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Lo bueno de los malos momentos

Redacción La República [email protected] | Jueves 16 septiembre, 2010



Lo bueno de los malos momentos

Según el decir popular, en los tiempos buenos hay abundancia de amigos, pero en los malos, solo quedan los verdaderos. Cuando la situación se pone difícil en el equipo, algunos solo miran su propio bienestar y dan la espalda a quienes están en problemas, a los mismos que un día llamaron compañeros. En los momentos complicados se traza una línea que divide a los egoístas de los solidarios.
Gracias a las adversidades, las personas que con gran esfuerzo salieron avante, toman conciencia de que poseen limitaciones, contradicciones e imperfecciones. Haber sufrido les permite ser sensibles al pesar ajeno. Caer para luego levantarse les demuestra que así como ellas tienen flaquezas, los demás también y esto aumenta la tolerancia, el respeto y la humildad.
A partir de esa aceptación nace la comprensión y la compasión por lo que ocurre al prójimo. Ser contemplativo, sin intervenir para mejorar lo que agobia a otros, acrecienta la indiferencia y aniquila la solidaridad.
“Si damos o compartimos con intención errónea, lo que hagamos nunca será satisfactorio,” dice la guía espiritual Dadi Janki. Los momentos difíciles quitan el maquillaje a los que pregonaban una razón para hacer algo pero que, en realidad, tenían otra de poca valía. La autenticidad es el combustible para llegar lejos, la falsedad cae por su propio peso en las situaciones límite.
En las crisis sabemos quién es quién. Ellas separan a los oportunistas de los solidarios, que actúan como si fueran responsables del bienestar de los demás. Marco Aurelio argumentaba que hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, los párpados y los dientes; por lo tanto —decía— actuar como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza humana.
¿Por qué hay organizaciones que se vuelven expertas en fracasar? Porque posiblemente las intenciones expresadas por sus miembros líderes no son auténticas ni correctas. La falsedad de los propósitos corroe las bases de la organización, que se condena a sí misma a no superar un techo y a no lograr más que los mismos resultados mediocres de siempre.
Así, los momentos malos no lo son tanto, ya que son el detonante para reconocer al amigo, al solidario, al proactivo, al persistente, al que lejos de quedarse contemplando nos dice: “cuenta conmigo y vamos a salir adelante.”
En verdad, ¿pueden su equipo y sus colegas afirmar que usted es plenamente solidario aún en los tiempos difíciles?

German Retana
[email protected]