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COLUMNISTAS


Nuestra lucha por la vida pasa por la defensa y protección de nuestras fuentes de trabajo

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 17 abril, 2020


Sinceramente

Estamos en aislamiento personal. Las tiendas y fábricas, las plantaciones y bancos están cerrados. Centenares de miles de personas han debido escoger entre ganarse la vida y evitar el contagio. El turismo y los servicios se han paralizado debido al cierre de fronteras, la suspensión de vuelos y las limitaciones de circulación que prevalecen en el país.

En estos momentos la población consume sus reservas de efectivo para comer y comprar cosas absolutamente indispensables. En estos momentos las empresas sin ningún ingreso ni venta se encuentran pagando sueldos y salarios con los pocos recursos disponibles o con uso de préstamos hechos para tal efecto.

Levantadas las restricciones, el restablecimiento del comercio, de la producción y de la exportación no será inmediato ni a los niveles alcanzados previos a la crisis. El pago de sueldos y salarios, impuestos y contribuciones, deudas e intereses de préstamos volverán a surgir y no serán pocos los que cerrarán sus puertas para siempre. Empresas grandes y antiguas, empresas pequeñas y nuevas así como emprendimientos recientes cerrarán sus puertas inevitablemente.

Es de esperar que el desempleo crezca y que la recaudación fiscal se desplome como sucedió durante la administración de don Oscar Arias en el período 2007 al 2008 cuando el embate de la crisis financiera internacional arrolló al país. Entonces el problema fiscal crecerá y el problema de las grandes instituciones autónomas como la CCSS y el ICE se mostrarán en toda su magnitud. Si se produce una devaluación severa ambas perderán grandes sumas por diferencias cambiarias. El valor real de las pensiones se verá disminuido.

Hay que desamarrar la tramitología para lograr que las empresas, los trabajadores independientes, los profesionales y los emprendimientos nuevos que inicien puedan fácilmente producir, emplear, vender, exportar y generar el crecimiento necesario para que el país pague su parte de la cuenta de esta pandemia. No podemos olvidar que es el sector privado el que genera el pago de los salarios y prestaciones públicas. Somos los costarricenses quienes con nuestro consumo e impuestos a nuestro ingreso sufragamos los costos del estado.

El sector privado mantiene al sector público y no es su enemigo. Debemos dejar a un lado la discusión de si el estado es el enemigo de la empresa privada cuando ésta es la que lo mantiene. Debemos dar también por superado que es mejor que todo sea propiedad estatal. En esta sociedad todos tenemos nuestro puesto y somos necesarios y útiles. No busquemos nuevos conflictos.

Algunos costarricenses buscan afanosamente el regreso a los sistemas proteccionistas, sí, a la Costa Rica de los años sesentas. Altos precios internos para los productos para que los nacionales puedan producir, con sueldos y salarios regulados, altos aranceles a la importación de bienes y servicios extranjeros y que el pueblo pague por la producción costarricense aunque no sea competitiva, y sus precios sean en exceso de los cobrados en el extranjero por similares productores. El proteccionismo empobrece a los que menos tienen.

Recordemos que la única parte de la economía que tenía un crecimiento acelerado antes de la pandemia era el sector exportador y cómo la producción interna estaba deprimida. Hay que replantear qué podemos y debemos producir internamente. Lo que no nos desarrolló antes en el proteccionismo no nos desarrollará ahora. Crecer el estado tampoco es solución ya que sería una carga inaguantable para los productores y emprendedores sobrevivientes.

La vida es un equilibrio. Requerimos del estado y la administración eficiente de los asuntos comunes. Los agentes económicos del país no pueden ni deben de ser vistos por los estatistas como vacas de ordeño. Si se exceden los productores nacionales levantarán sus tiendas y se irán a un mercado menos hostil para trabajar.

La recuperación económica debe nacer del equilibrio y con gran humanidad y tacto deben de irse resolviendo con pragmatismo los problemas de todos y cada uno de los trabajadores y de los productores. Hay que dejar que el mercado funcione y hay que esperar que las brechas sean resueltas por intervención del estado.

La pandemia la habremos de superar y es menester que la crisis económica y el costo de la pandemia no nos hagan morir de hambre a todos. Por lo que con humanidad, generosidad y sentido de solidaridad deberemos de abordar la solución a estos problemas.

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