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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Matadero 2.0

Luis Alberto Muñoz [email protected] | Viernes 31 agosto, 2012



Matadero 2.0


Las redes sociales abrieron la imaginación sobre un mundo 2.0, fuera del custodiado espacio de los medios tradicionales, donde la “libertad de expresión”, sin importar las consecuencias, lograría triunfar sobre la censura, en especial aquella que proviene del poder establecido.
Los blogs y demás sitios virtuales también abrieron la posibilidad de desatar una especie de activismo social, donde ya no era necesario disponer del privilegiado acceso a la prensa para divulgar ideas o denunciar a los poderosos.
Sin embargo, dos acontecimientos recientes, uno local y otro extranjero, pueden ser utilizados como ejemplo para demostrar que estos sueños parecen estar cerca del fin, para volverse una pesadilla de matadero. Los mecanismos de ese ejercicio de supuesta “libertad de expresión” en los medios cibernéticos también tendrán restricciones.
Primero, las desafortunadas opiniones divulgadas en las redes sociales por un estudiante de medicina, que generaron esta semana en el país no solo la movilización de repudio dentro del mismo ciberespacio, sino que se materializó con acciones aleccionadoras a lo interno de la Caja, y de la universidad a la que pertenece.
Esto demuestra que por muy propios que sean los comentarios que se emiten en estos medios electrónicos, al final tienen consecuencias similares, a las de publicarse en la prensa tradicional.
Irónicamente, estas opiniones siendo parte de un escándalo más que noticia, terminaron siempre siendo publicadas en los periódicos comunes y silvestres.
Es decir, los sueños de la web 2.0 poco a poco han venido a reducirse a través de los mismos mecanismos de fiscalización con los que se censura a la sociedad tradicional de información centralizada.
El segundo ejemplo que me llamó la atención, es el escape diplomático al que intenta recurrir el fundador de Wikileaks, Julian Assange frente a la persecución geopolítica para procesarlo por supuestos crímenes para los cuales el mismo derecho internacional queda grande.
Es evidente que la cabeza de Assange tiene hoy un valor simbólico enorme, en especial como un adiestramiento público para aquellos que pretenden destapar lo que hay entre cielo y tierra, esperando poder seguir viviendo como cualquier mortal.
La lección parece bastante clara en el Matadero 2.0, incluso para aquellos activistas que todavía mantienen sus sueños de opio sobre la “libertad de expresión” en las redes sociales: empiecen a acostumbrarse a la autocensura o paguen las consecuencias.
Para los incrédulos en el país, lean la nueva Ley de Delitos Informáticos.

Luis Alberto Muñoz