Marcello Pignataro

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Lunes 23 Febrero, 2009

Petróleo (Parte …)

Marcello Pignataro

Solicitando de antemano las disculpas del caso, por enésima vez mi columna lleva el título de hoy. No se trata de falta de imaginación para poner títulos, sino que pareciera que el tema es de nunca acabar. Nuevamente se anuncia que RECOPE está gestionando ante la ARESEP un incremento a los combustibles en nuestro querido y no sabemos si petrolífero país.
El precio mundial del petróleo viene en picada desde hace unos siete meses y, de momento, no pareciera que fuera a retornar a los altos niveles de un año atrás. Sin embargo RECOPE nos tuvo pagando la gasolina a precios de US$147 por barril durante unos cuatro meses, mientras el precio llegaba a casi US$40. A mediados de la semana pasada, y al momento de escribir esta columna, leo que el precio del barril llega a US$34,63 y RECOPE decide que es el mejor momento para solicitar aumentos en los combustibles. Está pidiendo ¢54 más en la gasolina súper y ¢48 en la plus. A estos montos les sumamos los ¢16 a la súper y de ¢18 a la plus que nos aumentaron hace un par de semanas.
Esto indica que la lógica de RECOPE es más o menos la siguiente: si el precio del barril sube, hay que subir los precios de inmediato; si el precio del barril baja, hay que bajar los precios unos meses después y, el mejor de todos, si el precio del barril sigue bajando, hay que volver a subir.
Estuve revisando la fórmula de cálculo de precios de combustibles que aparece en la página de RECOPE y, aparte de que es más complicada que cualquiera de los 23 problemas de matemáticas sin resolver (y por los que el Instituto Clay de Matemáticas, en Massachusetts, ofreció en su momento hasta US$1 millón por resolverlos), carece de cualquier practicidad.
Con la globalización de las comunicaciones, uno puede ver como, por ejemplo, en Estados Unidos (con el perdón de los diputados de aquí, que no les gusta que les comparen con los congresistas de allá), el precio del galón de combustible no solo se ajusta automáticamente día a día, sino que la libre competencia del mercado les permite a los usuarios escoger dónde quiere llenar el tanque de su vehículo.
Agilidad y libre mercado. Ambas extremadamente ausentes en Costa Rica y, específicamente, en lo que a combustibles se refiere.
Todavía no he llegado a explicarme cómo los negociadores del TLC dejaron por fuera el mercado de los combustibles. Vean nada más las ventajas que nos ha dejado el TLC solo en telecomunicaciones: mayor agilidad a la hora de comprar líneas celulares, abrieron una tienda para ejecutivos que quieren tener BlackBerry, bajas en las tarifas de Internet. Y todo esto sin que tan siquiera haya entrado a competir una empresa al país.
Nada más imagínense qué estaría pasando con los combustibles en Costa Rica si pudiéramos elegir la bomba de gasolina a la que queremos ir no solo por el servicio que nos presten y por el valor agregado sino, también, porque sabemos que en ese sitio específico nos venden el mismo combustible y a un mejor precio.
Sueños de opio… o de petróleo.