Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 27 Mayo, 2009


Hablando Claro
Nuestro hospital

Durante años hice lo mismo. Cada vez que mi papá transitaba de la avenida central al Paseo Colón (tal era el sentido de la vía) y pasaba frente “al hospital” saltaba del asiento y me ocultaba en el piso del automóvil. Por alguna extraña elaboración de mi mente infantil yo estaba convencida que si me escondía nadie podría observarme y consecuentemente señalarme como candidata para regresar al internamiento. La escena era siempre observada, disimulada y comentada por padres, hermanos y parientes y con el paso del tiempo se convirtió en una anécdota recurrente de la que yo siempre me sonrojaba.

Tenía siete años de edad y el Hospital Nacional de Niños dos de haber abierto sus puertas, de modo que fui de los primeros centenares de infantes que accedieron a los beneficios de aquella modernidad de la seguridad social: un hospital único y exclusivo para los más pequeños. A mí me operaron de las amígdalas.
Para ser franca no había asumido este hecho de mi vida con su pleno significado hasta que el Presidente de la República ayer en su discurso de celebración del cumpleaños 45 de la creación del centro médico me lo recordó. Confieso que sus palabras me emocionaron profundamente pues logró evocar en mí los recuerdos almacenados de aquellos días ahora lejanos cuando me confundí con otros muchos niños de todos los rincones del país congregados en aquel inmenso recinto de la recuperación de la salud.

Con el paso del tiempo, mi temor al retorno dio paso a un inmenso sentido afecto, pertenencia y gratitud hacia “el hospital” y por supuesto, me convertí entonces en una asidua asistente anual —juguetes incluidos— a la ceremonia de iluminación del mejor árbol de Navidad del mundo, ¡el árbol del Hospital de Niños!
Sigo asistiendo cada año. Y ahora que mis hijos ya están grandes, se me ensancha el corazón cuando veo la cara iluminada de mi nieto frente a ese emblema de nuestra Navidad y doy gracias a Dios por su salud y pido por la de los niños que están tras los inmensos ventanales de nuestro hospital. Sí, nuestro.

Y como no puedo encontrar mejores palabras que las pronunciadas ayer por el presidente Arias, tengo que parafrasearlo: de verdad se puede decir mucho de mucho de una sociedad por la forma en que trata a sus niños. Y yo también me siento orgullosa de lo que ese maravilloso hospital dice sobre nuestro pueblo.

¡Feliz cumpleaños!