el estado de bienestar mediante la exportación de sus recursos naturales, así como los rendimientos a perpetuidad de su fondo soberano.
- Resumen de los resultados de las políticas energéticas de Noruega y de Costa Rica
Como lo he analizado en varias columnas anteriores y en ésta, la política energética de Noruega cumple con los requisitos de una buena política energética y, consecuentemente, logra los enormes beneficios que una política energética debe lograr (energéticos, económicos, sociales y ambientales).
En el caso de Costa Rica, la política energética no solamente no cumple con los requisitos de una política energética exitosa, sino que los resultados muestran que más bien ha venido provocando importantes retrocesos en varios campos, como el aumento continuo de la dependencia de los derivados de petróleo importados en el abastecimiento energético nacional, el aumento de las emisiones al ambiente y el retroceso de la transición energética.
Los sesgos y dogmas ideológicos que se han introducido en la política energética a través del tiempo, desde que se fusionaron los sectores de ambiente y energía a nivel ministerial en el MINAE en 1990, han convertido al país, entre otras cosas, en un importante importador de derivados de petróleo y, a través de estas grandes y crecientes importaciones, ha trasladado al extranjero la generación de la gran riqueza que estas importaciones nacionales generan a nivel de la producción en el extranjero.
La fusión de las carteras de ambiente y energía en 1990 redujo significativamente la efectividad en la gestión estratégica del sector energético.
Debido a esto, el MINAE no ha logrado actuar eficazmente en el sector energía como el ente rector y arquitecto estratégico efectivo que debiera ser, ni ha logrado balancear y equilibrar los objetivos clave del desarrollo energético nacional.
Experiencias internacionales exitosas, como la de Noruega, demuestran las ventajas que los países obtienen cuando mantienen separados los ministerios de energía y de ambiente, logrando amplios resultados en los dos sectores.
Un ejemplo del gran desbalance estratégico que contiene la política energética nacional se encuentra en el Plan Estratégico Sectorial de Ambiente y Energía, el cual señala como objetivo principal estratégico el siguiente:
• Contribuir a la descarbonización de la economía mediante el uso de energías limpias, sin detrimento de la cobertura y calidad de la red eléctrica nacional y la eficiencia energética.
Aunque la descarbonización con energías más limpias es fundamental y muy loable, no es el único objetivo estratégico principal del desarrollo energético y no es tampoco el único objetivo que es suficiente para lograr la sostenibilidad ambiental del sector energía.
En lugar de estarse descarbonizando, como lo he venido señalando en columnas anteriores, el país más bien se ha venido carbonizando cada vez más con el alto y creciente consumo de los caros derivados de petróleo importados altas y las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero, en su mayoría dióxido de carbono.
No solamente no se ha venido logrando el objetivo de la descarbonización de la economía nacional, sino que además tampoco se han estado logrando los otros objetivos, como los de competitividad y seguridad energética.
Durante el período de 1990 al 2024, mientras que en Costa Rica la participación en el abastecimiento energético nacional de las energías no renovables (principalmente petróleo importado) pasó del 54.1% al 70.7%, lo que representa un aumento del 30,7%, en Noruega, la participación de las energías no renovables en su abastecimiento energético pasó del 40,8% al 20,2%, lo que representa una disminución de -50,5% (principalmente petróleo nacional), siendo este país un gran exportador de petróleo y gas natural.
Esta creciente tendencia de petrolización del país, con petróleo importado en la forma de derivados, se constata también en los siguientes datos de la evolución de la oferta y la demanda durante el periodo 2010 y el 2024:
• El consumo nacional de derivados de petróleo importados aumentó un 42.8%.
• El consumo de electricidad de fuentes renovables aumentó un 34.2%.
• El consumo de biomasa (una fuente de energía renovable importante en el mundo) disminuyó en un -49,3%.
Entre el 2000 y el 2024, el consumo interno de derivados de petróleo evolucionó de la siguiente manera:
• En Noruega, el consumo (de producción nacional) disminuyó un -33,5% .
• En Costa Rica, el consumo (de producción en el exterior) aumentó en un 98,2% .
Las emisiones de gases de efecto invernadero crecen en una proporción prácticamente directa y lineal (es decir, una relación cercana a uno a uno) respecto al aumento en el consumo de petróleo. Cada barril de petróleo quemado libera una cantidad fija y predecible de dióxido de carbono (CO2) según su composición química, el cual es el principal gas de efecto invernadero en el mundo que afecta el cambio climático.
Debido a esta relación de masa molecular, un barril estándar de petróleo (159 litros) libera de manera constante y predecible entre 400 kg y 430 kg de CO2 al quemarse completamente (variando ligeramente según la densidad y calidad del crudo, como su grado API o contenido de azufre). Los derivados, según el tipo de combustible, liberan cantidades un poco superiores o inferiores al petróleo, que es la materia prima.
El consumo de derivados de petróleo es una métrica directa de las emisiones al ambiente, por lo que, si el consumo de un país o sector económico aumenta un 10%, las emisiones directas por la combustión de este combustible aumentan prácticamente de forma proporcional en ese mismo 10%.
Entre otros aspectos, la política energética nacional ha provocado otros retrocesos, como los siguientes:
• Crecientes importaciones petroleras que aumentan constantemente las emisiones al ambiente y que desplazan la penetración de las fuentes renovables nacionales de energía.
• Elevada y creciente vulnerabilidad en el suministro nacional de energía, acompañada de una mayor volatilidad en la matriz energética.
• Escasa diversificación de la matriz energética nacional y una acentuada concentración en dos fuentes externas (petróleo y lluvias para la generación hidroeléctrica) que reduce la seguridad energética ya que están caracterizadas por una alta vulnerabilidad y volatibilidad en su disponibilidad.
Estas dos fuentes externas representan el 86,7% de la matriz de abastecimiento energético: los derivados del petróleo (70,7 %) y la hidroelectricidad (16 %). A causa de esta marcada dependencia del mercado petrolero internacional y de la variabilidad hidroclimática (agravada por sequías más severas y recurrentes en esta región debido al cambio climático), el país se expone cada vez más a un alto nivel de incertidumbre, así como a vulnerabilidades y fluctuaciones económicas y de suministro ajenas a su control.
• Un aumento permanente de las emisiones al ambiente del sector energético, incluyendo las emisiones de gases de efecto invernadero que aumentan continuamente la carbonización de la economía nacional (en lugar de descarbonizarla) e impactan el cambio climático.
• Una transición energética “a la inversa”, contraria a lo que se debe hacer, que ha inducido una petrolización permanente de la economía nacional, la cual llega a más del 70% del abastecimiento energético nacional y con una tendencia creciente.
La transición energética “en reversa o a la inversa” se da en el país porque el consumo de derivados del petróleo importados aumenta constantemente año con año en detrimento de las fuentes renovables nacionales.
El país es un consumidor petrolero creciente, muy activo y dependiente energéticamente del exterior, donde simplemente traslada las actividades primarias de la cadena petrolera (exploración, explotación, etc.) a otros países, que son los que se benefician con la generación de la enorme riqueza, empleo de calidad y recursos fiscales y no fiscales que estas actividades generan.
- Conclusiones
La política energética de Noruega cumple ampliamente con todos los requisitos de una buena política energética, lo cual se constata en los excelentes resultados directos e indirectos que el país ha estado obteniendo.
Como parte de esta política, se ha creado un modelo energético que reduce las emisiones al ambiente y crea una rápida transición energética hacia las energías renovables y una gran riqueza nacional que genera grandes beneficios económicos, sociales y ambientales directos e indirectos para el país, sus empresas y sus habitantes (actuales y futuros).
Este modelo destaca a nivel mundial por su exitoso enfoque energético dual: abastece su economía interna de manera creciente con energías renovables, al tiempo que mantiene al país como un importante exportador de petróleo y gas natural mundo para generar una gran riqueza nacional que mejora continuamente el bienestar de sus habitantes actuales y futuros.
Por el contrario, la política energética de Costa Rica no solamente no genera ninguna riqueza nacional, sino que además ha venido aumentando de manera creciente las importaciones petroleras (que generan riqueza en los países exportadores), aumenta los costos y las emisiones al ambiente y disminuye la seguridad energética.
Con una dependencia del petróleo importado que supera el 70 % de la matriz de abastecimiento energético nacional, y con una tendencia creciente, el país aumenta los costos de la energía, disminuye la seguridad energética y queda fuertemente expuesto a la incertidumbre, la vulnerabilidad y la volatilidad del mercado petrolero internacional, condicionado por múltiples eventos, incluyendo aquellos de origen geopolítico.
Entre otras cosas, la transición energética “en reversa o a la inversa” que tiene el país es un claro indicador del impacto negativo que ha venido teniendo la política energética nacional desde que se fusionaron los sectores ambiente y energía en un solo ministerio en 1990.
Esta situación queda evidenciada por la elevada y creciente participación del petróleo importado en el consumo energético del país, la disminución de la participación de las fuentes renovables nacionales y el crecimiento continuo de las emisiones al ambiente.
La comparación entre las políticas energéticas de Noruega y Costa Rica, analizada a lo largo de esta serie de cinco artículos, evidencia profundas contrastes en sus planteamientos y sus resultados.
Mientras que la política energética de Noruega impulsa al país hacia el futuro mediante impactos muy positivos y sostenidos en lo económico, lo social y lo ambiental, la política de Costa Rica genera consecuencias desfavorables en estas mismas áreas.





































