Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 22 Julio, 2011


Moscas muertas en la Caja


Las misteriosas llamadas al Cuerpo de Bomberos, horas antes de que se produjera el incendio en el Hospital San Juan de Dios a finales de marzo de este año, levantaban demasiadas sospechas.
El fuego inició en una caja de expedientes, junto al escritorio del jefe de Cirugías, quien había denunciado semanas antes a las autoridades de la Caja por el mal estado de los quirófanos de ese centro médico.

Estos hechos fueron el inicio de lo que denominé el triste y lamentable desmoronamiento de la Caja de Seguro Social, con tonos amargos y dramáticos al peor estilo de una cínica telenovela, y cuyo costo de producción estaba siendo pagado por el bolsillo de los costarricenses.
En aquel capítulo de este culebrón, Luis Fishman, diputado socialcristiano, presentó una denuncia ante la Fiscalía contra Eduardo Doryan, expresidente de la Caja; Ileana Balmaceda, actual presidenta de la institución, y María Luisa Avila, ministra de Salud.
Sin embargo, la politiquería que vive el país y la poca memoria colectiva han contribuido a que el asunto quede para las calendas griegas entre los intereses nacionales, más aún tras la cacería suscitada contra el propio fiscal, que a final de cuentas parece haber salvado el puesto.
En aquel momento, me preguntaba cómo iba a ser el próximo capítulo del melodramático culebrón sobre la Caja.
Hoy, ya tenemos una respuesta más clara, y hasta una organización mundial nos ha dicho lo que había sido evidente desde hace años, pero donde a tontas y locas nadie parecía darse cuenta, la Caja se está llevando a la quiebra.
La forma es simple, el aumento sin orden ni concierto de salarios, incapacidades, y especialmente 11 mil nuevas plazas en cinco años. Sin olvidar los morosos campantes, desde el Estado hasta ciertos financiadores de campañas electorales.
Por más solidaria que pretenda ser esta benemérita institución, no hay empresa que aguante semejante “montada”.
No es necesaria una maestría en administración de negocios, o millonarias consultorías, ni comisiones de “notables”, para darse cuenta de que algo anda muy mal en la querida Caja.
Sin embargo, en este país la costumbre moderna de una cierta clase social es no sacar pelo sin sangre; ahora, cuando toca rendir las verdaderas cuentas a la ciudadanía, las moscas muertas salen volando.
¿Cuál será el próximo capítulo? ¿Privatización?