Sebastián Rodríguez

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Viernes 22 Febrero, 2013

Los cardenales en este momento tienen en sus manos una decisión que definirá el rumbo de una de las instituciones más antiguas e influyentes en el mundo


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La trascendencia de una decisión

La Iglesia católica se encuentra en una situación inesperada, después de ocho años, el papa Benedicto XVI ha decidido renunciar. Hace casi 600 años fue la última vez que un papa renunció. La renuncia del Papa provoca el comienzo de uno de los procesos más antiguos en elección de un líder.
En las siguientes semanas los cardenales se van a reunir en Roma para decidir quién será el próximo papa. Pronto llegará Semana Santa y el cónclave intentará tener el proceso concluido para el comienzo de las ceremonias.
Hoy en día la Iglesia católica tiene más de mil millones de fieles. Históricamente la Iglesia ha tenido una mayor presencia en Europa en comparación con el resto del mundo, esto ya no es así. Desde 1970 la Iglesia ha sido testigo de un cambio drástico. El mundo en vías de desarrollo es el que ha logrado mantener a la Iglesia en crecimiento: África, Asia, y Latinoamérica.
La mayoría de los creyentes ahora son latinoamericanos, quienes superan el 40%. Aunque la población del pueblo católico se constituye de esa forma, lo mismo no es cierto para los puestos de liderazgo. Europa tiene la mayor representación con más de 60 cardenales en comparación con 19 de Latinoamérica, lo cual probablemente influirá en la decisión final del nuevo Papa.
En general, múltiples organizaciones alrededor del mundo han sido testigos de los cambios drásticos en nuestro entorno social. Muchos gobiernos y organizaciones se han visto obligados a otorgarle una oportunidad a que nuevos grupos formen parte de las cúpulas del poder.
El papa, igual que cualquier otro líder, no puede excluirse de las realidades sociales y políticas. Gracias a las tecnologías de la información, todos tienen libre acceso a opinar y discutir.
Benedicto XVI no fue el primer papa en renunciar, pero definitivamente fue el primer papa en enviar un mensaje por Twitter, pero esto es solo el símbolo del comienzo de una nueva era.
Alrededor del mundo la gente pide mayor transparencia, y esta exigencia en los años más recientes ha comenzado a volverse una realidad. El mismo Benedicto XVI comenzó a impulsar cambios a favor de mayor transparencia dentro de la Iglesia.
Los cardenales en este momento tienen en sus manos una decisión que definirá el rumbo de una de las instituciones más antiguas e influyentes en el mundo.
Tienen la posibilidad trascender en su decisión, mirar hacia el futuro y escoger a un líder que sepa escuchar no solo a los mil millones de católicos, sino también a los miles de millones de personas que no son católicos. Su púlpito le podría permitir motivar un trabajo conjunto para enfrentar las grandes amenazas globales.

Sebastián Rodríguez Álvarez