Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 4 Enero, 2017

A ver si alguno de la docena, más o menos, de precandidatos que andan pidiendo apoyo, se atreve a decir que lo primero que hará, si es elegido, sería presentar un programa fiscal

Las promesas de campaña

En los meses venideros podremos todos tener el gusto de escuchar las promesas solemnes de los candidatos a la presidencia de la República. Hasta la fecha han sido tan válidas como las famosas “promesas de cama” que toda pareja conoce.

En mayo de 2014, el periódico El Financiero anunció que Laura Chinchilla cumplió un 31% de sus promesas hechas en campaña; superó a Óscar Arias que solo logró ejecutar el 22% de lo que ofreció al pueblo cuando se postuló para servir por segunda vez como primer mandatario. Abel Pacheco cumplió un 21%, un punto menos que Arias.
Todavía no hay veredicto sobre Luis Guillermo Solís, pero es dudoso que su desempeño sea mejor que el de los tres presidentes previos a él en el poder. La diferencia entre el actual primer mandatario y los de antaño es que este trata de explicar por qué no va a cumplir, antes de terminar su periodo. En algunos casos incluso se enreda. Por ejemplo, Solís prometió crear 217 mil empleos nuevos cuando fuera presidente, pero ahora ha manifestado que no va a poder hacerlo si no hay reforma fiscal.
La única manera de que un presidente puede crear empleos es contratando funcionarios públicos. ¿Será que él pide los tributos nuevos para ampliar el tamaño de la fuerza laboral en el gobierno?
¿Por qué hay tanto incumplimiento de parte de las distintas administraciones? Hay tres razones principales. Primero, quieren ganar la elección y sus asesores y ellos mismos creen que haciendo promesas provocarán al pueblo a votar por él o ella. Entonces con cierto nivel de cinismo ofrecen lo que saben que no pueden cumplir en las plazas públicas y en la propaganda. Segundo, varios de los que han llegado a la presidencia realmente no entendían lo que hace un primer mandatario, y ofrecieron “de buena fe” lo que no era posible. Tercero, ofrecieron algo que pudiera ser factible pero por circunstancias ajenas a su voluntad —por ejemplo nombramiento de personas ineptas en los ministerios— no fue posible.
Sería excelente que este año 2017 algún medio lanzara un programa para registrar las promesas hechas por todos los candidatos y luego con un panel de expertos evaluara lo ofrecido en cuanto a costo y factibilidad. Habrá gritos de protesta en las filas de ciertas agrupaciones, pero ya es hora de inyectar más realismo en lo que son las campañas.
Una de las promesas hechas por el actual Presidente es que no iba a presentar un plan de nuevos impuestos hasta su tercer año en el poder, porque primero había que “ordenar la casa”. Reconoció que el sector gubernamental no estaba cumpliendo y que había que arreglar ese desafío antes de pedir más dinero del pueblo. Bueno, no se ordenó la casa pero sí pidió más impuestos casi antes de que hiciera su primer viaje al exterior.
A ver si alguno de la docena, más o menos, de precandidatos que andan pidiendo apoyo, se atreve a decir que lo primero que hará, si es elegido, sería presentar un programa fiscal a la Asamblea Legislativa.
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