Carlos Denton

Carlos Denton

Enviar
Miércoles 3 Junio, 2015

CAFTA no fue panacea para los desafíos del desarrollo pero tampoco destruyó la sociedad y la cultural nacional

Los guerreros anti – CAFTA


La tradición política cultural costarricense permite discrepancias fuertes y acrimoniosas entre grupos favoreciendo u oponiéndose a proyectos nacionales de importancia. Afortunadamente las diferencias no pueden incluir violencia física, pero los argumentos, los insultos personales y la agresión verbal sí forman parte del arsenal de los bandos a un lado u otro de una disputa.
Cuando finalmente se resuelve el argumento, se “pasa la hoja” y los perdedores del voto siguen adelante aceptando el cambio y dedicando sus esfuerzos a otras causas que quizás sí pueden ganar. Los argumentos cesan y la vida harmoniosa, que es tan deseada por los habitantes, renace.
Es confortante, entonces, ver cómo varios de los líderes del grupo que se opuso al Tratado de Libre Comercio (TLC) con los otros países centroamericanos y Estados Unidos ahora visitan a ese país norteamericano en búsqueda de inversiones que pueden producir empleo y mayor bienestar entre los costarricenses. Incluso el diplomático de mayor rango en la embajada en Washington, anteriormente adversario fuerte a CAFTA, ahora se dedica a buscar empresarios que quieren aprovechar de los beneficios de ese tratado ubicando parte de sus operaciones en el país.
Uno de los líderes del movimiento anti-CAFTA en aquel entonces desarrolló un documento de 100 razones del “Por qué no al TLC” y la número 67 reza: “Porque en lugar de crear empleo para los costarricenses la aplicación del Tratado implica el cierre de empresas locales y la eliminación de puestos de trabajo”.
Ahora seguramente él y otros del comando del movimiento “No al TLC” entienden que más bien es al revés y buscan cómo crear más oportunidades para trabajadores costarricenses aprovechando las cláusulas del acuerdo.
Hace dos años me visitó un líder sindical de Ohio en Estados Unidos y lo llevé a Barreal de Heredia, a ver las instalaciones industriales en ese sector y aledaños. Me dijo: “Ahora sé dónde están todos los empleos que perdimos en Dayton, Cleveland y Cincinnati. Están en Costa Rica”.
Por supuesto que es una simplificación, pero es posible que algunos puestos de Ohio llegaran al país.
Para el observador de la lucha a favor y en contra del TLC fue insólito ver como el AFL-CIO y los Teamsters se opusieron al acuerdo porque percibieron que empleos estadounidenses se perderían, mientras que aquí los sindicatos, sobre todo del Estado con intereses ideológicos, tomaron la misma posición que sus homólogos norteamericanos diciendo que era en Costa Rica donde aumentaría el desempleo.
No todos los guerreros anti-TLC han abandonado la lucha y hasta hay un par de diputados de la Asamblea Legislativa actual que encuentran gusto en sazonar su retórica con frases del documento de las 100 razones por qué el tratado era malo para el país. Seguramente estos también prefieren el sistema de “distribución” de productos y servicios que usan en Venezuela al costarricense.
Ya han pasado ocho años y está claro que CAFTA no fue panacea para los desafíos del desarrollo pero tampoco destruyó la sociedad y la cultural nacional.

Carlos Denton
[email protected]