Nuria Marín

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Lunes 23 Noviembre, 2009


Creciendo [email protected]
Obama, expectativas versus realidad

El aniversario de la elección presidencial de Estados Unidos ha provocado la proliferación de diagnósticos sobre la labor de Barack Obama. La pregunta de fondo: ¿habrá, luego de diez meses en la Casa Blanca, terminado la luna de miel?
El ejercicio del poder provoca un lógico desgaste de la imagen de quien lo ejerce. Significa enfrentar la realidad con acciones y programas concretos y ante todo priorizar. Se trata de pasar del dicho a los hechos y en el caso de Obama, dadas las altas expectativas que generó su elección, no es una hazaña menor. En general, el balance ha resultado positivo.
En el plano económico, debía hacerle frente a la peor crisis de los últimos 70 años, la cual parecía peligrosamente no conocer fondo, pese a los esfuerzos del gobierno de Bush, del concierto de las mayores economías y los iniciales esfuerzos de Obama.
Gracias a, entre otros, un nuevo paquete de estímulo económico por $787 mil millones, la aprobación del presupuesto 2010, y su liderazgo entre otros en las históricas iniciativas del G-20 la economía se ha estabilizado, y aunque lenta, ya se avizoran signos de recuperación.
Lo pertinente ahora es cómo acompañar esa mejora macroeconómica con más empleos de cara al 10,2% de desempleo, desarticular las crecientes presiones proteccionistas y a mediano plazo, cómo lidiar con los altísimos niveles de endeudamiento.
En el plano internacional ha promovido un giro de 180 grados dejando atrás el unilateralismo y poder duro de Bush, privilegiando el derecho internacional, el multilateralismo y un enfoque de derechos humanos y de respeto a las diversidades en un nuevo enfoque sustentado en el diálogo, la cooperación, la corresponsabilidad y el “poder inteligente.” Dicho giro le fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz.


La ruta no ha sido sencilla ni libre de traspiés. Destacan las controversiales elecciones en Afganistán, violencia en Irak y Pakistán, la inflexibilidad de Irán en el tema nuclear, la imposibilidad de cumplir con el cierre del centro de Guantánamo en tiempo y las dificultades para sentar en la mesa de negociación a palestinos e israelíes.
A nivel interno, ha promovido una ambiciosa reforma al sistema de salud (1/5 de la economía) la cual pretende ampliar la cobertura a quienes carecen de ella (más de 40 millones). En esa vía ha obtenido una importante victoria en la Cámara de Representantes pero le resta un duro camino en el Senado.
Sobre la mesa quedan aún muchísimos temas. El aumento de la pobreza y el hambre, la crisis energética, la crisis alimentaria según confirmó recientemente la FAO, o bien el cambio climático por abordarse en extenso en la próxima Cumbre en Copenhague, son tan solo algunos de ellos.
La crisis nos demostró la necesidad de Estados fuertes y la incapacidad de un solo país o un pequeño grupo de estos para solventar los retos por delante. Será necesario un nuevo enfoque de corresponsabilidad global en el que el “poder inteligente” de Estados Unidos tiene mucho que aportar.