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Miércoles 14 Enero, 2009

Paternalismo estatal

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos El Río Pacuare

El Estado en su función subsidiaria, ciertamente debe proteger las situaciones de indigencia, y debe extenderla a los escasos ejemplos que la sociedad no puede atender, lo que es inaceptable es querer que esta excesiva seguridad se universalice, impidiendo el desarrollo de la sociedad y la construcción de instituciones más eficaces e independientes.

Está claro que el nivel a que se ha llevado el estado del bienestar ha traicionado incluso el pensamiento de Lord Beveridge, considerado como el padre del estado del bienestar moderno, quien había escrito: “el estado, al establecer la protección social, no debe sofocar los estímulos, ni la iniciativa, ni la responsabilidad”.

En el pasado, el estado de bienestar servía fundamentalmente como un instrumento eficaz para mediar en los conflictos de intereses entre el capital y el trabajo a nivel nacional. Actualmente las fuerzas de la mundialización han modificado el equilibrio de poder a favor del capital, por lo que es más difícil construir el tipo de alianzas sociales y políticas que han brindado un importante apoyo a los estados democráticos de bienestar.

Los gobiernos se ven a sí mismos cada vez más incapaces de satisfacer las necesidades de su población, especialmente de los más vulnerables: los desempleados, los pobres, los enfermos, las mujeres y los niños, ya que su poder para proteger el nivel de vida se ve gravemente recortado por la movilidad del capital mundial, que solo busca beneficios.

Los principales actores de este nuevo siglo son las empresas transnacionales, estas enormes organizaciones cuya riqueza y poder superan al de muchos estados-nación, tienen una capacidad para desplazar inversiones y recursos alrededor del mundo. Han introducido un factor mínimo de inseguridad en los estados individuales, lo cual complica la capacidad de los gobiernos para gestionar sus políticas macroeconómicas.

Mientras, el estado de bienestar, tal como se ha concebido y aplicado, ha sido perjudicial, por el daño que ha hecho a la mentalidad de los hombres de nuestro siglo, porque acostumbró al individuo de hoy a tener todas sus necesidades cubiertas sin ningún esfuerzo, desde la cuna hasta la tumba. Fomentado en la sociedad la corrupción y el uso de toda clase de artimañas para buscar el enriquecimiento rápido y sin esfuerzo.

El estado del bienestar no significa, que tengamos que renunciar a la búsqueda del bienestar social, significa, que hay que devolverle el protagonismo al individuo y a la sociedad, regresándole al estado el papel que le es propio.

Finalmente, los pueblos desarrollados, no deben su opulencia y grandeza al poder de sus gobiernos, si no al poder de sus individuos por su labor fecunda, los primeros son producto del egoísmo, más que del patriotismo.