Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 13 Enero, 2016

 Una grandísima cantidad de costarricenses vive y trabaja al margen de la formalidad (...) porque las barreras que construyeron los reglamentos y regulaciones les impiden siquiera sobrevivir legítimamente

No poner más palos a la carreta


Consciente o inconscientemente, las entidades públicas nacionales y municipales han venido poniéndoles cada vez más palos a las carretas de los costarricenses.
Cada año les agregan más y son fáciles de reconocer: trabas, requisitos, permisos, papeleo, patentes, restricciones, impuestos, cargas sociales, planes reguladores, uso del suelo, retiros, etc. Aunque cada uno, por sí mismo, pueda parecer inofensivo, cuando se junta con los demás, representa una carga muy pesada.
Puesto a resumir, la principal tarea de un gobierno es dar confianza, seguridad (jurídica y ciudadana), instrumentos (inversión en capital humano) y, si me apuran: no ponerle palos a la carreta y, más bien, ayudar a empujarla (a los que no pueden por sí mismos). Sin embargo, nuestros gobiernos e instituciones no solo no ayudan a empujarla, sino que se encaraman en ella y le agregan nuevos palos.
Y después se preguntan, ¿por qué si el gasto público de educación, salud, vivienda y ayuda social, ha aumentado tanto (más del doble per cápita en términos reales, más del 5% del PIB) en las últimas dos décadas, la pobreza más bien ha aumentado? ¿Por qué si la carga tributaria total es superior a la que teníamos 20 años atrás, hemos aumentado el déficit fiscal de manera tan descomunal? ¿Por qué, a pesar del discurso populista, somos mucho más desiguales hoy que hace apenas diez años?
Una grandísima cantidad de costarricenses vive y trabaja al margen de la formalidad, no por vocación de saltarse las barreras legales necesarias, sino porque las barreras que construyeron los reglamentos y regulaciones les impiden siquiera sobrevivir legítimamente.
Cientos de miles de compatriotas viven en casas construidas al margen de la normativa, porque de cumplir las regulaciones, no tendrían jamás un techo.
Cientos de miles de costarricenses chapucean hoy en trabajos informales y sin garantías, porque se han impuesto requisitos, costos, trámites y rigideces laborales que dificultan su formalización.
Cientos de miles de costarricenses la pulsean en la economía informal, porque no pueden legalmente abrir sus negocios, cumplir regulaciones y requisitos absurdos, o pagar mordidas a funcionarios inescrupulosos.
Se dice que los pueblos prosperan de noche, cuando los gobiernos duermen. En Costa Rica, ya ni siquiera pueden hacerlo en la nocturnidad, porque no faltarán comisarios incisivos que buscarán impedirlo.
Hace casi 30 años, se publicó en Perú, un libro revolucionario: “El otro Sendero” de Hernando de Soto, con prólogo de Mario Vargas Llosa. Un libro que se pregunta: ¿Por qué surge y se consolida la informalidad? ¿Por qué tantos millones viven y trabajan al margen de la ley? ¿Por qué la ley dejó de ser un instrumento para el respeto de la propiedad, los contratos y los derechos ciudadanos, y se convirtió en herramienta para dificultar el progreso?
En estas elecciones municipales, convendría preguntarnos si los candidatos se percatan de esto o si más bien proponen nuevas regulaciones, más impuestos y multiplicar las trabas. Que los cánticos de sirena de las propuestas municipales, no los pierdan y terminen poniendo más palos a las carretas.

Rodolfo E. Piza Rocafort