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Jueves 30 Junio, 2011


Panorama político


Ofrezco disculpas porque al no ser politólogo se me disimulan mis irreverencias, lo que aprovecho para hacer algunas disquisiciones en torno a nuestra política.
Hemos disfrutado de una democracia plena y escogido nuestros gobernantes con paz, libertad y respeto a los procesos con decisión de las mayorías. Esos logros que resultan quimeras para muchos países, nos han distinguido.
Para que se conserven puros los mecanismos se deben resaltar las estructuras políticas; dos partidos mayoritarios que, con algunas repeticiones, se han alternado en el poder; liderados por unos pocos caudillos. Desde mediados del siglo pasado, los adalides de los partidos han sido casi los mismos.
Tenemos un PLN en el poder que muestra fracturas entre los dirigentes dado que, desde fechas tempranas, un hermano de su caudillo dispuso “marcar cancha” anunciando su deseo de asumir la presidencia. Pareciera que finalmente se consolidará como candidato, aunque también se perciben otras figuras con algunas posibilidades.
Quien fue su principal contendor, el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), vio perder apoyo electoral por las acciones de algunos de sus ductores que obnubilados por las mieles del triunfo dejaron la probidad en entredicho. Esta agrupación tuvo algún apoyo por su tradición y fidelidad de algunos votantes, pero difícilmente levantará cabeza a pesar de sus principios a la causa social y sus raíces que le permitieron lograr la Reforma Social jamás imaginada por un pueblo
La primera fuerza opositora es el Partido Acción Ciudadana (PAC), que ha logrado aglutinar los votos de antiliberacionistas que huyeron del PUSC y otras agrupaciones, pero que por tener al frente un líder con mucho carisma pero sumamente rígido en sus dogmas, no ha logrado durante tres elecciones una mayoría que le permita salir airoso en las contiendas.
Un candidato conservador que predica con principios moralistas muy valiosos a los que lleva al extremo y que, cuando se le convence de la necesidad de innovar, lo rechaza sustentado en esos principios que carecen de contenido político.
Se han destacado en el PAC otros líderes como Epsy Campbell y más recientemente Román Macaya, quien pareciera tener una visión más amplia por su formación empresarial, pero no se percibe la posibilidad de que logre romper las cadenas con que el caudillo tiene atadas las estructuras del partido.
Otros líderes más recientes han tratado de levantar el estandarte, como Luis Guillermo Solís y el actual presidente de la Asamblea Legislativa, Juan Carlos Mendoza, pero falta mucho para considerarlos capaces de “romper carlancas”.
El tercer partido en importancia, los liberales del Partido Libertario (PL) que, como dijo Thomas Macaulay, está integrado por “una clase de hombres cargados de esperanza con audacia para la elucubración, siempre ejerciendo presión para avanzar, (…) y dispuestos a conceder valor a todos los cambios por ser mejoras”. Pero el pueblo les ha dado un apoyado limitado por manejar un discurso que promueve el giro a la derecha, que pretende eliminar el papel del Estado en procura del bienestar social y la justa distribución de la riqueza.
El PL anduvo en las pasadas elecciones coqueteando con el segundo lugar pero a la hora de la votación fue desplazado por el PAC. Pareciera que esa filosofía liberal le impedirá crecer más allá de lo logrado, a pesar de sus grandes inversiones en campaña electoral.
Cuatro partidos minoritarios obtuvieron algún apoyo, el PASE, sustentado en una propuesta utópica de pensión a edad menor a la actual, que difícilmente logrará emerger de nuevo dado que esa idea es un verdadero sueño; y los otros partidos que cuentan con solo una curul.
Recapitulando, tenemos por primera vez en la historia, a menos que el panorama realmente cambie, un partido político con amplias posibilidades de lograr una tercera administración continua, lo cual sería perjudicial para la alternabilidad del poder y el fortalecimiento de la democracia.

Alfredo Blanco Odio
Estadístico, abogado
Doctor en estudios latinoamericanos