Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 8 Abril, 2013

Pocos gobernantes han logrado pasar incólumes ante el pecado de decir o hacer algo “políticamente incorrecto” o, por decirlo de otra manera, de meter la pata hasta la ingle


Le Monde diplomatique


Príamo, rey de Troya, luego de limpiar de piratas el Helesponto, decidió cobrar un peaje a todos los que navegaran por esas aguas. Los griegos se sintieron atracados: les molestaba que los impuestos fueran cobrados por ladrones confesos o por troyanos.
Para limar asperezas con los aqueos, Príamo envió como embajadores a su hijo Paris y a su sobrino Eneas.


En Esparta, el rey Menelao recibió a los diplomáticos con honores. Obligado a viajar a Creta, dejó sola a su esposa Helena y allí Paris aprovechó la ocasión. Con la ayuda de Afrodita enamoró a la más bella mujer del mundo y se la llevó a su reino.
Agamenón, hermano de Menelao, viajó a Troya e intentó una negociación: a cambio de la devolución de su cuñada, Esparta olvidaba la ofensa. No hubo acuerdo diplomático y así estalló la más célebre guerra de la antigüedad.
En el conflicto abundan los errores. Príamo jamás debió enviar a Paris como delegado: no era el indicado, al contrario, empeoró la situación. Menelao pecó de inocente al dejar sola a su mujer. Helena tenía que regresar ante la solicitud diplomática de Esparta. No lo hizo. Ardió Troya.
La diplomacia es un arte milenario indispensable en la resolución de conflictos. La inteligencia emocional es un elemento fundamental en este oficio. Cualquiera que lo ejerza debe tener sentido común, tacto, control de las emociones, buena voluntad, capacidad de negociación, conocimiento del derecho internacional, ser pacifista, intentar una y otra vez equilibrar las posiciones… y mucho más.
Existen individuos expertos en estos campos, sabios modernos que dirimen problemas internacionales. Son escasos.
Pocos gobernantes han logrado pasar incólumes ante el pecado de decir o hacer algo “políticamente incorrecto” o, por decirlo de otra manera, de meter la pata hasta la ingle.
El presidente José Mujica, creyendo que los micrófonos estaban apagados, y refiriéndose a la presidenta argentina, comentó hace pocos días: “Esta vieja es peor que el tuerto”. Conflicto diplomático.
En Costa Rica, el máximo experto en relaciones internacionales (se supone), hace algunos años y siendo Presidente de nuestro país, aseguró que la Virgen de los Ángeles había desviado un huracán hacia Nicaragua. Como si el Dios de los católicos fuera Zeus y sus aliados, Santos y Vírgenes, pertenecieran a un Olimpo que toma partido por diversos grupos humanos. Políticamente incorrecto.
Consciente de estar ante las cámaras, un rey “moderno” pretendió silenciar a un presidente latinoamericano con la, luego célebre, frase: “¿Por qué no te callas?”. Escándalo.
El destinatario de tal insulto, el entonces un vigoroso Chávez, se defendió como un arawaca, caribe, chibcha… como un digno sucesor de sus raíces indígenas.
Ahora su sucesor, Maduro, lo convirtió en un pajarito… ¿De verdad? Venezuela tiene más de 2 mil especies terrestres y 1.000 acuáticas. Si la reencarnación existiera: ¿Chávez es un gorrión? Mal guión. Pésimos asesores publicitarios. Mediocre diplomacia. Así en el cielo como en la tierra.

Claudia Barrionuevo

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