Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 26 Mayo, 2016

La sequía de títulos en los últimos torneos cortos carga de presión a la dirigencia del Alajuelense.
La poca tolerancia de sus miles de seguidores y la frustración que repiten una y otra vez, con coronas que se fugan y derrotas letales en su propio territorio, hacen que inunden las fatídicas redes sociales con opiniones contrarias al trabajo del equipo que lógicamente repercute en las altas esferas.
La junta directiva de la Liga un Invierno sí y el siguiente Verano también, queda contra la pared.
El ansiado título número 30 no llega, la familia eriza se rebela, se alborota, se cierran los espacios de maniobra, se nubla la mente y cae el técnico de turno.
Ayer Hernán Torres y hoy Javier Delgado, por rutas idénticas aunque con diferente verdugo. Al primero lo botaron “los princesos” y al segundo, Hernán Medford.
El colmilludo técnico del Herediano desafió a su colega manudo repitiéndole la misma formación en los dos partidos finales. Conociendo al enemigo, el estratega rojinegro nunca pudo descifrarlo, aquello fue un sudoku, una sopa de letras, un crucigrama, que Javier Delgado no pudo o no supo descifrar, resolver, ni siquiera inquietar y pagó con su cabeza.
La superioridad del Team fue tajante y como el León ni siquiera gruñó, no asustó, no metió un gol y se durmió en su jaula, el entrenador paga los platos rotos por la inoperancia de sus dirigidos y desde luego, sus propios errores tácticos, tan evidentes en la alineación del equipo y en las variantes durante el desarrollo de las confrontaciones.
En otras circunstancian no tan apremiantes ni cargadas de alta tensión, quizá “El Sheriff” hubiera seguido al frente de la Liga. Hoy el escenario es otro porque la sequía de títulos no da espacio para el análisis a largo plazo.
No es nada conveniente que por cada título que se escapa, se despida al entrenador de turno; no es propio de dirigentes veteranos y maduros, pero en el caso específico del Alajuelense, la presión es tan monumental que no da cabida a los buenos pensamientos. No había más remedio que echar a Javier, es el mensaje que envía la dirigencia del León.
Tampoco la forma en que se hizo fue la correcta, luego de votos de confianza, seguridad en la permanencia y menos que lo despidan estando la víctima fuera del país. Todo apunta a un estado anímico poco conveniente: ¡desesperación!