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Sábado 15 Marzo, 2014

Los escándalos de corrupción asociados al clientelismo, y al nepotismo han hecho mella en la imagen que tienen los ciudadanos de los partidos políticos y de sus integrantes


Renovación política, ¿para qué?

En las pasadas elecciones presidenciales en Costa Rica, los partidos tradicionales sucumbieron en su intento por llegar a la Presidencia de la República. Este tropiezo que ellos sufrieron, marcó la tendencia de las elecciones presidenciales en todo el país, en especial, la pérdida de las principales ciudades y provincias, poniendo de manifiesto la evidente pérdida de poder electoral de esos partidos.
Esto supone que la ineficiencia de esas agrupaciones políticas tradicionales en la renovación de ideas y en la adopción de mecanismos que recojan las demandas sociales, los convierte en colectividades desactualizadas frente a nuevos movimientos y partidos, que tienen y ofrecen nuevas propuestas de acción para el colectivo social.
El uso de la maquinaria electoral y el financiamiento de actividades políticas y proselitistas de dudosa procedencia, permitieron a los partidos tradicionales en otros tiempos alcanzar el poder. Está claro que este continuismo en el poder ha contribuido a su decadencia y desprestigio y no hay duda de que alimenta la crisis que atraviesan.
Sin duda alguna la sociedad civil está cansada de los casos de corrupción y de la falta de responsabilidad. De la impunidad frente a determinadas gestiones públicas verdaderamente desastrosas, como las más recientes y otras más.
Los ciudadanos nos movemos hacia partidos políticos con una menor carga ideológica sobre las grandes concepciones del mundo.
Estas cada vez están más atomizadas y en la sociedad de la información y en la aldea global, cada individuo busca particularmente la suya.
Esto implica que los costarricenses buscamos estructuras políticas, mucho más ágiles, delgadas y flexibles, incluyentes, participativas, honestas, transparentes y por encima de todo al servicio de los ciudadanos.
Los partidos políticos especialmente los tradicionales tienen ya poco o nada que aportar, en este sentido, los escándalos de corrupción asociados al clientelismo, y al nepotismo han hecho mella en la imagen que tienen los ciudadanos de los partidos políticos y de sus integrantes.
Las elecciones no se ganan con frases o lemas publicitarios, los partidos tienen que romper su tradicionalismo, crear mecanismos de renovación de personas e ideas y asumir los desafíos políticos de hoy: la falta de oportunidades para el acceso a educación de calidad, la protección del medio ambiente, la transición a una economía sostenible y equitativa, la igualdad de derechos para las minorías étnicas y sexuales, la lucha contra las drogas y la construcción de una democracia plural que brinde confianza a los ciudadanos.
Finalmente, hay una generación de ciudadanos que está emergiendo y ahora comprende que tiene la responsabilidad de participar en la vida política de su país e incidir en su presente para tener un mejor futuro, entiende que ha llegado el momento de hacer las cosas de manera diferente pensando en la mayoría.

Luis Fernando Allen Forbes

Asociación Salvemos El Río Pacuare
Director ejecutivo