Alberto Piedra, esposo de Jane Fraser, CEO de Citibank, dejó su carrera en el Bank of America en Europa para dedicarse a atender a sus dos hijos.
Matt Donohoe, esposo de Suzanne Donohoe, presidenta del consejo de administración de EQT Private Equity Company y EQT Infrastructure Company, decidió quedarse en la casa para cuidar a sus tres hijos adolescentes.
Doug Emhoff, el esposo de la excandidata presidencial demócrata de los Estados Unidos, Kamala Harris, renunció a su carrera de abogado para dedicarse a apoyar la carrera política de ella.
En Costa Rica, un joven de 36 años, el Dr. Miguel A. Torres, hace diez años, habilitó un espacio contiguo a su consultorio médico en Alajuela, para cuidar a su hija de cuatro meses de nacida. Su esposa tenía que regresar al trabajo, ya que en ese momento era indispensable el ingreso económico de ambos para la manutención del hogar. El asumió el cuido durante un año.
El esposo de una gerente general de una cadena de comercio en Costa Rica (no estoy autorizada a revelar su nombre) es el “amo de casa”. Lleva a los hijos al colegio, cocina, limpia la casa y lava la ropa. Gracias a su valioso apoyo en el trabajo doméstico, ella ha podido ascender al puesto más alto en la organización para la cual labora.
Otra importante líder de una empresa, mientras ella trabajaba y estudiaba, su esposo atendía a los dos hijos. Todas las noches él le preparaba a la niña un chupón de leche con chocolate antes de ir a dormir. Un día ella llegó temprano y lo preparó. La niña no lo quiso beber. Con toda inocencia comentó “No sabe igual a la de mi papá”.
Todos estos ejemplos se vinculan a la ruptura de roles tradicionales que designa tareas por el sexo biológico: hombres a la calle, mujeres a la casa. En todos los casos presentados, antes del hombre asumir el rol de cuidador, hubo un diálogo respetuoso. El cuido y el trabajo doméstico no fue producto de una imposición, sino de un minucioso análisis de para quién es mejor, adecuado y viable asumir el trabajo del hogar. Lo anterior, en resumen, promueve modelos de paternidad y crianza igualitarios y fomenta la conciliación laboral y familiar.
Es importante aclarar que las nuevas masculinidades no se limitan al cuido; también se vinculan estrechamente con la creación de entornos más seguros para romper círculos de violencia, al involucrar a los hombres como aliados. A través de la educación y el diálogo se alienta a los hombres a ser más cooperativos y menos dominantes, compartiendo el poder y el control en sus relaciones personales y profesionales.
Organizaciones como el Instituto WEM (Instituto Costarricense de Masculinidad, Pareja y Sexualidad) que se enfoca en el análisis y la construcción de nuevas masculinidades, basadas en la equidad y el respeto, propone que los hombres revisen los mandatos de la masculinidad tradicional que asocian la fuerza con la violencia, la homofobia y el control, para así desarrollar modelos más saludables y de autocuidado.
ONU Mujeres destaca que las nuevas masculinidades son cruciales para lograr la igualdad de género, para erradicar la violencia y la desigualdad, si hombres y niños aprenden a transformar actitudes y comportamientos, promoviendo relaciones corresponsables en la vida familiar, laboral y social.
Las nuevas masculinidades, no solo beneficia a las mujeres, sino también a los hombres, al liberarlos de la carga sicológica y económica de cumplir con roles de género restrictivos, lo cual aumenta su autoestima y favorece el crecimiento personal.
Al crear un frente unido, hombres y mujeres trabajando conjuntamente con empatía, libre de miedos y coerción, se promueve el respeto y la resolución pacífica de conflictos, lo cual contribuye a prevenir la violencia contra las mujeres.


































