Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 28 Mayo, 2014

¿Será posible eliminar del todo el contrabando? ¡Desde luego que no! Pero sí se puede reducir en su tamaño y distribución en el mercado


Los ticos patrocinan a contrabandistas

¡La oferta es grande y los clientes muchos! Relojes, carteras, gafas, zapatos, ropa de hombre y mujer, toda “de marca.” ¡Por lo menos eso es lo que dicen los vendedores! Películas de estreno y música de lo último también se consiguen en todos los cantones.
Medicinas, licor, cigarrillos, electrodomésticos, y electrónicos que llegaron al país sin pasar por la aduana hay en abundancia. Y, por supuesto, en los mercados, los barrios y las tiendas llega el vendedor de la lotería clandestina.
Algunos pudieran decir que “no sabían” que lo que compraban era contrabando, pero frente a una autoridad aparentemente indiferente a la existencia de toda esta mercadería de dudosa procedencia, también rige la idea de que “todo el mundo lo hace” y “¿por qué yo no?”
El Estado pierde millones de dólares en impuestos a merced del contrabando; no se sabe con exactitud pero algunas estimaciones llegan a cantidades de más de $100 millones al año.
Es seguro que esta distribución y venta de productos ilícitos es obra de organizaciones grandes que operan en la sombra donde no se ven.
El déficit fiscal no se elimina si se reduce significativamente al contrabando, pero si el Gobierno nuevo realiza un esfuerzo importante para combatirlo, demostrará que está en serio y que pretende como primer paso en su esfuerzo de enderezar las finanzas públicas cobrar los impuestos ya aprobados y en existencia.
Muchos al reflexionar sobre el contrabando pensarán en vendedores pobres ofreciendo productos “pirateados” en los bulevares de San José, personas que apenas obtienen dinero para una subsistencia y que huyen cuando se acerca la policía. O pensarán en el vecino que llega todos los días para apuntar “un numerito” en un cuaderno a cambio de unos cuantos “pesitos.”
Pero la verdad es que los “empresarios del contrabando” operan con computadoras, camiones, barcos, bodegas, y cuadrillas de distribuidores.
Estos presupuestan para pagar coima a inspectores de diferentes ramas del Gobierno; se debe notar que un resultado de este negocio es la corrupción que debilita a la función pública.
Un argumento ofrecido por “apologistas” de la situación es que los impuestos son muy altos sobre algunos productos y esto fomenta la evasión. No hay que descartar este argumento, especialmente en el caso de productos como los cigarrillos.
Hace muchos años los impuestos sobre el licor fueron prohibitivos y el contrabando desde Panamá de whisky en especial fue sustancial. Los legisladores bajaron el impuesto y subieron la recaudación. Tiene que establecerse un equilibrio, algo que a veces no se logra cuando se legisla.
¿Será posible eliminar del todo el contrabando? ¡Desde luego que no! Pero sí se puede reducir en su tamaño y distribución en el mercado. Incluso la alta tecnología disponible para el uso de la autoridad ayudaría significativamente en este esfuerzo.
También se requiere un programa para educar al público sobre lo nocivo que es patrocinar a los contrabandistas. Si se mantiene la demanda, será difícil reducir la oferta.

Carlos Denton
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