Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 10 Abril, 2012


Paralelismo


Tuve oportunidad de conocer la Argentina en el año 2002. El convulso 2002, año del corralito, de los cacerolazos y de renuncias al Gobierno.
Estos días de pausa y reflexión, en una Costa Rica resentida en su moral por las últimas revelaciones políticas, tuve oportunidad primero de recordar mi paso por Buenos Aires y releer la situación argentina de ese entonces. Pero también, de esbozar paralelismos entre estas realidades con diez años y miles de kilómetros de distancia.
Primero, me encontré con el bloggero Fernando Alvaro Bustos Inbrio y quien planteaba una confrontación más válida hoy, aquí, que nunca: ¿Frente al relativismo de conceptos como desarrollo, progreso o felicidad por qué no atender conceptos más afines a nuestras virtudes o a nuestros defectos como la corrupción, el individualismo, la anomia (colapso de la gobernabilidad), la viveza criolla y la responsabilidad ajena de nuestros problemas?
Son los últimos cinco desvalores los que marcan como es nuestra realidad y como será a futuro. No el vanagloriarnos de nuestra felicidad a ultranza y defenderla, de la misma forma. Dicho de otra forma, como en su momento pregunté en medios sociales ¿será que, por ser el país más feliz del mundo, estamos tan descontentos con lo que está ocurriendo en Costa Rica?
Para tratar de encontrar respuesta, busqué al psicólogo social argentino Angel Rodríguez Kauth, a quien había leído en su momento a propósito de la popular consigna que escuché en Buenos Aires en aquel viaje una y otra vez ¡Que se vayan todos!
A Rodríguez Kauth, la frase le resultaba simpática, a mí no a pesar de sus razones: “Simpática en cuanto refleja el sentir y pensar colectivo de repudio a los representantes de institutos vaciados de contenido llenos de corrupción, venalidad y banalidad como las políticas, gremiales, judiciales, empresarias, periodísticas, educativas, eclesiales, etc. Son instituciones de la democracia que en el vaciamiento se han convertido en una suerte de agujero negro (Hawking, 1988) lleno de nada; se traga la información o materia que pasa por sus cercanías (…) Ella refleja el vacío de ideas y propuestas bajado desde la matriz republicana. “¡Que se vayan todos!”, ¿y luego qué, la nada? Por eso es en apariencia simpática, repite la falta de compromiso de quienes exigen cumplirlo, pero sin proponer reemplazos”.
Nos preciamos de nuestras instituciones y de nuestra democracia centenaria. Sin embargo, padecemos de los mismos síntomas y nos debemos, como en el caso de la Caja, el que se atiendan oportunamente y no bajo sus mismos plazos.
Es innegable que hay una desilusión y que esta va in crescendo. Y quizás, en Costa Rica como dice Rodríguez Kauth de la Argentina, reduciremos los plazos de escándalos de tres días a simples 24 horas de vigencia. Y quizás, encontremos también la forma de involucrarnos y no pecar de paciencia o cobardía frente a lo que les heredamos a nuestros hijos.

Pedro Oller