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Martes 15 Noviembre, 2016

¿Qué diferencia a los líderes criollos de Donald Trump y sus seguidores? Nada

No le teman a Trump

Pamela Cunningham Chacón
Activista afro-feminista

Es claro que el triunfo del candidato republicano en las más recientes elecciones estadounidenses ha sido un balde de agua fría para los que siempre tuvimos la esperanza de que el pueblo norteamericano rechazara sus raíces conservadoras y racistas. En nuestro país, he escuchado conversaciones, actualizaciones en redes sociales, artículos de opinión y hasta programas televisivos llenos de reproches contra este acto racista, homófobo y misógino. Muchas personas están temerosas de lo que puede pasar en ese país ahora y del efecto que pueda tener en el nuestro. Sin embargo mi posición es un tanto diferente, pienso que no hay que temerles a Trump y sus resultados electorales. De él y sus seguidores no es de quien debemos cuidarnos.
Las razones por las que un candidato tan claramente incompetente fue declarado vencedor son muchas, algunos culpan a la economía, otros al abandono del sistema hacia los blancos pobres y faltos de educación. Yo en cambio creo que una de las principales y más fuertes razones es el racismo; el rechazo a la multietnicidad, pluriculturalidad del país, al progreso e inclusión de las mujeres y las personas diversas en todos los ámbitos del quehacer nacional. Y es ahí donde debe estar nuestra mayor preocupación, porque esto no es un fenómeno único y aislado a los Estados Unidos, esto lo vemos pasar hoy mismo en Costa Rica.


Tenemos diputados antiderechos, pidiendo el cierre de instituciones que se formaron para lograr la igualdad y equidad de las mujeres. Candidatos que niegan la humanidad de la comunidad LGTBI y sus derechos más básicos. Hay quienes niegan los avances científicos para evitar métodos modernos de planificación y anticoncepción familiar. El mismo Estado ignora tratados internacionales ya ratificados, con tal de no crear un protocolo de interrupción terapéutica del embarazo.
¿Qué diferencia a los líderes criollos de Donald Trump y sus seguidores? Nada. Son los mismos, están buscando el mismo resultado: quitarles o negarles derechos humanos básicos a grupos, colectivos y personas con los que están en desacuerdo por su género, sexo, raza, etnia o religión.
Pero no solo nos debemos concentrar en los candidatos políticos, generadores de opinión y representantes estatales. Tenemos que evaluar el trabajo de nuestras instituciones, que han dejado grupos específicos de población al margen del progreso. En nuestro país, los hombres y mujeres negras de zonas rurales son los que cuentan con menor nivel educativo, mayor deserción escolar y menor acceso a la seguridad social, según el censo de 2011. También somos el grupo con mayor nivel de mortalidad infantil y con menor nivel de ingreso a la educación superior. No contamos con una educación inclusiva que refleje nuestros aportes históricos a nivel económico, social e intelectual. No nos vemos representados y representadas en los puestos de liderazgo. Y yo me pregunto, ¿No es esto un ejemplo más de un racismo estructural, similar al de Estados Unidos? ¿Qué acciones concretas se están tomando para mejorar nuestra situación? ¿Será que aquí, las vidas negras tampoco importan?
En lugar de temerle a Donald Trump, su gabinete y seguidores, debemos concentrarnos en asegurarnos que lo que pasó allá no pasé aquí. Usted y yo lo podemos lograr involucrándonos en nuestras comunidades, dejando de lado el individualismo y apoyando la solidaridad. Trabajando desde la sociedad civil para evitar que líderes que predican el odio desde púlpitos, computadoras y curules aumenten su poder político y tomen decisiones que nos afecten a todos y todas. Tenemos que discutir sobre el racismo y la xenofobia que nos invaden, dejar de negar su existencia. Enfrentar directamente el machismo en todas sus formas y asegurarnos de que las desigualdades disminuyan.
¡Involúcrese! Porque solo usted puede detener el avance del conservadurismo machista, racista y homofóbico que también está creciendo en nuestro país; ¡y a ese sí hay que temerle!