Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

Enviar
Lunes 18 Febrero, 2013

Los cambios no siempre son malos. Muchos esperamos un mundo mejor, más tolerante, lleno de solidaridad, ajeno a la violencia y a la prepotencia, lejano a la injusticia, pleno de respeto


No somos nada

Siempre me ha impresionado cómo, viviendo en un país tan pequeñito como el nuestro, muchos compatriotas se sienten importantes, poderosos, intocables.
La vanidad, el “mirar por encima del hombro”, la arrogancia y el irrespeto por los demás impera en algunos que desconocen el término humildad.
Aunque no somos el país más pequeño, Costa Rica solo representa el 0,12% del continente americano y el 0,01% de la Tierra. Si a eso le sumamos que nuestro planeta no es más que un pequeño punto en el universo, queda claro que prácticamente no existimos. Por lo menos en la irreal dimensión que algunos asumen.
Hace casi cien años la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) era el estado más grande del mundo. Pese a todas las divisiones que se dieron durante las últimas décadas, lo que queda de la U.R.S.S., Rusia, es, territorialmente, la novena parte del planeta: 17 millones de kilómetros cuadrados.
Y ahí, en ese lugar de la Tierra, sobre los montes Urales, estalló un meteoro causando miles de heridos, enormes pérdidas materiales y un estado de pánico difícil de controlar.
El impacto fue inesperado. Si bien hace un año se descubrió en el Observatorio de la Saga, en Granada, el asteroide 2012 DA14 que el viernes pasó a 27 mil kilómetros de nuestro planeta, los científicos aseguran que no existe relación entre ambos fenómenos.
Si el famoso asteroide de 50 metros de diámetro hubiera caído en algún lugar de la Tierra, la explosión hubiera superado mil veces los estragos causados por la bomba de Hiroshima en 1945.
Tres días antes del suceso estelar en Rusia, Corea del Norte había realizado una tercera prueba nuclear, desafiando a la comunidad internacional y siendo condenado hasta por su más cercano aliado, China.
El segundo lunes de febrero de 2013, el primer día del año de la Serpiente según el calendario chino, nos despertamos con una noticia insólita: la renuncia del Papa Ratzinger. Luego de cinco siglos de Papas que se mantuvieron en la silla de San Pedro hasta la muerte, Benedicto XVI, argumentando razones de edad, fuerza y salud, se retira.
Las estructuras de poder dentro del Vaticano y las fuerzas políticas que se mueven dentro deben ser las causas primarias de esta decisión.
Algún día lo sabremos, es cuestión de tiempo. Siempre y cuando los bombardeos de fuera y dentro del planeta no terminen antes con la vida terrícola.
Para los supersticiosos los cambios tan vertiginosos que está viviendo la realidad, lo establecido, lo inamovible, pueden deberse al inicio de un nuevo milenio, al final del decimotercer baktún del Calendario Maya, a las profecías de Nostradamus, al número 13 o a cualquier otro aspecto mágico.
Los cambios no siempre son malos, al contrario. Muchos esperamos un mundo mejor, más tolerante y pacífico, menos conservador, lleno de solidaridad, ajeno a la violencia y a la prepotencia, lejano a la injusticia, pleno de respeto, sin persecuciones religiosas, sexuales e ideológicas.
Si los humanos no logramos cambiar para bien, mejor que nos aplaste una lluvia de meteoritos. Igual, no somos nada.

Claudia Barrionuevo

[email protected]