Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 19 Noviembre, 2008

“Obviamente”

Hablando Claro
Vilma Ibarra

Cuando los periodistas le preguntaron a John McCain si pensaba colaborar con el gobierno del presidente electo —su hasta hace poco enconado archirival en una disputa electoral histórica—, el veterano senador no titubeó ni un segundo y contestó con un categórico: “Obviamente”.
Yo me quedé de una pieza. Y no es que me sorprendiera McCain. Si siempre lo consideré un verdadero héroe por haber tomado la decisión de cumplir una misión política de tal envergadura en un contexto tan adverso, la noche del 4 de noviembre sucumbí ante el político convertido en estadista cuando pronunció el memorable discurso de aceptación de la derrota. Un discurso que es y será por mucho tiempo motivo de estudio; pieza ejemplar de la POLITICA, escrita así con mayúscula. De modo que la respuesta de McCain no era sino el hilo lógico de la conducción de sus palabras y sus gestos de las últimas semanas.

Tras el encuentro privado del lunes, Obama y McCain emitieron además un comunicado preciso y directo en el que externaron qué temas y por qué razones están decididos a trabajar juntos. Primero resaltaron que “en este momento definitorio de la historia los americanos de todos los partidos quieren y necesitan que sus líderes se unan y cambien los malos hábitos de Washington”. Acto seguido allanaron el terreno para “iniciar una nueva era de reformas… con el fin de restaurar la confianza en el gobierno…” Y lo mejor, en 20 palabras se comprometieron a “encarar los desafíos críticos de resolver nuestra crisis financiera, crear una nueva economía energética y proteger la seguridad de nuestra nación”.

En la vida de los seres humanos —y la política es consustancial a la vida de los seres humanos— los simbolismos son muy importantes. De modo que en estos intensos días tras la elección, todos los pasos, las actividades, los gestos y las palabras de Barack Obama conforman un interesantísimo conjunto de símbolos que nos permiten intentar advertir el próximo paso. Obama tiene ante sí una gigantesca tarea, que por lo demás está signada por expectativas superlativas lo cual podría afectarle eventualmente, aunque estamos claros que eso es inevitable.

Por ahora, Obama está determinado a hacer sentir al ciudadano estadounidense que no seguirá solo en la crisis. Para ello, lanza mensajes de su determinación de propiciar espacios de acercamiento. Por eso no se ufana de cómoda mayoría en el Congreso y el Senado. No se sienta a ver pasar el cadáver de McCain, entre otras cosas porque no ve a su otrora rival como un cadáver sino como un necesario aliado en la crisis. MacCain, por su parte, no quedó anclado en los resultados del martes 4 y haciendo honor a su actitud de vida se levantó con señorío e hidalguía. De verdad, que un país necesita verdaderos estadistas para sobreponerse a sus errores.
Y eso es lo que me deja de una pieza. Pensar que carecemos de una POLITICA (así con mayúscula) como la de Estados Unidos, para reanimar la democracia.