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Sábado, 4 de diciembre de 2021



COLUMNISTAS


La universidad pública en el siglo XXI

Leiner Vargas lvargas@una.ac.cr | Martes 12 mayo, 2015


Reflexiones

La universidad pública en el siglo XXI

El país ha cambiado y las demandas de la sociedad a la educación superior pública también han cambiado de manera sustantiva con este nuevo siglo.
La universidad pública convencional disciplinaria y con pensum basados esencialmente en conocimientos para la formación de sus estudiantes, que fue predominante en el siglo XX, debe dar espacio a nuevos enfoques que permitan el desarrollo de competencias en el pensum de las carreras y el fortalecimiento de los procesos de investigación.
Así mismo, del trabajo inter y multidisciplinario y, con ello, la incorporación temprana de los estudiantes en el desarrollo de programas y proyectos, tanto de investigación como de extensión o acción social, y una mayor flexibilización curricular para desarrollar procesos de intercambio académico de sus estudiantes, nacionales e internacionales.
Ciertamente la modernización tecnológica, la internacionalización y el desarrollo de redes de colaboración entre distintas disciplinas y universidades debe priorizarse de cara a una mayor integración del conocimiento.
La formación de nuevos profesores con un perfil mucho más comprometido con la investigación y la extensión deberá priorizarse a los cuartos de tiempo de profesionales que hacen de la universidad un espacio de corto plazo y de poco impacto en su vida. La universidad pública del siglo XXI debe estar mucho más cerca de las realidades de las comunidades y construirse con y en función de las necesidades de desarrollo local y regional.
Este tema lleva necesariamente a una estrategia de regionalización y especialización de la universidad en distintas áreas acordes con las potencialidades de las regiones donde se ubica.
El compromiso de rendición de cuentas también obliga a una nueva estrategia de comunicación y al desarrollo de nuevas formas para realizar el impacto y la interacción con la sociedad. La universidad no puede seguir viéndose como una torre de marfil hacia adentro y debe mejorar su capacidad para darle a la sociedad el impacto que de ella se espera.
En un marco de probidad y de uso eficiente de sus recursos, la autonomía de gestión y de gobierno le permite a la universidad pública costarricense autodefinir sus propios mecanismos de control y sobre todo de gestión, por lo que debe desenredarse y buscar una mayor eficacia en el cumplimiento de sus objetivos.
Todo este marco reviste importancia en tanto la universidad siga siendo el espacio para la diversidad, para repensar la sociedad y favorecer su cambio hacia mejores y mayores niveles de desarrollo.
La libertad de cátedra y el ejercicio pleno de su autonomía debe vincularse con la oportunidad de que en ella, la universidad, florezcan las soluciones a los grandes temas del desarrollo nacional.

Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com

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