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“¡No… !”

German Retana
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Esta palabra de apenas dos letras es capaz de aniquilar el sueño de muchos y las ideas de quienes desean contribuir al éxito de su equipo. Pero lo más grave es cuando esa palabra se incrusta en la cultura de una organización como medio para detener el cambio y la experimentación de nuevas y mejores formas de hacer las cosas.
Un “no” persistente de un líder del equipo puede originarse en su temor a mostrarse débil, a pesar de saber que está equivocado; así se crea un ambiente de pasividad e indiferencia a los malos resultados porque todos saben que el “jefe” ignorará sugerencias, se mostrará sordo al consejo, y será escéptico ante la posibilidad de incursionar en otros caminos desconocidos que atenten contra su falsa sensación de seguridad en lo conocido.
Un “no” que se instala como palabra favorita de los miembros del equipo, impide asumir actitudes reflexivas sobre situaciones difíciles. Las ideas no se procesan sino que reciben una negación casi automática. El “no” está tan arraigado, que antes de que alguien termine de exponer una propuesta, sus compañeros comienzan a objetarla y a buscarle “peros”. Incluso, los más creativos primero piensan en todos los argumentos en contra de su propia imaginación antes de atreverse a conversar con sus colegas. Así, la pereza mental comienza a aparecer y apadrina el estancamiento en resultados.
Un “no” que actúe como gerente de la mente sabotea la autoestima, la convicción de que en verdad podemos ser ganadores, la eficiencia en la toma de decisiones y la confianza en la capacidad para resolver situaciones difíciles.
Un “no” a trabajar con personas diferentes y a establecer nuevas relaciones interpersonales, produce un hermetismo sin salida. “Lo mismo más lo mismo, resulta en lo mismo”, dice la máxima. Se deja de ser como una espiral creciente y cada vez más rica en conocimientos y experiencias para ser solo un cilindro que gira en torno a sí mismo, sin opciones para romper rutinas y viejos problemas.
Un “no” constante es como meter la mente en prisión; pero el “no” basado en análisis serios, en valores corporativos, y en la conciencia personal, libera a los miembros de los equipos de temores y dudas en su actuar. No se trata de eliminarlo, sino de ponerlo detrás de dicho análisis y no antes, de usarlo como producto de la inteligencia y no como carcelero de ella.
La regla debería ser: “¡Aquí no se vale decir “no” sin un reflexivo silencio previo!” Así se podrán analizar las ideas y posibilidades antes de negarlas. Al prohibir que el “no” se convierta en el piloto automático del pensamiento, el nivel de vuelo de una mente reflexiva será más alto, y a lo mejor dirá “¡Sí!” a lo que otras, por mera costumbre, dicen ¡No!
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