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Martes 20 Diciembre, 2016

Despedir el año puede ser una oportunidad de realizar rituales nuevos para decirles adiós a nuestras pérdidas, a nuestras penas, tristezas y a la nostalgia

Navidad, Año Nuevo y estado de ánimo

Con la llegada de la Navidad y el cambio de año, algunas personas manifestamos una serie de emociones y sentimientos encontrados, que es importante poder identificar, discriminar y conectarnos con estos de una manera regulada, auténtica y funcional, sin juzgarlos como buenos ni malos, solo tener conciencia de que están allí y que alteran nuestro bienestar en estos días.

Alegría, esperanza, nostalgia, temor, estrés, ansiedad, enojo, tristeza, desesperanza, experimentar vacío existencial, pérdida del sentido de la vida, de interés por las personas o los eventos, alteraciones del humor, del sueño y en la alimentación, incluso depresión, son varias de estas manifestaciones que sentimos en estas fechas y que no podemos controlar, ni en nosotros ni en nuestros seres cercanos.

Las decoraciones, las luces, la música, las reuniones, los compromisos que adquirimos para estas fechas, el conteo regresivo, evocan eventos pasados de una gran carga afectiva. Nos recuerdan nuestras pérdidas, frustraciones, revivir nuestros duelos por personas o situaciones ya idas; conflictos que nos alteran el estado de ánimo, que se acentúan a medida que se acercan el 24 y el 31 de diciembre y que podrían continuar hasta los primeros días del año nuevo.

No hay que desestimar las señales que da nuestro cuerpo, y poner atención a otras señales de que se está padeciendo esto, como son el aislarse paulatinamente de planes y actividades, de familiares, amistades y evitar el contacto social. No importa si se es hombre o mujer, tampoco la edad que tengamos, las alteraciones de este tipo tienen que ver con cómo cada uno las interpretamos de acuerdo con la personalidad, las experiencias que hayamos tenido, los patrones de pensamiento, de comportamiento aprendidos, los recursos de afrontamiento y la actitud con que lo asumamos.

Tomar la decisión de pasar estas fiestas bien es todo un desafío, debe ser prioridad y responsabilidad de cada uno, por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Hay maneras de poder generar herramientas de bienestar que nos permitan disfrutar las fiestas, así como de hacer propósitos realistas y cumplirlos. El cuidar de nuestro bienestar emocional es muy importante para lograr esas metas, sea que estemos tratando de concluir un proyecto, de ser una mejor persona en nuestra familia o comunidad o mejorar nuestro estilo de vida.

Para quienes padecen esta condición y desean sobrellevarla o evitarla, es conveniente entender que no debemos tener ningún sentimiento de culpa, vergüenza, inferioridad ni falta por esto. Algunas personas piensan que lo que están sintiendo no está bien, o que debería actuar de forma artificialmente feliz para que los otros no se preocupen, pero lo importante es ser auténtico y descubrir que uno no es la única persona que podría estar sintiéndose así.


Debemos evitar sentirnos solos y procurar el acompañamiento de seres queridos, familiares, amigos, vecinos, grupos o personas que nos acepten y comprendan. Es bueno buscar un acercamiento a la espiritualidad, esto siempre será un beneficio para nuestra paz y bienestar, el sentido y razón de estas fiestas nos acercan a esto, lo justifican y promueven. Se puede dar un sentido más religioso y menos comercial a estas fechas, o hacer acciones en beneficio de los más necesitados, que hagan que sintamos gratitud por lo que somos y tenemos, a la vez que colaboramos con que otros tengan mejor calidad de vida y una experiencia feliz durante estas celebraciones.

Es fácil dejarnos llevar por el ajetreo de estas fechas y no ocuparnos de nuestro autocuidado, de dedicarnos tiempo a nosotros mismos, es una responsabilidad muy importante y debemos sacar tiempo necesario para aquellas cosas que nos generen placer, paz, disfrute y relajación. El hacer ejercicio físico, meditar, participar en ritos y tradiciones que nos gusten, salir a pasear, visitar amistades, son cosas que podemos hacer durante estos días.

Hay que considerar que no existen las fiestas ni las familias perfectas y totalmente felices. Para estas fechas la publicidad nos engaña con anuncios que muestran familias irrealmente felices, armónicas y llenas de regalos, que no se corresponden con lo que vivimos, lo que nos lleva inevitablemente a comparaciones y a sentirnos de falta ante nuestra propia situación personal, familiar, económica o de cualquier otra índole. Debemos evitar las expectativas sobredimensionadas o poco realistas y comprender que eso corresponde a una imagen comercial que busca vender un producto o servicio, mediante la manipulación de emocionalidades.

Es importante caer en la cuenta de que ninguna persona debe sentirse obligada a participar en una celebración familiar si no lo desea. Debemos aprender a decir que no, sin sentir pena ni temor, y evitar involucrarnos en situaciones que no nos van a generar paz o que no estamos dispuestos a aceptar, tan solo por cumplir con una vieja tradición o con compromisos vacíos que no tienen sentido para nosotros o que nos generarían conflicto o disgusto.

Estar renegando no va a solucionarnos nada ni se van a evitar las fiestas, igual van a suceder y con eso, lo único que lograríamos es aumentar el malestar y la frustración. Las fiestas siempre van a ocurrir, por lo que la actitud más asertiva y saludable es poner énfasis en lo positivo, en la tradicional cena, donde se puede tener una deliciosa pero sana alimentación, a la vez que disfrutamos moderadamente de los platillos tradicionales de estas fechas, sin culpa, gozando de eso que tenemos allí en nuestro plato, con plena conciencia de lo que es, descubrir las diferentes texturas y sabores que contiene y meditar en cómo ha llegado esto a nuestras manos.

Las fiestas y los brindis de estos días, generalmente conllevan a algunas personas a aumentar el consumo de alcohol y, aunque una bebida con moderación no sería algo significativamente dañino, está comprobado que, para algunos, el consumo puede aumentar la ansiedad y la depresión.

El cambio de año nos lleva a hacer una reflexión y a buscar un balance de lo que vivimos. Para esto es conveniente poner énfasis en lo bueno que hemos aprendido, lo que hemos hecho por otros y por nosotros mismos, buscando siempre que este balance dé en positivo. Que nuestro único propósito, al hacer este ejercicio, sea lograr un estado de satisfacción, de bienestar y aumentar nuestra autoestima. Cuando pensemos en el año vivido lo debemos hacer fijándonos en nuestros aciertos, resaltando nuestras fortalezas, nuestras virtudes y logros significativos. Importante es recordar que, si no hemos logrado las metas este año, las podemos reformular en un nuevo plan de vida o posponerlas, reinventarnos una vez más con metas realistas y alcanzables, paso por paso, pero con fe y alegre optimismo.

Si estamos sufriendo por algo, no tenemos por qué sobrellevarlo en soledad. Buscar ayuda de las personas con las que nos sentimos cómodos o aquellos miembros de la familia que nos son cercanos y en quienes podemos confiar, nunca está de más; este es un buen momento para estrechar los vínculos afectivos. Compartir nuestras emociones nos ayuda a quitarnos pesos de encima que no debemos por qué estar arrastrando. Debemos disfrutar de las cosas pequeñas del momento, del lugar en que estamos y de las personas que nos generan paz y seguridad, evitando preocuparnos demasiado por aquello que nos es aún lejano o que podemos postergar para un momento más oportuno.

Si alguien se siente triste durante estas fiestas, debe saber que generalmente este sentimiento se va después de algunos días. Si siente que su tristeza dura demasiado o que su intensidad va en aumento, pudiera tener algún tipo de depresión clínica, la cual es una condición seria que debe dialogarse con un profesional. Si el caso llega a ser tan extremo que la persona piensa podría hacerles daño a otros o hacerse daño a sí mismo, debe buscar ayuda profesional. Pedir ayuda cuando se necesita es un acto de valentía, de realidad, de responsabilidad y siempre es la mejor decisión.

Es mejor que valoremos las cosas de manera sencilla, tal cual son, aceptándolas y sin juzgarlas. Aunque las cosas sean diferentes de como las deseáramos, podemos buscar en estas aquellos aspectos por los que podemos estar agradecidos.

Despedir el año puede ser una oportunidad de realizar rituales nuevos para decirles adiós a nuestras pérdidas, a nuestras penas, tristezas y a la nostalgia que hemos venido arrastrando, para abrir una nueva página en nuestra vida, renovarnos y tomar el desafío de hacer esos cambios en nosotros que nos faciliten cambiar el rumbo, el ritmo y asumir el control de nuestra existencia, encontrándole el sentido a nuestra vida.

¡Que la fe, la esperanza, la paz y el Amor habiten en nosotros en esta Navidad y que en el año 2017 procuremos tener muchas razones para estar bien!

Walter Murillo Murillo
Psicólogo