Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 20 Abril, 2015

Necesitamos que la economía crezca más aceleradamente


Disyuntivas
Nuestra desacelerada economía

Hace varios trimestres lo estamos viviendo, y las cifras más recientes lo siguen confirmando: a pesar de que no crecemos muy rápido, nuestra economía lo hace cada vez con un ritmo menor.
Primero una nota de precaución: si nos comparamos con América Latina salimos bastante bien, pero el tema es que la mayor parte de las naciones viven un periodo de muy lento crecimiento, y nuestra región es de las más atascadas. Esto no es simplemente consuelo de tontos. Si el mundo tiene dificultades para crecer, no podemos ser ajenos a ese fenómeno, pues una pequeña y muy abierta economía como la nuestra recibe una muy fuerte influencia de la economía mundial.
El reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) de Perspectivas de la Economía Mundial del pasado 15 de abril nos muestra las dificultades económicas que enfrenta el mundo. Las economías más avanzadas ya desde antes de la gran recesión venían experimentando una disminución en su potencial de crecimiento, por el envejecimiento de su población y una caída en el aumento de la productividad. A ello se une el que no todas las naciones han podido superar los efectos negativos de esa crisis financiera, la cual sigue debilitando el crecimiento posible. También es preciso —en muchos países— ajustar sus precios relativos frente a la caída del petróleo y el rebalanceo de las monedas con grandes movimientos en los tipos de cambio.
El FMI considera que el crecimiento podrá ser mejor al de 2014 en los países avanzados, pero más lento en las naciones emergentes y en desarrollo. En las primeras hubo un ligero aumento en el crecimiento en 2014 llegando a 1,8%, y ahora se espera que puedan alcanzar un 2,4% este año y el entrante. En cambio las economías en desarrollo que ya habían experimentado una caída de 0,4 puntos porcentuales en su crecimiento en 2014, volverán a tener una disminución similar en 2015, ubicando su tasa de aumento de la producción en 4,3%. Latinoamérica está especialmente golpeada. En 2014 bajó de 2,9 a 1,3% su crecimiento y para este año se pronostica solo de un 0,9%.
Frente a esos números, el 3,8% de crecimiento para Costa Rica en este año, pronosticado en ese informe de la semana pasada del FMI, puede parecer muy ventajoso, pero la desaceleración de nuestro crecimiento es un fenómeno real, importante y demanda respuestas.
Desde la segunda mitad de 2013 los indicadores se vienen manteniendo. La serie de información trimestral del Banco Central nos señala que el PIB en términos constantes tiene un crecimiento cada vez menor cuando se eliminan factores estacionales.
El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) también muestra, en su medición mensual de la tasa de cambio anualizada, una tendencia descendente desde mediados de 2013.
Si queremos bastantear como se presenta el futuro, un indicador es la inversión que se realiza en el presente y que nos señala cómo se expande la capacidad productiva. Si se toman en cuenta los inventarios, la formación bruta de capital muestra desde el segundo trimestre de 2014 una caída como proporción del PIB. Pero si solo se toma en cuenta capital fijo, tanto en maquinaria y equipo como en edificios, más bien esa proporción aumenta, lo cual es esperanzador.
Aunque no sepamos con claridad la magnitud del desempleo, sabemos que es alto comparado con las décadas anteriores, que la pobreza no disminuye y que algunas medidas de desigualdad se han incrementado. Para resolver estos importantes problemas humanos necesitamos que la economía crezca más aceleradamente.

Miguel Ángel Rodríguez