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Nadie elige quedarse a conocer o disfrutar en el centro de una ciudad donde puede ser asaltado o, peor aún, su vida corre peligro

Lo que falta en el casco céntrico

El Comité de Hoteleros de la capital quiere constituir una cámara de turismo del centro de San José para facilitar gestiones tendientes a promocionar ese destino y retener turistas aunque sea por un día.
La idea, que puede dar buenos resultados, es apoyada por empresarios del sector y por el Instituto Costarricense de Turismo. No solo los hoteleros sino el comercio en general podrían beneficiarse considerablemente si se logra concretar.
Ahora bien, falta ver si se tomarán en cuenta los factores que no han permitido hasta ahora convertir en realidad que el casco céntrico vuelva a ser un lugar agradable.
Nadie elige quedarse a conocer o disfrutar en el centro de una ciudad donde puede ser asaltado o, peor aún, su vida corre peligro.
Tampoco lo hace en un sitio donde el comercio cierra temprano y esconde sus vidrieras tras pesadas cortinas de hierro que le dan un aspecto sumamente indeseable.
La gente quiere caminar entre negocios que aún de noche estén abiertos hasta tarde, muy iluminados y decorados para atraer. Quiere hacer compras a precios convenientes.
Además de esto, de garantizar seguridad, otro factor es que el turista suele buscar entretenimiento a partir de la cultura local, para conocer algo nuevo (otras diversiones están en cualquier parte). La oferta debe diferenciarnos.
Estos aspectos son los que no se tomaron en cuenta cuando se pensó en repoblar el centro de San José y por ello no se ha logrado. Nadie quiere caminar por bulevares peligrosos, oscuros, donde solo se ven negocios protegidos por cortinas de hierro.
El problema es que en este país se ha buscado atraer al visitante únicamente por medio de lo que no tenemos que crear. Nuestra naturaleza está ahí.
Esa decisión llevó a construir la infraestructura necesaria solo en los lugares donde esa naturaleza mostraba su exuberancia y belleza. Eso está bien, pero sin excluir lo demás.
Nuestra rica cultura, la posibilidad de exponerla en espectáculos genuinos está sin aprovechar para los fines turísticos. Hay en ello un rico filón, siempre que no se piense en prefabricarla con este fin porque ese proceso desvirtúa la obra de los creadores e intérpretes.
Se debe facilitar que el sector cultura, privado y público, desarrolle libremente su potencial, aumente la calidad de sus espectáculos y ofrezca una amplia variedad que compita por el turismo.
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