Gaetano Pandolfo

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Miércoles 31 Mayo, 2017

William Corrales trascendió y dejó huella en el deporte

William Corrales pasó por el deporte para servirlo y no para servirse; la jerarquía no lo contaminó a pesar de que en su larga trayectoria como dirigente deportivo, alcanzó la máxima posición: Ministro de Deportes.
Fue un digno sucesor en la Dirección de Deportes de otro dirigente limpio e impecable, de esos que trascienden como lo fue don Alfredo Cruz Bolaños.


En los años 70 la Universidad de Costa Rica paseaba a sus equipos representativos de título en título. El equipo de fútbol se lucía en la primera división con una dirigencia de lujo: el recordado Bernabé Sequeira, Jaime Weisleder, “Bayito” Mora, Luis Fishman, Gabriel Zamora, Jorge Muñoz, etc., etc.
El quinteto de baloncesto que dirigía el Macho Tabash coleccionada títulos con Elías Valenciano, Goyito Morales, Manuel Bello, Germán González, Víctor Aymerich, Osvaldo Pandolfo, Eduardo Chavarría, Carlos Ruiz y otros.
Mario Zeledón como receptor lideraba la tropa del temible equipo de béisbol, con el inolvidable “Topo Gigio” como utilero.
Fue en esa época dorada de los 70, que en el Gimnasio Nacional empezó a descollar en el voleibol la figura de don William Corrales, el joven que se vino de San Carlos a conquistar el mundo deportivo costarricense. Corrales fue un exitoso dirigente del voleibol criollo; lo guio a la cumbre y ese éxito le permitió después incursionar en otras disciplinas deportivas.
Trabajador, responsable, de bajo perfil, dejó huella por todos los escritorios donde laboró en el deporte y en la política. Impulsó con otras destacadas figuras los Juegos Nacionales, fue líder cooperativo, diputado y la comunidad sancarleña le agradece la cadena de obras comunitarias que plasmó en su ciudad natal, esa que lo despidió el pasado fin de semana con todos los honores.
Me tocó compartir con William Corrales, eventos deportivos en esa década 70-80 que me permitieron valorarlo en una de sus más grandes cualidades: siendo figura, nunca le gustó figurar.
El voleibol, el fútbol, el ciclismo, la política lo vieron caminar en su interior con un trabajo de hormiga, hacia adentro y no hacia afuera, siempre en procura de mejorar, de ayudar, de cooperar y por eso don William dejó huella.
Este hombre, orgullo de Ciudad Quesada se nos fue de repente, su enfermedad y deceso se dio de forma rápida, diríamos que fulminante, lo que produjo entre quienes lo conocimos sorpresa y mucho dolor.
El Salón de los Inmortales; la Galería del Deporte te espera, querido amigo.
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