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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Necesitamos concertar acuerdos, no consensuarlos

Rodolfo Piza | Jueves 01 octubre, 2015


Se deben concertar acuerdos (no consensuarlos), donde cada actor renuncie a algunas cosas que le son propias, y también encuentre aceptación y reconocimiento a algunas de sus propuestas

Necesitamos concertar acuerdos, no consensuarlos

Nuestro país necesita cambios urgentes, pero hemos otorgado poder de veto a múltiples grupos y sectores sociales, económicos, mediáticos y políticos. En Costa Rica es muy fácil entrabar y destruir, pero muy difícil construir.
Los que decían que no teníamos problemas de gobernabilidad democrática y la achacaban a la ausencia de liderazgo para denostar los cambios, reconocen hoy la necesidad de estos, pero ya no tienen la fuerza ni el apoyo para acometerlos (en su afán por disparar a los enemigos, la culata les jugó una pasada).
El país necesita recuperar el aliento y entrarle a temas difíciles. Como la reforma del Estado, para pasar del presidencialismo a un sistema más parlamentario para garantizar mayor gobernabilidad democrática (que se puedan construir mayorías y que estas puedan tomar decisiones, respetando a las minorías).
También es necesario desentrabar el Reglamento Legislativo, acelerar los procesos judiciales sin demérito de garantías procesales esenciales, y agilizar y adelgazar la Administración Pública, acercándola al ciudadano sin crear nuevas trabas a los individuos y grupos sociales.
Los retos comprenden garantizar el equilibrio presupuestario, conteniendo el crecimiento del gasto ordinario y cuidando que las inversiones públicas esenciales no se afecten; así como que el Estado no sustituya a las personas, ni a los municipios, que no le ponga palos a la carreta de los emprendimientos e ilusiones de los ciudadanos ni a la seguridad jurídica, y que les ayude a empujar la carreta (subsidiaridad social), cuando ellos no pueden por sí mismos.
Se necesita poco más y nada menos que eso. Pero, ¿será posible acometer reformas sustantivas en las condiciones actuales, con una Asamblea Legislativa atomizada y desnaturalizada y un Poder Ejecutivo despistado y sin apoyo social ni político? ¿Tendremos que esperar a un cambio de gobierno para que dejemos el autismo político? Si así fuera, ¿tendremos tiempo?
Los acuerdos en Costa Rica no son fáciles, porque hemos denostado o difuminado los liderazgos que los hacen posibles, condenamos las propuestas que no sean nuestras y atacamos a los que las proponen.
De ahí que se deben concertar acuerdos (no dije consensuarlos), donde cada uno de los actores renuncie a algunas cosas que le son propias, y también encuentre aceptación y reconocimiento a algunas de sus propuestas.
Un acuerdo donde las partes no tengan algo que ganar sería insostenible. Y dejar alguna decisión transcendental —donde el acuerdo sea inaccesible— para un referendo.
Un país que observa el despilfarro en beneficios y privilegios para el sector público y una voracidad o amenaza constante a los emprendimientos privados, un país que enfrenta niveles muy altos de desempleo, informalidad, ineficiencia, pobreza y desesperanza, difícilmente aceptaría reformas tributarias integrales. Tendremos entonces que concertar sobre algunas cosas básicas: contención y límite constitucional del gasto público (como porcentaje del PIB), recuperación de obras y acciones públicas básicas, y reformas tributarias puntuales con impacto y sin exoneraciones.
Parafraseando a Mirabeau: la bancarrota económica, la bancarrota social, la bancarrota política, están a las puertas de nuestro país y todavía deliberamos.

Rodolfo E. Piza Rocafort