Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 12 Febrero, 2009

VERICUETOS
¡No hay almuerzo gratis!

Tomás Nassar

Ya estaremos cansados de lo mismo. De mi parte prometo hacer mutis a partir de ahora.
El tema del almuerzo de doña Clara, don Ennio y su ilustre comitiva se ha convertido en un verdadero vericueto culinario y una fuente inagotable de enseñanzas de todo tipo.
Ha permitido a muchos conocer sobre exquisitos platillos y exclusivos vinos y ha concedido a los dueños de Cerutti la oportunidad de estar en todos los medios, gratuitamente, por varios días. Cómo debe haber aumentado la clientela. Curiosos interesados en fotografiar la histórica mesa y hasta quien sugiera colgarla del techo, como la silla de Hemingway en El Floridita habanero.
Ya veo frotándose las manos a los dueños de ese y otros restaurantes si les apareciera hoy algún otro Ministro o Presidente Ejecutivo. Imagínese toda la publicidad gratuita que generaría otro escandalito de esos.
Aprendimos de economía y de consumo en época de crisis: en estos tiempos difíciles podríamos predecir que la clientela de los comederos finos va a disminuir dramáticamente, por lo que los funcionarios que gozan del beneficio de gastos de representación se convierten en apetecidos comensales gourmet. Serán dentro de poco los únicos que no tengan el reparo de examinar cuidadosamente los precios en el menú ni de buscar la cosecha más asequible de la carta de vinos. El único peligro sería que se les atragante el almuerzo, como a doña Clara, pero este es un mal menor. Una graciosa palmadita en la espalda dada por algún comprensivo político y una copa de buen vino, de esos que borran la memoria, solucionan inmediatamente cualquier atoramiento. Buen dato para los mercadólogos: a repartir menúes en todas las instituciones públicas.
En sus desafortunadas declaraciones, la Ministra dijo que “creía que el almuerzo era gratis”, una especie de invitación de los dueños del lugar. Peligrosa deducción. No vaya alguien a pensar que tan distinguidos empresarios estarían interesados en obtener un bono de vivienda o alguna granjería habitacional de interés social. Ya vimos que ni la cuenta corría por la casa, ni había interés oculto de parte de los anfitriones. ¿Cómo va a ser que doña Clara no hubiera salido corriendo cuando pensó que la estaban invitando particulares o cuando vio los precios en el menú? Aprendimos que la reacción de un jerarca de esa magnitud debe ser mucho más ágil.
Aprendimos también que doña Clara nos resolverá el problema de la vivienda. Dijo que no se iría mientras haya gente sin casa. La buena noticia es que erradicará los tugurios en lo que queda de gobierno, pero la mala es que si no lo logra, tenemos Ministra vitalicia.
También aprendió la Ministra que los diputados paquistas y libertarios tienen interés político en el asunto. Especie de iluminación divina. Nosotros, por el contrario, aprendimos que algunos, no todos, de las otras fracciones ven el entuerto con simpatía y hasta un dejo de maliciosa envidia. No, no. ¿Cómo van a pedirle la renuncia? ¡Quién fuera tan suertudo como para que lo invitaran a semejante mesa gallega, italiana en este caso! O sea, nos enteramos que lo malo y lo feo no es tan malo ni tan feo como la ética, la prudencia y la elegancia parecían dictarlo y que en estos tiempos del cólera, muchos no sueltan el hueso, ni por vergüenza.
Doña Clara debe haber aprendido que no hay almuerzo gratis.