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Los graves errores, los extremos, no han servido más que para satisfacer ciertas voluntades y sumir en problemas al resto de la humanidad

Para no repetir más errores

El incontenible derrame de petróleo en el Golfo de México, con toda razón, estremece al mundo. Los medios informan sobre el grave acontecimiento cuya magnitud ni siquiera es posible calcular.
Los mejores especialistas y expertos en la materia unen conocimientos y esfuerzos para tratar de identificar una forma viable de, al menos, detener en alguna medida el gigantesco daño provocado por la llamada “marea negra”.
Lamentablemente, en los últimos años el mundo ha tenido que vivir las consecuencias de graves errores que, una vez cometidos, aunque sus responsables hayan sido pocos, deben luego sufrir las grandes mayorías de la humanidad.
Dos ejemplos son de magnitud y consecuencias tan grandes como para que no hagan falta demasiadas explicaciones ni reflexiones para comprender su gravedad.
Los errores de quienes permitieron un manejo inadecuado y con extrema desregulación del sistema financiero en Estados Unidos, trajeron la crisis financiera y económica que aún hoy abate al mundo. Esto, originado por unos pocos, ha traído angustia, mayor pobreza y todo tipo de problemas a los diferentes países y a sus habitantes, ya sean estos empresarios, asalariados o desempleados.
De igual forma, la permisividad en la forma en que se realizan algunas explotaciones petroleras tiene hoy al planeta y sus habitantes amenazados por una catástrofe de inconmensurables proporciones que no se ha logrado, a la fecha, ni siquiera menguar.
¿En qué forma debería haberse manejado el sistema financiero para que reinaran la prudencia y la mesura en vez del desenfreno? No parece ser ningún secreto desconocido. Solo era necesaria la voluntad de hacer las cosas correctamente.
¿Cómo es que debería hacerse cualquier explotación petrolera o minera, o de recursos naturales en general, para que se garantice la ausencia de daños al planeta, al ambiente y a todos los seres vivos incluida la humanidad? No pareciera que en este tema tampoco haya desconocimiento. La profundidad a la cual es posible llegar para extraer petróleo sin riesgos y las medidas de seguridad para que así sea, parecieran tema que conocen muy bien los especialistas. Pero no son ellos generalmente quienes toman las decisiones ni establecen las regulaciones para la operación de todo eso.
Los extremos permitidos no han servido más que para satisfacer ciertas voluntades y sumir en graves problemas al resto de la humanidad. Ante estas evidencias, tan visibles como irrefutables puesto que es la realidad quien las muestra en toda su crudeza, solo podemos exigir que, al menos, sirvan para haber aprendido algo.
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