En esta columna se analizan otros elementos adicionales a los señalados en las columnas anteriores sobre las enormes diferencias que existen entre las políticas energéticas de Noruega y de Costa Rica y los resultados totalmente disímiles que estas políticas obtienen.
- Emisiones al ambiente por el consumo interno de petróleo: en Noruega disminuyen continuamente y en Costa Rica aumentan constantemente
Las emisiones de gases de efecto invernadero crecen en una proporción prácticamente directa y lineal (es decir, una relación cercana a uno a uno) respecto al aumento en el consumo de petróleo. Cada barril de petróleo quemado libera una cantidad fija y predecible de dióxido de carbono según su composición química.
Si el consumo de petróleo de un país o sector económico aumenta un 5%, las emisiones directas por la combustión de este combustible aumentan de forma proporcional en ese mismo 5%.
Las mejoras tecnológicas en motores y procesos industriales pueden hacer que el crecimiento de las emisiones sea ligeramente menor al del consumo bruto de petróleo.
La política energética de Noruega (basada en realidades, estudios estratégicos rigurosos y excelentes capacidades de implementación) ha venido logrando avances y resultados importantes que potencian el desarrollo económico y social y la protección ambiental.
La política energética de este país ha conducido a lo siguiente:
• Las emisiones de las actividades primarias relacionadas con la cadena de suministro del consumo petrolero interno de Noruega son decrecientes porque este consumo interno es decreciente.
• Entre el 2000 y el 2024, el consumo interno de derivados de petróleo de Noruega (de producción nacional) disminuyó un -33,5% , lo cual provocó una disminución proporcional de sus emisiones al ambiente durante ese período.
• Durante el período de 1990 al 2024, la participación de las energías no renovables en su abastecimiento energético pasó del 40,8% al 20,2%, lo que representa una disminución de -50,5% (principalmente petróleo nacional), siendo este país un gran exportador de petróleo y gas natural.
Los datos anteriores muestran que las emisiones del sector energético de Noruega han venido bajando significativamente como consecuencia de la exitosa y acelerada transición energética que este país ha venido realizando.
Entre muchos otros usos que potencian el bienestar nacional, una parte de la riqueza generada por las exportaciones de petróleo y gas natural de Noruega se utiliza para financiar e impulsar la transición energética hacia una economía baja en carbono, reduciendo continuamente el consumo interno de estos dos recursos naturales y convirtiendo estos dos combustibles fósiles en el motor esencial de su propio reemplazo en el país.
Como lo he señalado en varias ocasiones, los estudios muestran que “en gran medida, Noruega le debe su prosperidad a los yacimientos de petróleo y de gas natural”[1], los cuales han hecho que “sea uno de los países más ricos del mundo”[2].
Con la riqueza natural de su subsuelo y el manejo responsable de ésta en la superficie, este país ha logrado una ruta de prosperidad mundialmente reconocida, enfocada en el desarrollo sostenible, el desarrollo humano, el bienestar, la igualdad, la distribución de la riqueza, y la sociedad de la información y del conocimiento.
La prosperidad y la riqueza nacional provenientes del subsuelo no solamente radica en la extracción y exportación de estos dos recursos naturales, sino también en la forma como el Estado gestiona estas actividades y administra los enormes ingresos que recibe.
La política energética de Costa Rica (basada fuertemente en dogmas e ideologías, sin basarse en estudios estratégicos y sin capacidades de ejecución en muchos campos) es contraria a políticas como la de Noruega y provoca (por acción y omisión) retrocesos importantes en muchos campos y un aumento significativo y continuo en las importaciones petroleras y en las emisiones al ambiente (incluyendo gases de efecto invernadero).
La política energética que se ha venido implementando en Costa Rica, desde que se fusionaron los sectores ambiente y energía a nivel ministerial en el MINAE en 1990, sin realizar ningún estudio técnico, ha estado provocando, por acción y omisión, lo siguiente, entre muchas otras cosas:
• Un aumento continuo de la dependencia petrolera del país con las crecientes importaciones de los caros derivados de petróleo, las cuales han venido creciendo más rápidamente que el consumo de fuentes nacionales renovables de energía y en detrimento de ellas.
Además de impactar negativamente los costos de la energía, la seguridad energética y el ambiente con las crecientes emisiones, el país ha venido incumpliendo flagrantemente los compromisos internacionales de reducción de emisiones adquiridos dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), los cuales incluyen los compromisos adquiridos dentro del marco del Acuerdo de París.
Aunque las actividades primarias de la cadena de suministro (extracción, refinación, etc.), como cualquier sector industrial, generan emisiones, éstas son relativamente pequeñas ya que la gran mayoría de las emisiones al ambiente se generan en el consumo que realizan los diferentes sectores de la economía (como el transporte, la industria, la agricultura, el turismo, el comercio, las residencias, etc.).
La política energética de Costa Rica ha conducido, por acción y omisión, a lo siguiente:
• Las emisiones de las actividades primarias de la cadena de suministro del creciente consumo petrolero de Costa Rica se generan no se generan en el país. Se generan en los países de donde provienen las importaciones petroleras y en el trasporte marítimo que trae al país los derivados de petróleo importados. Es la creciente demanda petrolera nacional la que genera en el extranjero la parte proporcional de esas emisiones.
Con el traslado de la exploración, la producción o extracción y la refinación de petróleo a otros países, para abastecer las crecientes necesidades nacionales de derivados de petróleo, el país no evita que las emisiones a nivel de la oferta petrolera, correspondientes proporcionalmente a su consumo, no sean de su responsabilidad. Simplemente las traslada geográficamente a otros países.
• Las emisiones correspondientes al consumo petrolero nacional se generan en el país, y es casualmente en las actividades de distribución local y consumo de derivados de petróleo, donde más se generan emisiones al ambiente, que la política energética decidió que el país participara únicamente.
• Durante el período de 1990 (año en que se fusionaron los sectores ambiente y energía a nivel ministerial con la creación del MINAE) al 2024, la participación en el abastecimiento energético nacional de las energías no renovables (principalmente petróleo importado) pasó del 54.1% al 70.7%, lo que representa un aumento del 30,7% y la participación de las renovables pasó del 45,9% al 29,3%, para una disminución del -36,2%. Las emisiones al ambiente aumentaron de manera proporcional.
• Entre el 2000 y el 2024, el consumo interno de derivados de petróleo del país (importados) aumentó en un 98,2%[4], por lo que las emisiones al ambiente aumentaron de forma proporcional.
De esta manera, la política energética nacional decidió que el país participara únicamente en la última parte de la cadena de suministro, que es la distribución local y el consumo de derivados de petróleo importados (que por sí sola no genera riqueza nacional ni renta de recursos) y que es la etapa que por mucho genera la gran mayoría de las emisiones al ambiente (incluyendo gases de efecto invernadero que inducen el cambio climático) de la cadena de valor del petróleo (o del gas natural cuya cadena de valor es mucho más limpia).
Lo anterior a pesar de la gran riqueza nacional que estos recursos naturales generan con su explotación, que existe una ley vigente que lo autoriza, lo fomenta, lo promueve y lo regula (Ley 7399), que se ha probado que existe un importante potencial en varias zonas del país, que las importaciones petroleras han venido creciendo aceleradamente, donde éstas ya representan el 70,7% del abastecimiento nacional y con una tendencia creciente, y que las energías nacionales renovables representan el 29,3% y con una tendencia decreciente.
Como parte de esta política, se promulgó un decreto de moratoria petrolera que afecta también al gas natural.
- Emisiones por las exportaciones de petróleo y gas natural
Con respecto a las exportaciones de petróleo y gas natural de Noruega (y de cualquier otro país exportador), las emisiones de la cadena de valor son inducidas y son atribuibles al consumo que se realiza en los países importadores, ya que ellos son los que provocan la necesidad de ese suministro con su demanda petrolera y gasífera.
Si Noruega no exportara petróleo (o gas natural), no solamente dejaría de percibir los millonarios ingresos que obtiene por las exportaciones de petróleo, sino que su lugar como exportador sería tomado por otros exportadores, por lo que no se daría una reducción de las emisiones al ambiente y posiblemente este puesto sería tomado por otros exportadores que generan más emisiones que Noruega en sus actividades primarias, debido a que Noruega tiene normas y estándares ambientales muy estrictos.
Si Noruega retirara sus exportaciones, otros países productores y exportadores aumentarían su producción para capturar esa cuota de mercado y sus consecuentes ingresos millonarios.
Las emisiones globales se mantendrían prácticamente iguales, porque el volumen consumido en el mundo no disminuye de forma sustancial; simplemente cambia el origen del barril.
En el caso de Noruega, es posible que, en esa eventualidad, las emisiones más bien aumenten por la siguiente razón; no todos los barriles de petróleo se extraen con el mismo impacto ambiental porque los estándares y normas ambientales en los diversos países exportadores son diferentes y en muchos casos menos estrictas. La clave en este caso de radica en el hecho que Noruega posee una de las industrias de extracción más eficientes y con más bajas en emisiones del mundo.
Si el barril noruego (o de cualquier otro país con altos estándares ambientales) es reemplazado por productores con estándares y normas ambientales más laxos o técnicas más intensivas en carbono.
- Aspectos básicos para analizar el tema de las emisiones de la cadena de valor del petróleo y del gas natural.
Aunque el gas natural y el petróleo comparten el mismo origen orgánico (la descomposición de materia viva atrapada en el subsuelo durante millones de años), son sustancias muy distintas en cuanto a su composición física, química, extracción y usos. En cuanto a precios, el gas natural es mucho más barato, más limpio y genera mucho menos emisiones al ambiente.
Como se señaló anteriormente, la exploración, la extracción, el transporte por barco u oleoducto (o gasoducto) y la refinación de petróleo (o procesamiento del gas natural) no se dan en un vacío ya que ocurren de manera exclusiva para satisfacer una demanda final.
Por lo tanto, las emisiones en toda la cadena de valor son inducidas por la demanda. En el caso de las exportaciones, éstas se generan en lugares geográficos diferentes: las emisiones de las actividades primarias del suministro en los países productores y exportadores y las asociadas a la demanda (que son la mayor parte) en los países donde se consume.
Desde una perspectiva sistémica, la demanda (interna e internacional) actúa como la fuerza tractora que activa el motor de emisiones en cada uno de los eslabones de la cadena de valor.
La reducción de la producción en un país exportador traslada la producción a otros países exportadores (con el consecuente efecto de fuga de carbono a esos países).
En el mundo existen dos sistemas de contabilidad de las emisiones al ambiente: la contabilidad territorial y la contabilidad basada en el consumo.
Bajo el sistema de contabilidad territorial, los protocolos de inventarios de Gases de Efecto Invernadero (GEI), como los inventarios del IPPC, asignan las emisiones, por razones de facilidad y simplicidad, en función del lugar dónde ocurren físicamente.
Esta forma territorial de medir las emisiones tiene un problema, ya que “engorda” el inventario de las emisiones en las etapas primarias del país exportador, aunque el producto final, que es el que provoca estas actividades primarias (extracción, etc.), se transporta y se consume a miles de kilómetros de distancia del punto de origen.
Esto crea una asimetría estructural entre países productores/exportadores y países consumidores/importadores. La medición de las emisiones únicamente bajo el enfoque territorial permite a los países importadores "externalizar", "exportar" o “trasladar” la huella de carbono de la etapa productiva de su consumo a los países exportadores.
Bajo el sistema de la contabilidad basada en el consumo, se toma en cuenta en cuenta que la extracción y transporte de petróleo y gas natural para la exportación no son la causa primaria de la producción, sino la respuesta operativa a las decisiones de consumo, la matriz energética y las políticas de los países de destino que los consumen.
En la economía de la energía, las actividades de exploración, perforación, transporte por oleoductos/gasoductos o mediante buques metaneros (LNG) son una función derivada.
No existe una producción de hidrocarburos “en el vacío” o por simple inercia industrial; cada barril de crudo o metro cúbico de gas natural extraídos responden a un contrato, una expectativa de mercado o una necesidad de abastecimiento.
A pesar de lo anterior, en la mente de algunas personas no especialistas existe la creencia lo que se llama “la ilusión del cierre de la oferta”. Esta ilusión se basa en el supuesto de que cerrar o restringir la oferta de petróleo causará automáticamente que la sociedad deje de necesitarlo, lo cual, al ser una ilusión, no se ha hecho realidad en el mundo.
Este es un sesgo dogmático que a menudo se escucha en ciertas discusiones no especializadas donde se asume una relación de causa-efecto unidireccional simple entre la oferta y la demanda.
Si un país productor y exportador decide unilateralmente pausar o prohibir la extracción de hidrocarburos (como lo que ha hecho la política energética de Costa Rica con la promulgación del decreto de moratoria petrolera), el resultado no es la descarbonización del país o del planeta, sino un efecto de sustitución inmediata de esa producción por las exportaciones de otros países.
Ante esta eventualidad, el mercado internacional buscará ese mismo volumen en otros países proveedores (a menudo con estándares ambientales o con emisiones más elevadas), transfiriendo la renta económica o la riqueza nacional a otros países exportadores sin reducir las emisiones globales.
El caso de Costa Rica es claro. Como se señaló en la primera sección (y en columnas anteriores), las importaciones petroleras del país han venido creciendo aceleradamente desplazando a las fuentes renovables nacionales, y suministran ya el 70,7% del abastecimiento energético nacional con una tendencia creciente, mientras que las renovables abastecen el 29,3% con una tendencia decreciente.
Si bien la parte relacionada con las actividades primarias (extracción, etc.) generan mucho menos emisiones que las generadas en las actividades de consumo, todas las emisiones que se generan en las diversas etapas de esta cadena son atribuibles al consumo (sea nacional o internacional).
Si el consumo de petróleo o gas natural se dan en el mismo país donde se produjeron y se procesaron, las emisiones de toda la cadena de valor son atribuibles a ese mismo país.
Pero si el consumo se da en otros países diferentes de donde se produjeron, las emisiones de toda la cadena de valor son atribuibles a estos países importadores, ya que es la demanda la que impulsa la realización de todas las actividades de la cadena de valor previas al consumo.
El consumo final (ya sea por parte de un individuo, una empresa, un sector o un país) es el “gatillo” o el “disparador” que activa el proceso de exploración, perforación, extracción, transporte por oleoductos o barcos, refinación y distribución final.
Es igualmente importante tener presente que las emisiones al ambiente, dentro del marco de la cadena de valor del petróleo, se generan mayoritariamente a nivel del consumo, y que, en lo fundamental, todas emisiones dentro de la cadena de valor son impulsadas por la demanda, ya que la oferta responde a la demanda.
La principal acción para reducir la producción y el consumo de petróleo es la transición energética, la cual es impulsada por los cambios en la demanda, con acciones como la electrificación del transporte y de otros sectores, la eficiencia energética y el cambio hacia energías renovables los reduce progresivamente la oferta. La restricción de la oferta crearía una crisis económica y social y altos costos de la energía.
La descarbonización efectiva se logra “destruyendo” la demanda de combustibles fósiles, no asfixiando o limitando artificialmente la oferta para crear una crisis económica y social.
Una transición energética orientada hacia la demanda actúa sobre la causa y no sobre el síntoma. Al ofrecer alternativas más baratas, eficientes y limpias, el petróleo va a ir perdiendo su utilidad económica y social a través de las décadas.
Hay que entender bien la dinámica del mercado relacionada con la demanda y la oferta:
• Intentar reducir la oferta mientras la demanda nacional o mundial siguen intactas o son crecientes generaría un desajuste estructural inmediato y provocaría una crisis.
• Si los gobiernos limitan arbitrariamente la producción de petróleo sin haber sustituido las tecnologías que lo consumen, la necesidad sigue existiendo. La consecuencia económica inevitable es un aumento significativo en los precios y una crisis. Un barril de petróleo caro incrementa los márgenes de ganancia para los productores que quedan en pie, incentivando la extracción o el desarrollo de yacimientos en países con regulaciones más laxas (con el correspondiente efecto de fuga de carbono).
• Si se actúa sobre la demanda, como la electrificación de los usos finales y el aumento de la eficiencia energética, se elimina progresivamente la necesidad del recurso petrolero.
Hay que entender bien los impactos socioeconómicos y la viabilidad política:
• La energía es el insumo básico y transversal de toda la economía moderna. Por ello, la vía de la restricción de oferta acarrea serios problemas económicos y sociales.
• El petróleo no solo mueve vehículos particulares; mueve el transporte marítimo y público, los camiones de carga, la producción, empaque y distribución de los alimentos, la industria petroquímica (fertilizantes, plásticos, medicamentos y muchos miles de productos que la sociedad utiliza cotidianamente), entre muchas otras actividades. Un shock de precios derivado de recortar la producción encarece los alimentos y la cesta básica. Esto afecta desproporcionadamente a las familias de menores ingresos, que destinan un porcentaje mayor de su presupuesto a energía y transporte.
• Si la ciudadanía asocia la acción climática con escasez, apagones, desempleo, altos costos y facturas impagables, la resistencia política se dispara. Ejemplos históricos demuestran cómo las subidas bruscas en el precio de los combustibles pueden paralizar reformas ambientales enteras por protestas masivas.
• Geopolítica y seguridad energética. Restringir la producción en países con estándares ambientales estrictos mientras el consumo sigue alto suele trasladar el poder de mercado a regímenes autóctonos o poco regulados que usan la energía como arma geopolítica.
• Contabilidad de emisiones por huella de consumo (“Consumption-based accounting”). Este sistema evita la "fuga de carbono" (“carbon leakage”), donde un país importador de petróleo aparenta tener bajas emisiones industriales dentro de su territorio, pero impulsa indirectamente grandes volúmenes de emisiones en los países extractores y refinadores a los que les compra.
La fuga de carbono se da con el traslado de actividades (o parte de ellas en la cadena de valor, como la extracción) y de las emisiones correspondientes de un país a otros países.
• La paradoja de la “fuga de carbono”. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) son principalmente función del consumo, no de la oferta. Si un país se abstiene de una producción nacional de hidrocarburos pierde la riqueza nacional que se encuentra en su subsuelo y la enorme renta que esta riqueza genera. Pero si continúa consumiendo petróleo importado, y peor aún, con un consumo petrolero en alto crecimiento, como es el caso de Costa Rica, simplemente se externalizan las emisiones a otros países asociadas a las etapas primarias de la cadena de valor previas al consumo final y se traslada la generación de la riqueza del subsuelo a esos otros países.
- Consideraciones adicionales sobre el tema de las emisiones que se generan en toda la cadena de valor del petróleo y del gas natural y la relación causa-efecto
Un pozo petrolero (o de gas natural o de ambos) no genera automáticamente vehículos de combustión interna, ni fábricas y ni ningún otro centro de consumo.
La necesidad de consumir energía es impulsada por una compleja interacción de múltiples factores, incluyendo las necesidades económicas y sociales, el crecimiento económico, los cambios demográficos, las actividades productivas, los adelantos tecnológicos, y los hábitos y cambios en las preferencias de los consumidores, en los estilos de vida de la población y en otros factores del entorno relacionados con demanda
A continuación, se señalan varias falacias que algunas personas no conocedoras de estos temas señalan de vez en cuando:
• Falacia de la causalidad. La argumentación de que la oferta de petróleo (nacional o de cualquier otro país) induce el consumo de petróleo a nivel del país y a nivel internacional es una falacia. Esa afirmación toca el centro de la economía de la energía: la relación de causalidad entre la oferta y la demanda de hidrocarburos.
El producir más petróleo (o gas natural) no determina automáticamente un mayor consumo. La demanda de energía es estructural y rígida en el corto y mediano plazo.
El petróleo no se consume por sí mismo; se consume a través de la infraestructura que depende de él (como, por ejemplo, el número de vehículos de combustión interna en circulación, la capacidad de las refinerías, los complejos petroquímicos, las rutas de transporte marítimo y aéreo, y las plantas de generación eléctrica existentes).
Si un país descubre o extrae un millón de barriles por día adicionales de petróleo mañana, la población no compra instantáneamente más automóviles de gasolina ni las fábricas duplican su producción de plástico, entre muchas otras cosas.
La inercia tecnológica es un factor importante. Cambiar la matriz energética de un país o de un parque vehicular toma décadas. Por lo tanto, la oferta física por sí sola no genera "mágicamente" los aparatos o infraestructuras necesarias para utilizar ese recurso.
Si un país incrementa su producción, ese crudo entra a competir en el mercado internacional. Si la demanda global no cambia, el petróleo adicional producido simplemente desplaza a otro productor más costoso o se destina a reservas estratégicas.
En la práctica internacional, cuando la oferta en los países fuera de la OPEP Plus aumenta, los miembros de esta organización suelen recortar sus cuotas para equilibrar el mercado y sostener el precio, neutralizando el efecto de un aumento aislado de la oferta sobre el volumen global consumido.
• Falacia de que la oferta adicional de petróleo (o de gas nacional) impulsa las emisiones. La argumentación de que la oferta de petróleo es uno de los factores que impulsa las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial es errónea. Al igual que lo es la argumentación que si Costa Rica eventualmente produjera y exportara petróleo, gas natural o ambos, esto impulsaría las emisiones de gases de efecto que inducirían el cambio climático en el mundo y que, a su vez, impactaría a todos los países, incluyendo el nuestro.
Las emisiones futuras de la cadena de valor del petróleo responden a la demanda y están condicionadas (“lock-in”) en gran medida por la infraestructura actual y futura de consumo, como el parque vehicular, las calderas industriales, las plantas termoeléctricas y las rutas de transporte aéreo y marítimo, entre otras infraestructuras de consumo.
La restricción de la oferta solo generaría, entre muchas otras cosas, escasez, inflación energética, altos precios de la energía y recesión económica, sin un impacto sustancial en las emisiones reales.
• Falacia de la “falsa equivalencia”. La argumentación de que un país combate el cambio climático con la nula producción de hidrocarburos es una falsa solución si el país sigue consumiendo los mismos combustibles importados y, peor aún, de manera creciente, como lo ha estado haciendo Costa Rica con las crecientes importaciones petroleras. El verdadero compromiso climático se mide por la reducción del consumo de petróleo, no por la abstención extractiva.
• La falacia de la oferta inductora. La argumentación de que la oferta nacional o internacional de petróleo crea o induce su propio consumo comete el error de ignorar la estructura de la demanda inelástica y la naturaleza del mercado global de materias primas (“commodities”).
Producir más petróleo (o gas natural) no induce a la sociedad a consumirlo si no hay una necesidad económica previa. La oferta responde a las señales del mercado y, no al revés. Un pozo petrolero nuevo no genera compradores de petróleo por sí solo. Los consumidores pueden cambiar a otras fuentes de energía si la economía o la tecnología los favorecen, sin importar cuánto petróleo esté disponible.
Como resumen se puede señalar lo siguiente:
• El consumo de petróleo no aumenta por el solo hecho de que se descubra o se extraiga más crudo. Para que el consumo crezca, se requiere que la infraestructura de consumo aumente. No se da un aumento automático en el consumo por un aumento de la oferta.
• La producción energética es una respuesta (o reacción) a las necesidades socioeconómicas y tecnológicas de la sociedad. Confundir la disponibilidad de un recurso con el deseo o la capacidad estructural de consumirlo es ignorar los determinantes fundamentales de la economía energética y de la transición energética.
• La producción local de un país no dicta su consumo interno. Un país puede aumentar drásticamente su producción de crudo y exportarlo en su totalidad si su mercado interno no demanda dicho producto, o si no cuenta con la capacidad de refinación adecuada.
• Si bien un aumento masivo de la oferta puede reducir los precios y provocar un ligero “efecto rebote” en el consumo a corto plazo, esto no equivale a que la oferta genere la demanda. La demanda subyacente sigue dependiendo de la necesidad funcional de los sectores de consumo. En esta eventualidad de un aumento fuerte en las exportaciones, como se señaló anteriormente, la OPEP Plus reduciría sus exportaciones para mantener los precios en el mercado internacional a los niveles que ellos desean para maximizar sus ingresos.
- Continuación
En la siguiente columna (Parte V) se continuarán analizando las diferencias entre las políticas energéticas de Costa Rica y de Noruega y sus resultados.
[1] Norway Energy Information, Enerdata, https://www.enerdata.net/estore/energy-market/norway/
[2] Sovereign Wealth Funds as a New Instrument of Climate Protection Policy Wuppertal Institute for Climate, Environment and Energy, Germany, by Dr. Danyel Reiche, Research Group Future Energy and Mobility Structures, December 2008, https://www.wupperinst.org/uploads/tx_wibeitrag/WP173e.pdf
[3] Norway Economy, https://www.factrover.com/economy/Norway_economy.html
[4] Balance Energético Nacional





































