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Plácido encantó a los ticos

El tenor “ganó por goleada” en el concierto que ofreció el viernes anterior en el estadio Ricardo Saprissa

Carolina Barrantes
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En una noche perfecta, que brilló por su cielo totalmente despejado y la luz de la luna, el tenor español Plácido Domingo cantó sus dulces melodías a los costarricenses y se llevó el corazón de más de uno.
El magno concierto se realizó el viernes anterior en el Estadio Ricardo Saprissa, y contó con la asistencia de una cantidad considerable de público, que se maravilló con el carisma y la potencia de la voz de “El Granado”, como también se le conoce al europeo.
El asombro de los presentes se inició desde las 8.23 p.m., cuando en medio de un amplio despliegue de luces celestes y blancas, la orquesta de 85 músicos costarricenses, que acompañaron al cantante lírico toda la noche, inició el repertorio.
La primera obra en la lista fue la “Marcha húngara” de la ópera “La condenación de Fausto”, de Héctor Berlioz, cuyas eufóricas melodías fueron dirigidas por el director estadounidense Eugene Kohn.
Sería a eso de las 8.26 p.m., cuando el reducto morado estallaría en algarabía y aplausos sonoros, al aparecer en el escenario Plácido Domingo sonriente y con la personalidad soberbia que lo caracteriza.
Desde el primer minuto, el español demostró por qué es considerado como el “Tenor más grande de todos los tiempos”, ya que interpretó con su potente voz “Ô souverain, ô juge, ô père” aria de la ópera “Le Cid”, e hizo vibrar el estadio tibaseño en más de una ocasión.
Sus participaciones fueron intercaladas con las de las dos artistas invitadas, la mezzosoprano venezolana Nancy Fabiola Herrera y la soprano costarricense Iride Martínez, quienes estuvieron más que a la altura del europeo.
La primera hizo su debut con “Habanera” aria de la ópera “Carmen”, mientras que la tica interpretó “Je veux vivre”, de la ópera “Romeo y Julieta”.
Precisamente, Martínez arrancó vítores y múltiples aplausos de los presentes quienes se pusieron de pie, convirtiéndose en la segunda más alabada de la noche, ya que en su participación dejó a la luz la potencia y la calidez de su voz.
A pesar del frío que hizo en la velada, el tenor español vestido completamente de negro, regresó al escenario y siguió encantando a sus seguidores, que aguardaban con silencio sepulcral cada una de las obras.
Domingo concluyó la primera parte del programa con las arias “Winterstürme”, del compositor Richard Wagner; “Lamento de Federico” y “Adriana Lecouvreur”, ambas de Francesco Cilea. En esta última contó con la participación de la sudamericana.
Luego de cerca de 20 minutos de receso, que se volvieron casi una eternidad para los presentes, las múltiples luces del escenario y el sonido melódico de la orquesta dirigida por Kohn, dieron vida de nuevo al concierto.
El repertorio se reinició con el tan esperado dúo de la noche entre el tenor y la soprano costarricense, quienes interpretaron “Suzel, buon dí”, de Pietro Mascagni.
Los cantantes compartieron miradas cómplices, sonrisas y hasta un abrazo en el transcurso del aria, lo que acompañó su interpretación de notas altas y bajas, que merecieron el aplauso y la ovación del público.
El inicio de las obras en español y de las zarzuelas estuvo a cargo de la artista sudamericana, quien engalanada con un amplio vestido rojo, interpretó “De España vengo”, de Pablo Luna, y “En mi tierra extremeña”, de Federico Moreno, esta última a dúo con Domingo.
Iride Martínez, en medio de múltiples aplausos que la coronaron como la reina de la noche, regresó al escenario e interpretó “Me llaman la primorosa”, de Guillermo Perrín y Vico, con una energía contagiante y una amplia sonrisa.
Los presentes agradecieron su esfuerzo y premiaron su talento aplaudiéndole de nuevo de pie, a lo que ella respondió con una noble reverencia.
El tenor español “cerraría” la noche con las obras “Amor de mi vida” de Moreno Torroba y “No puede ser”, de Pablo Sorozábal.
Sin embargo, cuando todos los presentes daban por sentado el fin del concierto, el tenor “rompió” el protocolo y se dirigió al público con su potente voz.
“Estoy muy alegre por haber venido; nos han recibido con mucho cariño”, señaló Domingo.
Luego se atrevió a decir “la noche está fresquita, ¿verdad que no se quieren ir?”, a lo que los presentes respondieron al unísono un gran “no”!
Tal y como lo había prometido días atrás, el tenor ganó y por goleada en lo que fue su primer concierto en el país y en Centroamérica, con un amplio despliegue de composiciones rancheras y dos temas costarricenses.
El reducto morado se convirtió en un gran coro de miles de personas en piezas como “Caramba”, de Agustín Lara, que era una de las más esperadas de la velada, y “Paloma querida”, “Ella” y “El rey”, de José Alfredo Jiménez.
El tenor también cantó “Luna Liberiana”, del santacruceño Jesús Bonilla, y “Pasión”, de Roberto Arce y Pasión Acevedo, lo que el público agradeció con un fuerte aplauso.
Con este cierre espectacular el tenor demostró que a sus 67 años y casi cinco décadas dedicadas de lleno a la música, aún tiene mucho por entregar.
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