Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Febrero, 2009

De cal y de arena
Paté de ganso o queso de chancho

Alvaro Madrigal

Trufas, paté de hígado de ganso, carnes de exportación y vinos franceses y espumantes. Refinado gusto el de los comensales que concurrieron a almorzar a uno de los más caros restaurantes del país. Poco ha de haberles preocupado la parsimonia obligada a esos funcionarios del Estado a cargo de resolver los problemas ingentes del sector vivienda. En medio de la desgracia de muchos compatriotas que perdieron sus casas en un terremoto, había que pedir champaña para celebrar la emisión de cierta ley y cargar la fiesta al erario público. Que luego el anfitrión revirtiese el paso, es otra cosa. La torta ya estaba hecha y más tardito se haría pública al precio de la lógica renuncia del candoroso anfitrión al que dejaron solito, tascando el freno, quienes debieron tener la indispensable elegancia de dimitir aunque fuese nada más que por elegancia.
Estos indulgentes liberacionistas me recuerdan a otros intransigentes liberacionistas que desde su curul diputadil reclamaban al presidente Mario Echandi (sin fundamento, como se demostró) cargar gastos personales a la partida de 20.000 colones anuales asignada por el presupuesto nacional a la alimentación y el servicio doméstico de la Casa Presidencial. Años después se usó la misma rigidez ética para desatar aquella espantosa ordalía contra el ex presidente Daniel Oduber al que hicieron imputaciones que nunca se demostraron en sede judicial. Ese “martes negro” que fue el 3 de agosto de 1989, un levita que pedía la cabeza del estadista dijo (consta en el acta) que “está por verse quiénes queremos salvar al partido de una catástrofe electoral y quiénes quieren que el partido se hunda en un Armagedón”. Veinte años después, ¿qué suerte corrieron aquellos valores y aquel partido? ¿Qué tal si hoy estuvieran vigentes aquellas exigencias éticas? ¿Qué habría pasado con la concupiscencia en la función pública, el tráfico de influencias, las contribuciones chinas, la embestida a las reservas naturales en montañas y costas, la tolerancia con Alterra, la arremetida contra las instancias fiscalizadoras, las consultorías y la desviación de fondos de la ayuda internacional? ¿Y el incumplimiento de deberes, que se esparce como plaga?

Desde luego, el caso no es el primero en la historia ni la repulsa que ha provocado significa el fin de los abusos. Gorrones (como les decíamos antes) siempre los ha habido y los va a haber, mas no con la permisividad ciudadana si el hartazgo es con dineros públicos.
La repulsa provocada por el episodio que involucra a la ministra de Vivienda y a personeros del BANHVI se explica por el desparpajo con que se materializó precisamente cuando al país se le pide austeridad y prudencia en los gastos porque la economía ha entrado en una crisis de la que puede salir la multiplicación del desempleo, la pobreza y la desigualdad. Y se ha mantenido en los primeros planos por la inelegante conducta de los protagonistas de la cena los que abandonaron en la conflagración al único que terminó procediendo con verticalidad. Con la alcahuetería, por supuesto, de la Casa Presidencial.